Ráfagas de sol encienden azoteas de edificios octogenarios. De cuando en cuando el cristal sustituye al encofrado de columnas y escayolas. Mediodía de marzo. Unas gotas se desprenden del cielo empastado, el más húmedo de los últimos cincuenta años. Un palomo hace equilibrios en una rama estrecha frente a un nido desbaratado, el nido que construyó para otra pareja otro año. Los arboles sin hojas se mecen como fantasmas de otros tiempos.
Una mujer ilumina la calle con un traje esmeralda. La cabellera cobriza se balancea en ondas hasta la cintura. Camina con pasos ámplios inundando la tarde de sonidos rítmicos. La cintura estrecha, las caderas armoniosas. Tras las gafas se adivinan unos ojos turquesas. Ojos que iluminan una vida. Su presencia elegante atraviesa la calzada y se desvanece tras la esquina. Un gato atigrado surge de la nada y se ovilla sobre el capo delantero de un Mini negro recién aparcado.
– Vamos a entrar Don Jaime que van a dar la una- dice Liliana con la voz edulcorada de notas peruanas.
– No. Llame a la señora. Dígala que ya está bien de tanta calle – dice el anciano en un suspiro que se confunde con crujido del suelo vetusto.
– Tengo que arreglarle que tiene visita. Viene la señorita Julia con Jaimito – dice Liliana mientras dá la vuelta a la silla, cierra el balcón y corre las cortinas.
– A mi ya nadie me llama Jaimito- dice el hombre en un quejido.
– Usted no, su nieto que estudia en Francia y está de visita. Le voy a vestir elegante con el pantalón gris y la chaqueta de rayas- dice Liliana agachando la cabeza para ponerse a su altura.
– Chaqueta de ninguna manera- la interrumpe el anciano.
– Pues la rebeca azul que tanto le gustaba a la señora Clara- le contesta Liliana sin pensarlo.
El hombre se pone rígido con las manos nudosas aferrando las rodillas y la mirada fija en la pared mientras intenta balbucear unas palabras.
– Dígala, dígala que el jodido gato ha vuelto a escaparse. –
– ¿Qué gato?-
– Qué gato va a ser. Mi gato Miky- dice el anciano impaciente.
– Vamos Don Jaime, tiene que componerse- dice Liliana colocando la palma sobre su hombro –No querrá que su nieto le vea malhumorado. Y menos un día tan importante. ¿Se acuerda que día es hoy? Diecinueve de marzo, el día del padre.







![hawaiana[1] hawaiana[1]](https://conchahuertadesoto.com/wp-content/uploads/2009/10/hawaiana1.jpg?w=350&h=373)


