Posteado por: Concha Huerta | 24/07/2009

Miles de estrellas

Noche invernal en julio. Una borrasca sorprendió la mañana. Cientos de sillas húmedas alienadas sobre la hierba. Caminamos al paso de las muletas.  Las nubes oscurecen la noche. Arrebujadas en impermeables esperamos que comience el concierto. 

Luces sobre escenario vacío.  Una joven de melena rizada y oscura abrazada a una guitarra.  De su cuerpo frágil fluye una melodía, Piece by piece,  que se expande hacia  los rostros que observan y transforma a la pequeña Katie en la gran intérprete británica. 

Criada en Belfast, nacida en Georgia.  24 años y una voz cristalina que surge de la tierra abandonada de niña. Inspiración y  nostalgia. Un puñado de juguetes. Toy collection. El sueño de una vida sin armas. Amor, desengaño. The closest thing to crazy. Su primer éxito,  la carrera hacia la meta del arte. Humedad y frío. El clima que le acompaña en su gira. 

Un piano, una batería y dos guitarras envuelven a la pequeña Katie en acordes de jazz y baladas.   Two bare feet. El canto que surge de un corazón inflamado de blues. Destellos de almas.  El cuerpo recorrido de voces de color y cantos de ángeles. Se vacía el escenario. Katie Melua se despide con su guitarra. Six million bycicles. El cielo se abre sobre la carpa y cubre la platea de miles de estrellas.

 

KATIE MELUA. Cascáis Cooljazzfest 2.009. Hipódromo de Cascáis.

Posteado por: Concha Huerta | 22/07/2009

Secretos de familia

El canon de Pachelvel a las 7 de la mañana. Alcanzo el móvil con el corazón encogido ante la premonición de una tragedia. Una llamada perdida. Abro la ventana.  Una bruma gris envuelve las buganvillas y empaña la piscina. Abro todas las ventanas para dejar paso a la humedad y bajo a desayunar con un libro en la mano.

Irlanda, sombras y brumas. Una familia se reúne en la cocina. Un goteo de personajes cumplimentando su duelo. Una madre ausente, maridos y vecinos. Anne Enright construye a través de la voz de Verónica la historia de  Liam, el hermano perdido en un mar de alcohol. Su muerte quiebra las rutinas y contradicciones de una vida centrada en la maternidad.

Dolor, remordimiento. El viaje a ninguna parte, para recoger un cuerpo inerte, para alejarse de la rutina quebrada.  Papeles, burocracia, reencuentros. Pedazos de realidad arrancada a los sueños. La vigilia de la pérdida. La obsesión por encontrar un nexo que explique la única realidad inexplicable. Abandonar la propia vida en aguas lejanas.

Retazos de Irlanda. Una abuela hermosa, dos hombres enfrentados, una tragedia. Creencias, amor y recelos. La familia como cárcel y destino. Secretos y ritos. Anne Enright entrelaza vivencias y recuerdos con una maestría cargada de poesía y fuerza, en esta novela sorprendente que conquistó el premio más prestigioso de las letras inglesas, el Man Booker Prize en el año 2.007.

Termino el desayuno. En el piso de arriba duerme mi hija con el tobillo amoratado tras una caída. Su respiración acompasada me arranca una sonrisa.

ANNE ENRIGHT. El encuentro. Traducción Francisco Javier Calzada. Editorial Lumen. Barcelona 2.009.

Posteado por: Concha Huerta | 19/07/2009

Food, glorious, food

Aeropuertos, retrasos, tráfico, la letanía habitual de las vacaciones. Me dejo caer en una silla de mimbre. La luz  de Cascais me hace entornar los ojos bajo el toldo. El estomago se retuerce. Devoro rebanadas de  pan  y aceitunas.  El sabor a mar de la primera gamba me estremece. Los ojos se me empañan. Comida por fin y qué comida.

Food, glorious food. Cien voces cristalinas alzan sus cuencos en la platea abarrotada hace meses. Un niño famélico reclama más sopa. Oliver!, Oliver! El celador indignado le expulsa del hospicio. Monte Mar. Nuestra mesa favorita sobre de costa de Guincho. Carlos sirve salmonetes de roca y calamares rebozados que se deshacen en la boca.

Rescatado por unos rateros, Oliver es conducido al submundo de Londres. Consider yourself at home. Fagin, el viejo truhan  que regenta a los pillos, le enseña el oficio. Rowan Atkinson-Mr Bean tiene voz y canta. Su maestría arranca sonrisas y palmas a un público entregado. You have to pick a pocket or two. Humedad, oscuridad, Oliver apresado en  su primera salida.

Saciada por fin observo la increíble vista. El océano deshaciendose en espuma sobre la costa. El cielo inmenso  limpio de nubes. Un puñado de veleros recortando el horizonte. El jardín rodeando las casas de columnas blancas. Who will buy? Vendedoras ofreciendo  miel y flores. Oliver se despereza entre sábanas de lino. Where is love? El hogar arrebatado cuando niño.  Carlos nos despide con una sonrisa. Actores y público coreamos al unísono, Consider yourself at home.  La brisa nos  libera de 40 días de calor intenso. El mar nos envuelve en su manto húmedo.

 

OLIVER!,  de Lionel Bart. Teatro Drury Lane. Londres. Hasta el 26-2-2.011

Posteado por: Concha Huerta | 16/07/2009

Voces del Levante.

Me despido de Madrid visitando el templo del arte. La mañana sorprende con briznas de primavera. El sol nos da una tregua. Los jardines muestran sus mejores galas, hierva recién cortada, hojas frescas. La sombra pétrea de Velazquez aguarda frente a la puerta.

Cruzo pasillos rojos hasta el claustro contenido de luces y sombras. Unas mujeres gesticulan frente a la puerta. Hay que fijarse en las playas y telas; a mí no me van los museos; un día al año no mata. Los lienzos de Sorolla desbordan las paredes claras.  Gris. Sollozos. Ya me advirtió madre que el Julián era mala pieza, que va a ser de mí,  aonde piensan llevarme. Frente a él otro vagón en penumbra. Negro. Garganta quebrada. Esas cuatro so tien huesos. Si me sabré yo lo que gusta. Piel blanquina y carne magra.

Más adelante irrumpe la luz. Blanco. Voces dulces repasan una vela recogida en el patio. No me digas niña que me quieres, que tus ojos no me engañan y el corazón me duele. Desde la sinfonía de blancos del lecho materno. Qué cara tan dulce tiene mi niña, la llamaré María como a la santa. Hasta la sensualidad de la venus que Sorolla recrea sobre el raso. Un estudio, sólo es un estudio. Y tu padre empeñado en que pinte. No sería capaz de colorear una piel así en mil años. Y cómo le brillan las sábanas.

Otra planta, otra sala. Un prado del Nalón salpicado de flores blancas. No sé que ve en tanto cuadro. Tenemos que salir a dos y media. Una buena fabada. Cuanto lío en la oficina. Una tarta de Rosita. Vacaciones, a saber qué pasa a la vuelta. Verde. María adolescente vestida de labradora. La complicidad con el padre artista, la mirada envuelta en hierba.

Y el mar. Agua y arena. Apoteosis de luz filtrada entre toldos y sombrillas. La paleta cromática de un Sorolla obsesionado con su tierra.   Tenía que tener un ojo perfecto, como el oído perfecto del músico que distingue todos los sonidos. Ojo perfecto para captar las  tonalidades escondidas en las telas blancas. Cuando yo veo blanco, veo blanco y punto. Las figuras en movimiento. Pescadores arrastrando barcas y bueyes. Niños  chapoteando en la orilla. Mujeres estilizadas sujetando velos y pamelas. Levante. El mar empastando cuerpos y telas con sus tonos verdes, azules y violetas.

Saliendo del baño. 1908. Oleo sobre lienzo, 176×111,5 cm.

Joaquín Sorolla. Museo del Prado. Hasta el 6 de septiembre de 2.009

Posteado por: Concha Huerta | 13/07/2009

La música del azahar

Tarde de estreno en el Real. Raso negro, encajes, labios brillantes. Abanico plateado. Calor abrasante. Reconozco la butaca de mi abuelo, de mi padre, que ocupo yo por mi hermano ausente. Tradición y familia. 

Tras el telón de terciopelo traslucido, el cuarto de Fígaro abierto  a un patio andaluz. El acierto de Sagi me traslada a otro siglo.  Juegos de amor, devaneos, intrigas. La pasión serpentea  entre espacio y tiempo a través de una música que se engarza a las palabras con  alas de mariposa. La imagen juguetona y rebelde de Mozart. 

Acto segundo, la condesa se lamenta. Su voz cristalina  se moldea con la  añoranza del amor que no ha sido. Sorpresa. El paje la dedica la aria bellísima de un Mozart enamorado que tarareo desde la infancia. Voi che sapete, che cosa e amor. El coro del colegio. El cuerpo concentrado en los pulmones y la garganta.  Las voces envolviendo la capilla cada mañana.  Llega el conde, el paje se esconde, le descubre el jardinero.  Sospechas, celos, el ingenio del siervo Fígaro al servicio de su dama. 

Sala de audiencias.   El pueblo rinde homenaje al señor por abolir el odioso derecho que desea en secreto.  La fuerza del libreto. La nobleza anquilosada, la revolución del cuerpo  llano.  Voces contrapuestas. Personajes  escondidos tras  puertas y camas. El fandango. La rebelión de Mozart. El baile prohibido por el  emperador. Malentendidos y venganza. Fígaro descubre su origen hidalgo. La boda por fin se celebra. Los novios salen alzados en hombros. Escenas robadas a los pigmentos de Goya. 

Cuadro final. Noche en los jardines de Sevilla, exótica protagonista de la ópera. Buganvillas, fuentes y naranjos. El calor de la noche desprende sus fragancias. Damas encapuchadas, jóvenes ocultos. Tras la reja se desenmascaran los entuertos. Y la bondad de la condesa restaurando los ánimos. Tres horas de arias, dúos,  cuartetos y hasta  nueve voces sostenidas en conjunción perfecta. Coros y danzas que encienden el alma.  Mozart adora a su público y nosotros, su público desde hace doscientos años, adoramos Mozart.  

Le nozze di Figaro, KV 492. (Las bodas de Fígaro). 1786. Wolfgang Amadeus Mozart. Teatro Real. Hasta el 27 de julio de 2.009

Posteado por: Concha Huerta | 11/07/2009

Ventanas de Matisse

Viernes por la tarde.  Un viento africano ha  limpiado de coches y gentes la ciudad blanca. Frente a la taquilla una pareja en bermudas observa la entrada desde un banco de piedra. A su lado una adolescente de cabello transparente bebe sorbos de una botella azulada.

En la sala balcones abiertos por el artista en su retiro de Niza. Noventa años y las habitaciones permanecen con la luminosidad del primer día.  Tejidos traslucidos con ondas y pliegues enmarcan  pedazos de cielo y agua cargados de aromas del mediterráneo. La brisa inunda la estancia de reflejos brillantes y dibuja sombras en los tejidos que envuelven la sala. Aire, luz, sosiego, profundidad. La piel renacida por el estremecimiento. El espiritu elevandose  sobre elcuerpo.

Matisse frente a la ventana, horas, días, semanas.  La realidad transformada en formas y colores de un alma inquieta. Ansiedad. Amarillos saturados en paredes y arena. Deseo. Ondas y siluetas opacas tras la baranda. Intimidad. Una funda de violín abierta sobre una butaca, del mismo añil de la marea tras la ventana. Poesía. El arte envolviendo la vida con un rastro de agua. 

«Las ventanas siempre me han interesado porque son pasajes entre el exterior y el interior». (1952)

 MATISSE: 1917-1941. Museo Thyssen-Bornemizza. 9 junio-20 septiembre 2.009

Posteado por: Concha Huerta | 08/07/2009

Contrapunto.

Montreaux. Pequeña villa a orillas del lago Lemán. Cuatro mil almas desbordando el Auditorio Stravinski. Herbie Hancock  y Lang Lang  comparten genio y  sonidos de dos siglos.  Montreaux. Lago, montaña, música, el paraíso.

Lang Lang.  30 de mayo. Auditorio de Madrid. Un joven de etiqueta y cuello Mao se sienta al piano. Sus dedos se funden con el teclado en un revuelo de notas y pulsos. El niño prodigio de Shenyang me enamora al instante. Lang Lang, se expande en cada una de las melodías y arranca una pluma de ángel al silencio contenido de la sala.  Los veintisiete años. La madurez de un rostro transportado por el éxtasis.  Desearía alcanzar un atisbo de esa luz  en mis relatos. Desearía ser un genio. Y compartir  la fuerza y ternura de sus manos aladas.

Herbie Hancock. El piano que resuena en el coche de mi hermano.  Los acordes me arrancan del asiento con una fuerza que desborda mis entrañas.  Le hablo.  No me escucha, absorto en el ritmo  indescifrable  de una  mente  precisa. Hancock, un joven de 69 años. El prodigio de Chicago unido a la historia del jazz. El artista completo que domina los sonidos del marfil y los teclados eléctricos, construyendo melodías que transmutan los cuerpos en aire y agua.

Contrapunto.  Música clásica y  Jazz.  Ying y Yang.  El Liszt de Lang Lang y el Dolphin Dance de Hancock. Las imágenes irrepetibles de  Rhapsody in blue de Gershwin. Dos pianos abrazándose en un círculo. Irrepetibles no. Comienzan un ciclo de recitales. Anoto mentalmente  las fechas anhelando encontrar lugar entre aquellas almas privilegiadas. Y de cualquier modo, siempre nos quedan las imágenes.

Herbie Hancock & Lang Lang. Festival de Jazz de Montreaux.

Posteado por: Concha Huerta | 06/07/2009

Las sombras de Misha

Oscuridad velada de murmullo.  Olor acre de una sala repleta. Ansiedad. El telón se desliza y descubre una escena vacía. Un hombre menudo  y cano se enfrenta a un espejo de luz.    Mímica apoyada en  manos cargadas de expresividad. El hombre se desliza por las tablas en un susurro de elegancia con  el vals-fantasía de Clinka. El cuerpo transformado por la danza. La fuerza de la vida de Misha. 

Ansia de haberle visto bailar Giselle,  Cascanueces o Coppelia.   El  tercer cuadro reproduce el milagro.  Una imagen en blanco y negro  del  joven Misha enfrentando la gravedad en cada giro y salto.  Fuerza, potencia, perfección. En el escenario, el artista acompaña aquellos  pasos jugando con las siluetas de su  sombra, metáfora de un espíritu que el paso del tiempo no ha conseguido arrebatar. 

Baryshnikov no esta solo. Una joven Ana Laguna, con su larga trenza cana, interpreta dos coreografías de Mats Ek, su pareja, con el que desde hace dos décadas marca la vida de la danza.  El  solo para dos  y el dueto final.  Ana y Misha. La mejor interprete de Ek, el mejor bailarín  contemporáneo vivo. La armonía de dos cuerpos en movimiento, la fuerza y la delicadeza, el ritmo y la pausa, la vida y la muerte del artista en el escenario. 

En un instante la danza se congela y arranca un aplauso a cientos de palmas que abarrotan las gradas.  Ana y Misha saludan con el cuerpo extenuado y la sonrisa en la mirada.  Se encienden las luces. Los simples mortales abandonan la sala. Al salir el cielo nos sorprende con un estallido púrpura que acompañará  para siempre en mi retina  el recuerdo de la danza.

 mikhail_baryshnikov

Baryshnikov Arts Centre. Tres solos y un dúo. Matadero. Naves del español.

Posteado por: Concha Huerta | 03/07/2009

Niñas Malas

Tengo entre las manos una cubierta azabache. En el centro pedazos de una foto antigua. Dos  niñas haciendo muecas, ¿hermanas?, una mancha azul, otra sangre. 

Una historia en un jardín recorrido de envidias y palpitos, de niñas que observan extrañadas el devenir de la vida. El  jardín da paso a  pasillos interminables.   Una casa que no es un hogar y una escuela que enseña lo que no ha de saberse.  El descubrimiento del cuerpo. El haz de luz que rompe y lo renueva todo. La envidia.  Los lazos que entretejen la soledad absoluta. La niña se revela y se enquista en el alma de una mujer que perdió  la sonrisa.  Otros tiempos, otras gentes, la incomunicación de siempre. 

 Los ojos saltan de relato en relato en una rueda de  anécdotas que rasgan el alma. El corazón  se puebla  del imaginario de  mi amiga Marta Fernández-Muro, aderezado con la sutil ironía que impregna cada espacio. Tiempo y espacio ondulados por las fantasías arrancadas al sueño. Una mujer se compra un pulpo de compañía y lo suelta en la bañera. ¿Fantasía, deseo? Un imaginario que abarca cada una de las etapas de la vida  y que Marta observa desde una posición privilegiada.  

“Me fui durmiendo y soñé que en salón de la casa estaba mi madre con las manos descansando sobre la falda, que mi padre, a su lado, se fumaba un cigarro y que yo sentada en la alfombra leía un cuento y comprendía todas las palabras sin mirar los dibujos.” Cierro el libro y acaricio las tapas negras sintiendo el rastro de la  imaginación y la fuerza.   

Y el rostro iluminado de Marta al invitarme a la presentación de su primer libro.  Y los trazos ondulados sobre la primera página. Para Concha, la mujer más joven que conozco porque “renace” una y otra vez. Con amor. 

MARTA FERNÁNDEZ-MURO.  Niñas Malas. Ed. Huerga & Fierro. Madrid 2.009

 

niñas malas

Posteado por: Concha Huerta | 02/07/2009

Un saludo

Amanece una ciudad rosada. Entre las acacias pedazos de luna brillante. La luz anaranjada de una farola dibuja sombras en las ramas que cubren la calzada. Las hojas se ondulan con la brisa que saluda la mañana. La misma brisa que acaricia los cristales de tu ventana. Un viento promesa de lluvia roza mi cuerpo.

Tras el cristal un cuadro único que se desvanece con la mañana. Una esfera blanca de trazo infantil estampada de hojas tiernas. Las ramas gruesas de mi acacia se abren sobre la calle transitada de sonidos vespertinos. Un enjambre de golondrinas despide la noche con sus trinos. El cielo y las ramas se reflejan en cristales y cubiertas metálicas de autos entre líneas azuladas. Luna, ramas, cielo. Mi mente viajera, el lugar donde se encuentran nuestras almas.

Abro la ventana. Las hojas desbordadas de agua y fuego serpentean por las fachadas salpicándolas con texturas tropicales. El viento agita las ramas renovando la estancia con promesas de vida. La luz se abre paso entre hojas y trinos tiñendo de menta el acero, el cristal y las maderas hasta fundirse en la laca brillante del piano.  Trazos en ocres, azules y tierra, enmarcados en plata , vigilan  frente a la ventana el paso a la mañana. Un poco más de verde, un poco menos de ciudad.

Uno de julio, un nuevo mes, un nuevo proyecto. Arte, viajes, música. Estremecimiento. Me he despertado con el sabor de tus palabras en mis labios. Savia tierna que refresca mi cuerpo y se expande hacia el infinito. Déjame que te acerque las imágenes de mundos paralelos a través de mi ventana. Un espacio de experiencias y miradas donde compartir nuestros sueños.

Amanece

« Newer Posts

Categorías