Posteado por: Concha Huerta | 22/08/2009

Abrazo de silencio

Desayuno rápido, besos, palabras inquietas. Una puerta se abre y se cierra. Una corriente de aire arranca hojas y maletas. Ojos fatigados por un viento desalmado, prefacio de una despedida.

Salgo a la calle que recorrimos juntas. Paseo entre muros de cal y buganvillas, tus flores favoritas. Pasos cortos sobre piedras desbaratadas de la acera.  Cruzo los soportales de la plaza y me sumerjo en otra mañana. Mujeres en delantal frente a una montaña de melocotones y manzanas rayadas. Aromas de infancia. Las horas contemplando piaras tras las vallas.   Ojos de niña inundados de castillos de hierba y cáñamo.

Dos vendedoras del Mercado Saloio charlan frente a la báscula.  Sus manos trazan historias de campo y de hijos ausentes. Macetas y flores abiertas en tallos largos. Nabos, berzas, hojas revestidas de puntillas verdes. El pelo recogido en una peineta, la falda de terciopelo, los pendientes de plata. Niñas-reinas por un día, los pregones y las fiestas del vino.  

Puestos improvisados bajo toldos multicolores. Un hombre con boina de paño extrae de un saco blanco puñados de habas. Los guisos de la madre. Morcillas de arroz y huevos de yemas gemelas. Una bicicleta recorriendo caminos entre sierras.

En el interior, el mar se vuelca en mostradores de piedra. Mejillones azulados, gambas traslucidas, cajas rebosantes de agua salada y tintas. Y aquella mano de niña atrapando un puñado de sardinas plateadas. Almuerzo en el porche. Katie Melua y vino blanco.  Planes, sueños, palabras hermanadas.

Recorro el camino de vuelta cargada de bolsas y añoranza. Al entrar en la casa un golpe  silencio me abraza. Me siento en el porche y observo las bugamvillas inmóviles en el vacío de mi amiga ausente.

verano 2009 flores 

Foto: M. Blanchón

Mercado Saloio de Cascais.  Ribeira das Vinhas.   Todos los miércoles y sábados.

Posteado por: Concha Huerta | 19/08/2009

Recuerdos en la arena

Playa Grande de Guincho. Un océano salpicado de espuma. Jóvenes de negro apresan las olas con sus tablas. El agua bate la tierra con estruendo. La arena resplandece con el sol de agosto. Conversaciones entre cuerpos tendidos. Anécdotas de otros tiempos. Voces de niños jugando. Retazos de una infancia adormecida. Imágenes que se desvanecen entre granos de arena.

Sostengo un libro a la sombra de un chamizo. Un libro de tapas amarillas que habla de recuerdos perdidos. Una calle  de  tiendas oscuras. El premio Goncourt de 1978 de Patrick Modiano, recuperado tras el éxito del autor en castellano.

La historia atrapa por la calidez de su prosa y la voz de un hombre que mendiga su memoria. El olor de la marea da paso al polvo encantado de los barrios de un Paris literario, inundado de tertulias que Modiano recrea y sueña. Un hombre en busca de la identidad perdida. Una identidad que mendiga seres de otros tiempos. Un objeto. Una fotografía en blanco y negro. Un recuerdo. La oscuridad de la ocupación. Soledad. La añoranza del sentimiento.

Atardecer. Rachas de  viento fresco. Revuelo de páginas. Las sombras se extienden desde las rocas y  borran las huellas sobre la arena.

La calle de las tiendas oscuras. Patrick Modiano. Anagrama. 2.009. Traducción: Maria Teresa Gallego Urrutia.

Posteado por: Concha Huerta | 14/08/2009

LLuvia de estrellas

De la metrópoli al océano. Ronroneo de motores entre nubes y asfalto. Faros cruzando la marginal. Playas negras bordeadas de luces naranjas. Demasiado calor para conciliar el sueño. Por fin estrellas. La osa mayor sorprendida por una lluvia de bengalas. Las Perseidas en su viaje anual sobre la atmósfera. Retazos de cometa que iluminan nuevas tierras. La nostalgia de un pueblo abierto al océano.  

Lisboa. 1415. Puerta abierta al futuro. Encuentro de inteligencia y cultura, ansia de descubrimientos.  Un puñado de nobles y científicos en busca de lo desconocido. La fuerza y el ingenio dibujando nuevos mundos. El Mapa de Cantino.  Tierras y leyendas delineadas por los sueños.

África. 1450. Jóvenes embarcados en el arte de la guerra. Diplomacia. Joao, Afonso, Diogo, nombres cristianos para reyes de ébano.  Batallas sangrientas en Congo. El ejercito luso al servicio del regente. Sierra Leona.  Manos diestras esculpen marfiles en delicadas piezas de mesa. Saleros coronados de vírgenes y serpientes.

India. 1489. Vasco de Gama atraca en Calcuta. La sofisticación de la cultura en Oriente. Goa. Mil navíos zarpan cada día cargados de paños bordados y especias.  Evangelización sin descanso. Cruces y relicarios. Filigranas en plata sobre madera. Sutileza de imágenes empañadas de antiguas creencias.

Brasil. 1500. Vastas y fértiles tierras de labranza donde  millares de brazos africanos arrancarán caña, el cultivo para una Europa ávida de azúcar. Cultura indígena, canibalismo. El cristianismo que se interna en la selva. Arte y naturalismo. Especies exóticas congeladas en tinta.  El asombro ante las tribus y los frutos del paraíso.  

China. 1557. Macao, frontera entre Oriente y Europa. El comercio de sedas y plata con un  Japón bloqueado por las guerras. La fascinación europea por la porcelana china. La compañía de indias. Escudos y diseños orientales coloreando las cortes europeas. Jarras de la dinastía Ming. La elegancia del cobalto sobre  la porcelana blanca.   

Japón. 1560. La Compañía de Jesús ante una nación  dividida por las guerras. Los Biombos Namban. La curiosidad de la pincelada japonesa ante la presencia europea.  Naves portuguesas  al encuentro de misiones sobre pan de oro y lacas. La luz se refleja en las nubes y se expande hacia los rincones más remotos de la sala.

 Biombo atribuido a Kano Domi. Japón. Arte Namban. 1593-1614

Encompassing the globe. Portugal y el mundo en los siglos XVI y XVII. Museo Nacional de Arte Antiguo. Lisboa. Hasta el 11 de octubre de 2009.

Posteado por: Concha Huerta | 11/08/2009

Enemigos Públicos

Puertas de cristal y madera. Tres hombres de borsalino, abrigo y chaleco alzan la voz y las armas. Sincronía de movimientos vaciando cajas en bolsas blancas. Un magnífico De Soto espera a la salida. Fuego cruzado. La policía llega tarde.

Michael Mann nos introduce desde el primer fotograma en la piel del puñado de rostros que mantuvieron en jaque al medio oeste en plena depresión americana. Enemigos públicos, la banda de Dillinger. Vidas marcadas por el ansia de recuperar el tiempo perdido tras las rejas. Atracos, huidas, violencia, muerte. El sueño de un oficio que se desvanece ante las mafias.

Johnny Depp construye un Dillinger alejado del celuloide. Un personaje con el que comparte nombre, raíces y voces de la infancia, la del abuelo traficante, la del padrastro inquilino ocasional de las mismas cárceles. Y la atracción por la sangre francesa de Marion Cotillard, caracterizada de Billie, la mestiza que apasionará a Dillinger. El resultado, un personaje carismático que exuda vida por cada poro que le arrebata la cámara.

Milagro de la era digital. Planos imposibles de un docudrama basado en el libro de Bryan Burrough. Cuerpos en tensión, pólvora estallando en los tímpanos, el estómago apresado por  el pánico, el vértigo de la muerte. Hay momentos en los que cuesta mirar al frente y uno comparte con el gánster la necesidad de la huida.

Chicago. Hoover aprovecha la popularidad del agente Purvis para expandir su oficina contra el crimen. Escuchas con cables, grabaciones en vinilo, los albores del F.B.I.  Duelo de titanes. Purvis contra Dillinger, tenacidad contra azar, sobriedad contra encanto. Un Christian Bale contenido y metódico persigue a su presa sin descanso.  

 Johnny Depp

 

Enemigos Públicos (2.009).  Dirigida por Michael Mann. 139 min. Estreno en España: 14 de agosto de 2009.

Posteado por: Concha Huerta | 08/08/2009

Puentes (2)

Volvemos al Old Vic. Los mismos lugares, la misma tarima inclinada, las mismas velas suspendidas sobre las tablas. Dos butacas vacías. Un joven medita con las manos sobre el regazo, ¿un actor?, un hombre desaliñado anota sobre el programa, ¿un crítico?, otro moreno de facciones perfectas observa el escenario, ¿un actor?  Puente entre decorados y público. Todos esperando el milagro de volver a ver al elenco del Bridge Proyect vestidos ahora de Shakespeare.

The Winter’s Tale. Tragicomedia de madurez que deshace moldes. La imaginación al servicio de la trama. Celos, oráculos, oceanos imposibles. El tiempo como personaje. Una obra coral de escenas superpuestas. Sam Mendes exprime la fantasía de Shakespeare en una propuesta que auna personajes con The Cherry Orchard de Chejov. Las obras que el Bridge Proyect alterna en su primera temporada. Del siglo XVII al XIX.

Drama. Sicilia. Actores británicos. Simon Russell Beale dota al rey Leontes de una profundidad que conmueve. Su rabia se torna locura de celos y  corroe su sangre enferma arrasando cuanto ama. Pasos inquietos, rodillas incadas, manos aferradas.  Una voz que emana de todo el cuerpo.  Una voz por veces inteligible.  Shakespeare dibujando una mente fracturada.

Comedia. Bohemia. Actores americanos. Perdita, la hija repudiada, acogida en el calor de pastores.  Adolescencia, celebraciones profanas.  Alcohol y flores. Ethan Hawke acapara la escena con su guitarra. Ethan Hawke canta. Su voz grave desborda sensualidad y audacia. Un truhan que derrocha ingenio y se lamenta de sus artimañas.

Tragicomedia. El tiempo purga faltas y penas, el amor florece y destrona a la parca. Aplausos. La experiencia enciende el alma y arranca lágrimas. Tendremos que esperar un año hasta que la compañía de Sam Mendes presente en Madrid su nuevo proyecto. Three Sisters de Chejov y As you like it de Shakespeare.

Ethan Hawke

The Winter’s Tale. De William Shakespeare. Dirección: Sam Mendes. The Bridge Proyect. Teatro Old Vic de Londres. Hasta el 15 de Agosto de 2.009.

Posteado por: Concha Huerta | 06/08/2009

Luna sobre mármol

Caminamos en silencio bajo un cielo sin estrellas. Murmullo de tacones contra el pavimento.  Puertas encendidas de vasos colmados y voces jóvenes. Una esfera brillante y blanca se cuela entre las nubes perfilando las fachadas con pinceladas románticas. Al poco se desvanece y envuelve la calle en sombras. Cierro los ojos y saboreo la imagen que permanece en la retina.

Luz blanca y brillante, la figura de Julieta sobre las tablas. Un destello de inocencia y vida en las noches de una Verona teñida de  orgullo. Juventud embebida en armas al son de timbales y cornetas. Danza, juego y espadas. Madurez anclada en el resentimiento. Conspiración, tradición y obediencia. 

El palacio. La joven de blanco alza los brazos con levedad de garza atrapando el  corazón de Romeo en una mirada. Evgenia Obraztsova transmutada en una perfecta Julieta. Cuello estilizado, brazos blancos y manos que exudan delicadeza.  La fuerza de Romeo. El músculo esculpido en mármol. Denis Matvienko explora los límites del cuerpo humano. Romeo y Julieta. La danza del amor eterno, dos jóvenes fundidos sobre  sábanas blancas.

Odio y venganza. Los bailarines compitiendo en saltos y piruetas. La ley del más fuerte. El destino truncado por la intransigencia. Julieta se despereza de un sueño de muerte en una noche sin estrellas. Cuerda y viento. Melodías inolvidables de Prokofiev. La pena transforma el puñal en una caricia eterna que funde los cuerpos sobre el mármol. La belleza de una imagen final que arranca un mar de lágrimas.  

 

Romeo y Julieta de Sergei Prokofiev. Ballet Mariinsky (Kiev).  Royal Opera House. Londres. Hasta el 15 de agosto de 2009.

Posteado por: Concha Huerta | 04/08/2009

Puentes

Llovizna, aglomeración al borde del Parlamento. Cruzamos del siglo XIX al XX por el puente de Westminster. A la izquierda el Millenium, fantasía de Foster para el nuevo siglo. La novedad de hace nueve años. El paso del tiempo.  Construcciones, más tráfico, el taxi se detiene ante la fachada blanca del Old Vic, ave fenix del teatro. El último rescate de la mano de Kevin Spacey, que llegó en el 2002 para quedarse. La gente abarrota la entrada  ansiosa por ver la version de Sam Mendes de The Cherry Orchard. Un inglés en Broadway, un americano que triunfa en Londres. 

The Bridge proyect.  El legado del director británico, una compañía mitad inglesa mitad americana, adaptando una obra de Chejov y Shakespeare cada temporada. Un puente sobre  un oceano de burocracia, acentos y  técnicas. Un puente que cruza obsesiones y añoranzas de la rusia del XIX y la Inglaterra del XVII. Los mismos actores para personajes similares que Mendes rescata de dos genios. La misma escenografía. El sueño del artista.  

The Cherry Orchard. La nostalgia de la primera obra. Mendes dirigiendo a Julie Dench a los venticuatro años. El retrato de Chejov de una burguesía  anquilosada. Sinéad Cusack viste cuatro escenas de saber hacer. Salmón, la negación inconsciente y elegante; blanco, la huida hacia la infancia  añorada; cereza, el campo de cerezos cercenado por la ambición y el deseo. A su lado, el cuerpo de la compañía pasea voces y acentos entre almoadones, velas y maletas.

Una sinfonía de ocho instrumentos que transporta a las tablas personajes eternos en un texto que resalta la vis cómica de Chejov. El trasfondo de la simple venta de una casa, legado de una familia desvanecida por la desidia. La tragicomedia de los que se abandonan a la vida  y los que la esprimen ante la necesidad del deseo. El puente entre la indiferencia y el reproche, el resentimiento y la venganza. Risas y lágrimas. Admiración y sorpresa.

Sinéad Cusack 

The Bridge Proyect. The Cherry Orchard, de Anton Chejov. Versión de Tom Stopppard. Dirección: Sam Mendes. Teatro The  Old Vic. Londres. Hasta el 15 de agosto de 2009.

Posteado por: Concha Huerta | 02/08/2009

Té para dos

Las cinco de la tarde. Nos dejamos caer sobre la pequeña butaca del Foyer, frente a una taza de porcelana verde pálido. Atrás quedaron carreras, maletas y aviones. El primer sorbo cálido acaricia el paladar y tamiza el estómago abandonado desde la mañana. El segundo despeja  las sienes, el tercero nos devuelve al cielo.  Las cien orquideas del centro, las columnas y mamparas, al color de  los años veinte.

Carcajadas cristalinas. Murmullos que arrastran eses como un fondo marino. Copas de champan y bandejas vestidas de blanco  circulando entre  las mesas. Pedazos de huertas y granjas atrapados en panes tiernos. La diligencia de  un camarero impecable borra pequeñas dudas y grandes pesares. Otra taza de té. El tiempo se desvanece entre mermeladas y pastas. 

Caballeros y damas de etiqueta, mujeres envueltas en velos y hombres de piel oscura. Muchachas ansiosas y niñas de rizos dorados. Un violín tararea melodías de Cole Porter envueltas en acordes de piano. Madera barnizada  y laca brillante. Texturas de terciopelo, tintineos de cucharillas de plata. Cuatro pasteles perfuman la mesa con texturas tropicales. El té del Claridge’s, una experiencia inolvidable.

Afternoon Tea  en The Foyers. 14:30 a 17:30. Hotel Claridge’s. Londres

Posteado por: Concha Huerta | 28/07/2009

Blanco y azul

Blanco. Murmullos de capitanes y arquitectos.  Piedras arrancadas al olvido. Cubos blancos recortados sobre el faro de Santa Marta. Huecos réyenos de historia y leyendas. La torre se yergue sobre las rocas vigilando las aguas. Bandejas de cristal y catálogos. La celebración de un sueño realizado.

Azul. Aguas teñidas de esmeralda acariciando paredes encaladas. Azulejos preñados del atardecer en la costa. El espejo del alma. Ondas dibujando estampas con trazos gruesos.  La calma de un día sin nubes. La brisa acompañada de gaviotas.

Blanco. Cuatro muros recorridos de peldaños hasta el infinito. Un diamante en la noche vigila al hombre invisible. Tres siglos y medio rescatando sueños. La fuerza. La energía que fluye y se concentra. La sabiduría que se expande iluminando auras.

Azul. El ciclo eterno del agua. Tormenta y marea. La pasión cristalizada en azulejos. Calor. Una suave brisa. Espera. El sonido de la nada.  El cuerpo rescatado de la mente. Un espacio de sensaciones donde no alcanza el miedo.

Blanco y azul. Dos círculos que se abrazan. Quiero que te llenes de aromas de eternidad y nostalgia.  Cierro los ojos y me elevo de tu mano hacia lo alto. Todo poeta es la ausencia de alma. Tu calor me envuelve en un manto de agua. Mi alma se marcha donde solo existe quien ama.

 Faro Sta Marta

Presentación de la guía  Roteiro. Farol Museo de Santa Marta. Cascais.

Posteado por: Concha Huerta | 26/07/2009

Vientos del norte

Atardecer en Cascáis. El viento de julio levanta una lluvia de pétalos sobre la terraza. Persistente, caprichoso, agita telas y ramas de cipreses altivos. Ecos de azañas y miserias ruedan por la hierba y se deshacen en las agua turquesas. Un intervalo y vuelve el revuelo de cortinas y cabellos húmedos.  Las rachas crecen y serpentean entre la tierra y el cielo.

El viento del norte invade el sosiego de la tarde con murmullos de traición y pena. Otro lugar, otra era. El príncipe se lamenta. Ser o no ser, el eterno dilema. Jude Law recorre los muros congelados por el pecado en un viaje sin respuestas. Figuras hieráticas le observan. Hamlet desborda  su melancolía sobre las piedras. Venganza, desidia, Shakespeare deshilvanando entrañas.  El viento vuelve a azotar cortinas y plantas.

Hamlet se rebela contra su sangre, repudia al amor de Ofelia y la lanza a la locura del suicidio. La imagen de Millais. Una  joven engalanada de flores bajo el agua.  Y el fantasma reclamando justicia. Una justicia que no existe ni existirá en la tierra y que empaña de sangre el palacio asediado por la tormenta. El reino abandonado a la invasión y la pena.

En la escena, una sucesión de luces y sombras, de voces envueltas en grisalla que deambulan como almas muertas. La maestría de Grandage. En el centro, Jude Law-Hamlet  iluminando las tablas con un torbellino de formas y sentimientos. Su cuerpo estilizado transmuta los versos en cuadros de danza cual rachas de aire fresco que arrancan aplausos y lágrimas al público entregado a la tragedia.

Donmar West End HAMLET de William Shakespeare.  Dirección: Michael Grandage.  Con Jude Law. Teatro Wyndham. Londres. Hasta el 22 de agosto de 2.009.

 

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