Posteado por: Concha Huerta | 20/12/2009

Princesas 2

Por fín las ímagenes de Robin Hood, la pantomina de Madrid Players a la que asistieron el pasado 11 de diciembre los Príncipes de Asturias con las infantas Leonor y Sofía. Hadas, arlequines, fantasmas y princesas. Y sobre todo la «dama» Trixibelle que realizó toda una serie de  parodias en el más puro estilo británico.  Una comedia llena de sorpresas, música y bailes  que  fascinó a los niños que abarrotaban el teatro del Colegio Cardenal Spínola. Dieciocho actores, coros y niños danzando y bailando con la música de la Alan «A» Dale House Band. La Familia Real participó como una más en la alegría esta fiesta navideña.

Pinch (Duncan McQueen), incompetente siervo del avaro Sheriff de Nottingham, roba a Marion (Anna Tulia Ramirez)  las monedas y comida que pensaba repartir entre los más necesitados.

Trixibelle (Richard Hunter) dirige a la compañía en «Wish you a Merry Christmas» deseando al público una Feliz Navidad y un Próspero Año Nuevo.

Berlusconi, reclutado por el Sheriff, persigue a las chicas del coro.

Robin Hood (Tom Errera), el osito Bear Necessity y las muchachas de la aldea se despiden en el intervalo.

 Robin Hood. Una pantomima de The Madrid Players. Dirigida por Fiona Chapman y producida por Kevin Beer.

 

Posteado por: Concha Huerta | 17/12/2009

Como en un cuento de navidad

La última vez que vi a Laura era dos de septiembre. Llevaba días estudiando sin probar bocado. Lo que me costó llamarla.  Los exámenes finales. Las palabras del entrenador tras la victoria.  Chico tienes futuro en la liga. Aquel año aparecía en los partidos con su hermano Alfonso, mi amigo desde los marianistas. El todo cerebro y yo todo músculos. 

Llegó media hora tarde con una sonrisa y una camisa esmeralda que le encendía los ojos. Al caminar ondulaba la cadera bajo una falda de seda. Parecía una actriz de Hollywood. No paró de hablar de sus planes. Había conseguido una beca para estudiar en Los Ángeles. Yo apenas la escuchaba absorto en  sus manos revoloteando sobre la limonada. Deseé convertirme en cristal y rozar sus labios. 

–        Bueno, cuéntame, ¿qué era eso tan urgente que querías contarme? 

Dejo el rugby. He decidido preparar oposiciones y quería saber si podríamos. No.Voy a opositar a judicatura. Necesitaré un año. El mismo tiempo que dura tu máster. Me gustaría escribirte y retomar la relación cuando vuelvas 

–  No te vayas – fue lo único que conseguí decir tras un silencio incómodo. – Nos das suerte – añadí en un intento de arreglarlo. Tantas frases ensayadas para nada. 

Ella soltó una carcajada. Yo no me atreví a mirarla. 

-Ni que me fuera al fin del mundo. En cuanto vuelva me tenéis en los partidos animando. Sois un equipo fantástico. Seguro arrasáis en la liga de este año. Sentiré perdérmelo -.

Se excusó porque la esperaban. En cuanto cruzó la puerta noté una punzada en el estómago. Devoré unas tortitas y un batido. Pedí otra ración y luego otra. No recuerdo cuantas. Sólo recuerdo una sensación ajena e insaciable. No volví a verla. Me encerré a estudiar. Tres años entre leyes y códigos. Y mi madre atiborrándome a dulces. Según ella el azúcar era lo mejor para el cerebro. Tras la jura el primer destino en Albacete. Luego Ciudad Real, Logroño, Sevilla y Madrid. 

Encontré a Alfonso en la cena de la Fundación SOS entre Eugenia Martínez de Irujo, Jaydy Mitchel y Norma Duval. Casi no le reconozco con tantas canas. Me contó que Laura vivía en Seattle dedicada a sus hijos. Estaba preparándola una fiesta sorpresa por su cincuenta cumpleaños en Navidades. Quería contar conmigo y con  sus compañeros de carrera. Una fiesta de disfraces. Alfonso me recomendó un gimnasio, había perdido cinco kilos desde el verano. A mí me sobran veinticinco. La culpa era del trabajo, todo el día sentado entre el juzgado y el despacho. 

Llegué pronto enfundado en un abrigo sobre la toga. Casi me congelo al cruzar la calle sembrada de sal gorda. Debería haber escogido el terciopelo rojo y barba blanca. Pero admiro más a Parménides que a Santa. Me escabullí hasta el fondo de la barra. Una señal y un grito al unísono. ¡Felicidades! Laura al entrar no pudo contener las lágrimas. Llevaba un jersey verde y una falda de raso. Exactamente como yo la recordaba. Saludó junto a su hermano en uniforme de gala  a una Madonna ochentera, a un Tiger Woods de rostro tiznado y a una Marilyn con peluca y pieles. Una escena de un cuento navideño. Al acercarse al bar, Alfonso me señaló con la vista.

–        El de la toga es Tenorio, mi compañero de colegio, ya sabes, el capitán del equipo de rugby. Ahora es juez de la Audiencia Nacional. 

–        ¿Tenorio?- dijo con la vista clavada en mis kilos- Lo siento no le recuerdo, han pasado tantos años.-

Al verla de cerca me sorprendió su pelo crespo y una mirada desvalida que enterraba una profunda tristeza en una capa de maquillaje. 

Marilyn Monroe.

Posteado por: Concha Huerta | 14/12/2009

Princesas

Hoy ha sido fantástico. El teatro estaba abarrotado de niños, tan metidos en la obra que no nos dejaban terminar las líneas. Ayer también llenamos. Y son mil butacas. Además se me ha acercado el técnico y me ha dicho que tengo muy buena presencia en escena, que debería dedicarme a esto. Le he contado que estoy yendo clases y que en verano estudié en Londres. Me va a recomendar a otros directores. Dijo you have got it, literal, como te lo digo, y debe saberlo porque tiene mucha experiencia en cine y teatro.

¿Piensas cenar algo?

No tengo hambre. Tomamos algo entre funciones. Trajeron pizzas y bocadillos. Casi no pude probar bocado. Me había tomado unos frutos secos y una barrita energética. Teníamos tanto trabajo con el maquillaje, las coreografías, calentando la voz,  ensayando con los chicos y los músicos.

Llevas tres días sin comer, acelerada y nerviosa.  

Tampoco es nada de otro mundo. Un coro en una pantomima. Me ponía más nerviosa en las funciones del colegio. Y eso que a veces el público se  perdía, como estaba en inglés. Los niños cómo disfrutaban cantando y dando palmas.  Al terminar un padre me pidió un autógrafo y me dio las gracias por la función. Las gracias se las di yo por venir a vernos.

Siéntate, pareces agotada.  

Cuando llegamos no podíamos con nuestra alma, que bien me habría venido que me gustara el café. Anoche cayó una helada. No imaginas el frio que hacía a las ocho de la mañana. Ahora no puedo entretenerme. No ceno en casa. Me cambio y me voy corriendo que hemos quedado en un bar de Malasaña.  

Has quedado con quién.

Con la compañía. Los productores nos invitan a tomar algo para festejarlo. La verdad es que es una pena que se haya terminado. Ha sido una currada de ensayos pero ha merecido la pena. Lo estábamos bordando. Me habría gustado seguir las representaciones por lo menos un par de semanas.

Hace tres días que no te veo.

Ya llego tarde. Ah, se me olvidaba. Ayer vinieron los Príncipes de Asturias con las niñas. Las puertas se llenaron de hombres de negro, ya sabes, guardaespaldas, y la cabeza del príncipe Felipe sobresalía en la fila diez. Las infantas no paraban de cantar y dar palmas. Yo desde la escena no pude verles. Con los focos no se ve nada. Tampoco te vi en el estreno.

Me retrasaron en el banco.  

No importa, lo tenemos grabado. Parece que la pantomima es muy popular y que la conocen de otros años.  Al terminar estuve de espaldas a la Princesa Leticia y ni me di cuenta. Hemos recaudado mil doscientos euros para los proyectos de San Blas y Etiopía. Un éxito. Mi primera función, lleno diario y el público entusiasmado. Y qué público, hasta realeza y princesas.

Tú siempre has sido mi princesa.

Déjate de princesas Papá que tengo veinte años.

The Madrid Players’s Robin Hood. A pantomime. De Fiona Chapman y Kevin Beer.

 

Posteado por: Concha Huerta | 10/12/2009

Oro puro

Nada, que hoy no es mi día. Toda la tarde peleándome con Pérez, que si la plantilla está en mínimos, que si no puede desprenderse de nadie, los pedidos amontonándose. Y el jefe, despotricando por lo de de Vitoria. No entiendo tanto lío por unas cajas rotas. Y menos que amenace con descontármelas. No sé qué va a quedarme este mes con el adelanto de las plantillas del crio. Este año ni regalos ni leches. La que se va a armar en casa.

Y luego aparece López con la rubia. Ese sí que se lo monta. Menudas curvas y como le baila el agua. Y su mujer en Babia, todo el día currando y luego le mima como a un niño. Qué pasada de reloj. Oro puro. No la merece. Dan ganas de que alguien le abra los ojos.

Silvio no entiende nada. Tardo menos en hacerlo yo que en explicárselo. Las nueve ya, qué rasca. Y mañana a Vitoria a calmar a Álvarez. Así no se puede trabajar. Necesito personal y que el jefe me de un respiro. La semana que no pude cogerme este año. Una escapada al sol y a machacar guiris en la pista. Cuatro reveses liftados y una tanda de drives de zurdas. Ya decía Tolo que tenía futuro. Lástima que entrenar no alimente una familia. Y lo de Sonia no podía aplazarse.

Estoy harto de esta ciudad, del frio, de pasarme el santo día entre cajas y serrines. Y de estas luces ridículas. Paz, Alegría, Descanso. Como si repetir palabras sirviera de algo. En Madrid no saben de Navidades, de pantumaca, sobrasada de la abuela y cabrito. Navidad para otros. Para mí este año, nada. Otra vez el móvil. Sonia esperando y yo atrapado entre cláxones. Y el tío ese desgañitándose.

-¡Campeones! ¡Campeones!

-¿Campeones de qué?-, pregunto al exaltado.

– De la Copa Davis.Y ya van cuatro. ¡Campeones! ¡Campeones!

La Copa Davis, claro. Ya sabía yo que Nadal terminaba recuperándose. Los de Manacor podemos con lo que nos echen. Y López, Ferrer y Verdasco un equipo de lujo. Oro puro. España campeona del mundo. El mejor regalo para estas Navidades.

David Ferrer, Albert Costa (entrenador), Rafael Nadal, Fernando Verdasco

Final Copa Davis 2009. Palau Sant Jordi. Barcelona. España gana a la Republica Checha por 5-0. (Todos los partidos).

Posteado por: Concha Huerta | 07/12/2009

Mambo en el Auditorio

UNO. Instrumentos. El Auditorio de Madrid repleto de sillas y atriles. Ciento veintiséis jóvenes en su último concierto juntos, tras la cumbre de Estoril y Lisboa. Melenas engominadas, trajes oscuros y pajaritas, muchachas de negro y rodillas blancas. Violas, violines, clarinetes, oboes y trompetas. Tambores, contrabajos, tubas y arpas. La orquesta Juvenil iberoamericana.

DOS. Ilusión. Los niños recuperados de la calle. El sistema del Príncipe de Asturias Abreu que ha rescatado a 280.000 jóvenes de bandas y drogas. El revulsivo de los que pensaban la música clásica obsoleta y anquilosada en el pasado. Un futuro para los sin futuro. La revolución de la música clásica en Latinoamérica.

TRES. Expectación. Murmullos de los asistentes que abarrotan el auditorio. La colonia venezolana, los amantes de la música, ansiosos por ver en acción a la estrella Dudamel en el Auditorio. Gustavo Dudamel. El director que ha revolucionado la Filarmónica de Los Ángeles con ventiocho años. Responsable de la Orquesta Simón Bolívar y la de Gotteburgo, niño prodigio de Barquisimeto, la capital musical de Venezuela.

CUATRO. Fuerza. Desde el primer acorde de la Margariteña, la pieza seleccionada por Dudamel para abrir el concierto, la música de Carreño estalla y se expande en un sentimiento nuevo. El director abraza los acordes con decisión y entereza grabados en una mente superdotada. Y trasmuta los rostros de los jóvenes intérpretes en una experiencia nueva.

CINCO. Brillo. Dudamel resplandece. Sus movimientos amplios, la suavidad de la batuta que se alarga en ese brazo que no pudo sostener una trompeta, con dedos de violinista. La  música de Falla brota de su mente como fuegos de artificio, transformada en un torrente de vitalidad y energía. Las miradas que regala a los solistas y la increíble sonrisa.

SEIS. Genio. Los rasgos de Berstein y Karajan redefinidos en un espíritu liberado por la música. El niño que jugaba con orquestas de legos, el alumno aventajado del método inventado por José Antonio Abreu en la Venezuela de hace treinta años.  “Señora casos como el de su nieto surgen uno cada 100 años” (Simon Rattle).  Dudamel. El joven director que cede a la orquesta todos sus aplausos.

SIETE. Luz. Desde que Dudamel pisa el escenario el auditorio se enciende con esa vocación sincera de devolverle a la música lo que la música le ofreció desde niño. La ilusión de transformar el mundo con una batuta. De continuar la obra de su mentor más allá de sus fronteras. Una vocación recogida por nuevos testigos.

OCHO. Vida. Dudamel transforma la quinta de Tchaikovski con el entusiasmo de decenas de corazones impregnados de música. Termina el concierto y la sala se alza en una tromba de aplausos y vítores. El reconocimiento al genio, la originalidad y la pasión por los clásicos.

MAMBO!. Tres Vises. Dudamel desmelena su orquesta con el Mambo de Berstein entre giros de contrabajos, bailes de trompetas y violines. Los jóvenes intérpretes se levantan y danzan al ritmo que nace de su tierra y contagia el cuerpo de salsa. El Auditorio de Madrid transformado en sala de baile. Nadie abandona la sala hasta la madrugada.

 

 

Orquesta Juvenil Iberoamericana. Dirigida por Gustavo Dudamel. Auditorio de Madrid. Próximo concierto con la Orquesta Filarmónica de Los Angeles, el 23 de enero de 2.011.

Posteado por: Concha Huerta | 03/12/2009

Pioneras

Mediodía de diciembre. Un puñado de curiosos observaba con incredulidad y respeto un coleóptero de tubo y tela de catorce metros. Yo no les prestaba atención, concentrada en los niveles de aceite, la gasolina y las bujías. Mi hermano revoloteaba alrededor de la aeronave capturando hasta el último detalle con la vitalidad de los quince años.

 –  Cómo mola la hélice. ¿No es peligroso llevar gasolina en los asientos? El motor es clavado al de mi moto. 

–   También es de dos tiempos.                         

 –   Y el paracaídas ¿desde qué altura funciona? Eso que sobresale, ¿es un cohete? ¿Lo has probado ya?

 –   Es sólo para emergencias. No se prueba. 

Terminado el chequeo, se colocó el casco y los cinturones en la trasera de mi asiento. Calenté el motor y rodamos hacia la pista. La manga apenas se movía. Motor al máximo, un suave tirón y la nave se elevó hacia el sol de otoño. Sobrevolamos barbechos, caminos de tierra y tejados. Unas torcaces se alinearon al ala derecha y nos acompañaron unos minutos. Al volver hacia el campo, me di cuenta de que algo iba mal. El timón se agitaba descontrolado entre las rodillas. Si le pasa algo a mi hermano, mi padre me mata. 

Comprobé que los pedales funcionaban, mi hermano pequeño, reduje motor e intenté girar con los alerones. El príncipe de la casa. Sobrevolé el campo, la alegría de mi padre,  y al encarar la pista, su futuro, vi por debajo otro avión aterrizando. Las cenas entre alcohol, voces y lágrimas. Volví a tomar altura. Otra locura de la niña”. Cinco minutos interminables. Estadísticas de accidentes. Último giro desviado. Terminantemente prohibido que el niño vuele”. Corregí la posición, si quiere matarse, que se mate sola”, y descendí hasta tocar tierra. Desconecté el motor, me arranqué el casco y caí de rodillas sobre la tierra compactada. Mi hermano saludaba alegre a los que corrían hacia la pista. 

–   Ha sido increíble. La mejor experiencia de mi vida. Que velocidad.  Con todo el cuerpo al aire. Y cómo lo lleva mi hermana. Tan suave como un guante. La única piloto del campo. Una autentica pionera.

 

Amelia. Dirigida por Mira Nair. USA. 2.009. Con Hillary Swank, Richard Gere y Ewan McGregor.

Posteado por: Concha Huerta | 30/11/2009

Línea, color y textura

Entro en el taxi apresurada. Semáforo rojo. Naranja. Tras la ventanilla, la calle atravesada de neones. Alejandro. Siempre que hablamos me parece que falta algo. No puedo creer que te guste el Art decó. Mi afición solitaria. Veo la calle empastada en negro. Un cuadro de Rodchenko. ¿Has visto la exposición de Vanguardias rusas? Podíamos ir el sábado y tomar algo. Ahora tendrás más tiempo. Lo peor son los niños. Yo no tuve ni eso.

Recorro la ciudad ahogada en hierros y tablas. ¿Qué tal en la editorial de Lola ? Amigas tantos años y ahora tu jefa. Una pena que tengáis que viajar tanto. ¿De verdad contarías conmigo para el catálogo? Paso las horas escribiendo. Líneas, sonidos y acentos. Lenguaje despojado de sentimientos. Hemos roto con el pasado porque ya no creemos en él, porque sus premisas son inaceptables, y crearemos unas nuevas. (Popova 1920-21).   

Luces y sombras tras el cristal.Viaje a ninguna parte. Nadie me espera. Abro el móvil con dedos torpes y lentos. Alejandro, me ha dicho Lola que te estás separando. Llámame cuando vuelvas y comemos. Nueva York, templos de bronce y plata. El Guggenheim celebrando mis cincuenta años. Oscuridad. Una sucesión de portales anónimos. Dos focos  me ciegan como soles de otra galaxia.

Alejandro, qué sorpresa. ¿Te apetece tomar algo ? Es bastante fácil. Sólo tienes que coger el teléfono y llamarme. Y si no, no me mires de esa forma. Ni sonrías tanto. Aunque está lo de la edad. ¿Y el regalo? Un libro joya. Lo está promocionando, se lo regala a todos. La próxima vez te doy algo. ¿Qué prefieres un beso o un abrazo?  Un abrazo claro. Un beso. Me acerco y rozo su mejilla con los labios. Alejandro.

Un rostro me observa desde otra ventanilla. Más que un rostro, el negativo de una máscara. ¿Seré yo otro fantasma? Resguardo los ojos entre cuadros de la falda. Como cuando me has mirado. Demasiado tiempo, demasiado intenso. Me precipito a la seguridad de un taxi blanco. ¿Por qué salgo corriendo? Me duele alejarme y abandonarme al silencio. Alejandro. Me encanta hablar contigo. Me hace sentir viva. Hace tanto que no siento.

Composición nº 56 de Rodchenko ca.1918

Rodchenko y Popova. Definiendo el constructivismo. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Hasta el 11 de enero de 2.010

Posteado por: Concha Huerta | 27/11/2009

El viaje del elefante

– ¿Te acuerdas del banco de hueso que vimos en la exposición del Museo Nacional de Arte Antiguo? Lo hicieron con restos del elefante que don João III regalo a su sobrino Maximiliano de Austria en 1551. Imagina la cara de los que vieran pasear sus cuatro toneladas por Lisboa.

– Me pareció macabro y de mal gusto. Y todos aquellos garabatos poco civilizados.

– Ten en cuenta que ese elefante, que tuvo dos nombres Salomón y Solimán, generó leyendas. Hasta Saramago publicó el año pasado un libro sobre El viaje del elefante de Lisboa a Viena. 

– ¿No estuvo ingresado con pulmonía?

– Enfermo o no terminó el relato que le rondaba la cabeza desde que descubrió a Salomón en el restaurante “El elefante” de Salzburgo.

– No me parece que el viaje de un paquidermo sea tema de novela.

– El tema es una anécdota. Lo interesante es cómo reconstruye el mundo cortesano de la época, reyes, soldados, clérigos,  y al cornaca.

– ¿Al cornaca?

– Al cuidador de la bestia, el hindú que acompañó al elefante desde India. Tienes que leerlo, es uno de los libros más divertidos que he abierto en años.

– Pues el “Ensayo de la ceguera” era todo menos divertido.

– El viaje del elefante esta construido en tono de humor e ironía. Saramago despliega una imaginación desbordante y luminosa, increíble si piensas que lo escribió con 86 años y enfermo. Fíjate en  cómo describe al rey en el primer capítulo.

Pues mire que hay quien va diciendo por ahí que los hados que presidieron mi nacimiento no me dotaron para el ejercicio de las letras, No todo son letras en el mundo, mi señor, visitar al elefante Salomón en este día es, como quizá se acabe diciendo en el futuro, un acto poético, Qué es un acto poético, preguntó el rey.

– Me marea esa manía de no puntuar ni separar párrafos.

– No es una manía. Es un modo de aprovechar la sonoridad gramática. No olvides que Saramago es un cervantino convencido, un defensor de la imaginación, la invención y el gusto por el idioma como base de la literatura.  Todo un Nobel.

Después de un vendaval de colores , en que el amarillo del sodio, el rojo del calcio, el verde del cobre, el azul del potasio, el blanco del magnesio, el dorado del hierro obraron prodigios, en que las estrellas, los surtidores, las vagarosas luces, y las cascadas de luminarias salieron del interior del elefante como de una inagotable cornucopia, la fiesta termino en una gran hoguera que no pocos trentinos aprovecharon para calentarse las manos mientras solimán, abrigado bajo un alpendre construido aposta, iba dando cuenta del segundo fardo del forraje.  

– Y ¿qué hacía el elefante en Trento?

– Prepararse para cruzar los Alpes con la corte de Maximiliano.

– Bonito viaje para un animal acostumbrado a los climas tropicales.

– Un esfuerzo titánico. El pobre Solimán murió al año de llegar a Viena.

– Buena metáfora de esta vida tan absurda. Bravo Saramago.

El Viaje del elefante de José Saramago. Traducción de Pilar del Río. Alfaguara. 2.008

Posteado por: Concha Huerta | 24/11/2009

Luces y lágrimas

Luces de Navidad. Fiestas, reuniones familiares. Ausencias. Releo unas páginas que me acompañaron en otros tiempos. No es un ensayo, ni una novela, ni prosa poética. Una pena en Observación. Un recorrido por la geografía del alma ante la devastación producida por una pérdida inesperada. La pérdida, el precio de la felicidad, la cruz de la vida. Devastación ante un dolor que abrasa y sobrecoge y que resquebrajó las creencias de un C.S.Lewis que abrazó el catolicismo tras una etapa de ateísmo y lo ensalzó entre los intelectuales de su época. 

C.S. Lewis (Belfast 1898, Oxford 1963) combinó su actividad académica, fue profesor en Oxford y Cambridge , con la literatura donde cultivó varios géneros: poesía, novela fantástica, con los siete libros de las famosas “Crónicas de Narnia”, cuentos infantiles, ensayos, e incluso autobiografía, siendo reconocido como uno de los literatos más importantes del siglo XX en lengua inglesa. En 1952 conoció a la poetisa norteamericana Helen Davidson con la descubrió el amor en la madurez de su vida y disfrutó unos breves y felices años de matrimonio que se truncaron con el cáncer. 

Una pena en observación es un texto breve difícil de enmarcar que combina  biografía y diario, reflexiones nocturnas  anotadas en cuadernos que encontraba por casa para evitar alargarlas, ensayos sobre el papel de la religión y en concreto de Dios del que reniega y con el que finalmente se reconcilia, con la descripción poética del amor y del dolor en sus vértices  más extremos. Todo ello con el lenguaje preciso y la sinceridad que caracteriza  la obra del escritor.  

C.S. Lewis hace un recorrido no lineal sobre el amor que  pensó nunca conocería, sobre el que había reflexionado con anterioridad pero que al verse sumergido en el pozo de la pérdida no tuvo más remedio que revisar. La muerte le enfrentó al hecho irrefutable de la fragilidad humana ante el destino.  El dolor de la ausencia, la dificultad de evocar los momentos de felicidad pura, de encontrar sentido al sufrimiento, el duelo, todo ello desmenuzado con maestría de pensador analítico con sensibilidad portentosa. 

Quizá lo mejor de este  pequeño gran libro sea el mensaje de esperanza  que  permite  reconstruir  el día a día tras la inundación de tristeza que asfixia el alma. Esperanza basada en la fuerza de ese mismo amor que se diluye con las creencias, para Lewis el Cristianismo, para los demás, cualquiera de las respuestas del Hombre ante la única certeza de la vida, su final ineludible. No sé que tienen las luces de Navidad que siempre me arrancan una lágrima.

  

Una pena en observación de  C.S. LEWIS.  Versión  de Carmen Martín Gaite.  Anagrama. Barcelona. 2004. 103 Págs.

 

Posteado por: Concha Huerta | 20/11/2009

Diseñando fábulas

Cuadernos de dibujo. El arte de capturar la esencia de bosques, jardines y valles. Desearía acompañar a Caspar Friedrich en sus paseos por el Elba y cortar flores  para Fantin-Latour. No hace falta. Todavía hay seres mágicos que iluminan nuestras páginas. Como Ana Juan, una de las diseñadoras gráficas más internacionales de España. La que cubre portadas del New Yorker con zapatos alados, siluetas de cigarros y torsos enredados en primaveras.

Ana  Juan comienza su jornada cuando la ciudad descansa y desde su tablero rescata al ensueño personajes de fábula. Trabaja despacio y sin pausa, entre hojas y lápices, con carboncillos que fluyen en espirales como su melena rizada. Dibuja al ritmo de un corazón que nunca perderá la inocencia. Porque lo que a Ana le gusta es fabular con imágenes palabras, portadas y huecos entre páginas. Y desde que ilustró Frida, los cuentos. De Kipling, Grim, Michael Ende, de Varennes. Hadas, brujas, duendecillos y sus propias historias, Snowhite, Demeter y The night eater.

En la web de Ana  Juan una ninfa de ojos negros extiende su cabellera  y nos traslada a un país de las maravillas, como Alicias modernas. Seres que aletean, candiles y avellanas. En las paredes de su refugio madrileño posters de festivales y revistas. En los estantes bustos, muñecas y ediciones de Neil Gaiman, Lewis Carrol y las Brönte. En la mesa recuerdos de oriente, publica en Japón y Taiwan, Europa, le gustan las brumas de Londres y Hamburgo, y América, publica en Boston, Nueva York y Los Ángeles. Sus colores, un portátil enfundado en lentejuelas y una mente abierta y risueña.  

Le pedí a Ana que me dedicara unos cuentos. En la primera página, transformó círculos en una niña malhumorada con lazos y botines. Tras otra cubierta negra, trazos ovalados en un vampiro travieso con capote alado. Cierro las tapas satinadas de Snowhite y Demeter, las fábulas de mi amiga Ana Juan, y las devuelvo a su lugar en el centro de mi biblioteca.  

Diseño: Ana Juan 

  

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