Posteado por: Concha Huerta | 31/10/2010

Balada de otoño

Llueve,
detrás de los cristales, llueve y llueve
sobre los chopos medio deshojados,
sobre los pardos tejados,
sobre los campos, llueve.

Pintaron de gris el cielo
y el suelo
se fue abrigando con hojas,
se fue vistiendo de otoño.
La tarde que se adormece
parece
un niño que el viento mece
con su balada en otoño.

Una balada en otoño,

un canto triste de melancolía,
que nace al morir el día.
Una balada en otoño,
a veces como un murmullo,
y a veces como un lamento
y a veces viento.

Llueve,
detrás de los cristales, llueve y llueve
sobre los chopos medio deshojados,
sobre los pardos tejados
sobre los campos, llueve.

Te podría contar
que esta quemándose mi último leño en el hogar,
que soy muy pobre hoy,
que por una sonrisa doy
todo lo que soy,
porque estoy solo
y tengo miedo.

Si tú fueras capaz
de ver los ojos tristes de una lámpara y hablar
con esa porcelana que descubrí ayer
y que por un momento se ha vuelto mujer.

Entonces, olvidando
mi mañana y tu pasado
volverías a mi lado.

(P. de la Castellana. Madrid. Fotos: C. Huerta)

Se va la tarde y me deja
la queja
que mañana será vieja
de una balada en otoño.

Llueve,
detrás de los cristales, llueve y llueve
sobre los chopos medio deshojados…

Joan Manuel Serrat

Posteado por: Concha Huerta | 28/10/2010

Árboles de Durand

Clínica del Rosario. 2.30. Salgo del brazo de mi madre arrastrando el peso de un sobre abultado. Caminamos despacio por aceras ajadas hasta que nos sorprende la silueta ovalada de la Fundación Juan March. En el interior encontramos lienzos, gravados y dibujos de Asher B. Durand, en su primera exposición fuera de Norteamérica en 200 años. Descubrimos sus raíces, los primeros grabados de billetes y escenas políticas, los retratos de rostros lejanos y, sobre todo, sus paisajes.

Asher B. Durand. White mountains. 1857

Los paisajes de Durand sobrecogen con un realismo que destila esencias del bosque. Olmos centenarios, sierras, valles, cordilleras, riberas. Durand consagró su vida al paisaje americano, capturado en excursiones y recuerdos de infancia. Newark, Vermont, New Hampshire y Nueva York, la metrópoli en construcción donde completaría su obra y alcanzaría la fama. Durand, poco conocido en nuestra tierra es uno de los paisajistas más prestigiosos de América. No nos extraña. Basta deleitarse con los trazos perfectos de sus cuadernos de trabajo y compartir la belleza serena de cada uno de sus árboles.

Asher B. Durand. Study of trees. Catskill mountains. 1848-9

Los árboles de Durand. Su mejor legado. El sentido último del arte. Preservar el paraíso vegetal del XIX. Álamos, robles, sicomoros, abetos. El pincel de Durand reviste cada hoja con soplos de espíritu que destellan serenidad y liberan el alma de las tensiones diarias. Ramas majestuosas, troncos vencidos por el viento, cortezas de sombras chinescas. Un arte primordial que preserva la Naturaleza y nos devuelve por un momento la alegría.

Lansdcape. Birch and oaks. 1855-7

Los paisajes americanos de Asher B. Durand (1796-1886). Fundación Juan March. Madrid. Hasta el 9 de enero de 2011.

Posteado por: Concha Huerta | 25/10/2010

Bosque del Recuerdo

Domingo soleado. Dos de la tarde. Salgo de casa empujada por un ansia de respirar verde. Demasiado tarde para coger el coche y perderme en la sierra. Un taxi que me deja en la plaza de la Independencia entre una corriente de almas encaminadas al almuerzo. Me adentro en el Retiro por un camino lateral cubierto de hojas secas. El otoño hace tiempo que alcanzó este oasis en el corazón de Madrid que, sin embargo, rara vez visito.

Una ráfaga de brisa fresca me revuelve el cabello. Las acacias lloran lágrimas castañas. Las hojas se posan en un revuelo y cubren la hierba con un poso de melancolía. Me adentro en un bosque de copas altas. El Bosque del Recuerdo. Entre las ramas se filtra un sol limpio y maduro que enciende mis mejillas y el suelo de pinceladas menta. Un mirlo cruza el sendero con pasos apresurados. El mirlo que me saludaba cada atardecer en mi refugio de estío. Más adelante una niña de bucles dorados y ojos caramelo construye palacios de barro bajo la mirada atenta de un hombre recostado en un cedro. Los veranos explorando vegas y jardines con mi padre. Una urraca acecha entre silbidos que presagian grandes vuelos. Sonatas improvisadas de mis amaneceres en sobre el porche. Descanso un momento bajo las vainas maduras de una catalpa y descubro un murmullo de aguas que me envuelve en corrientes marinas. Arrecio el paso cargada de energía. La energía perdida tras meses entre torres de cemento. Mis pulmones comulgan con las ramas y se inundan de añoranza. Brisa, sol, tierra, agua. Reencuentro con los cuatro elementos en el Bosque del Recuerdo.

Retiro. Foto: C. Huerta

Bosque del Recuerdo. Parque del Retiro. Plaza de la Independencia s/n. Madrid.

Posteado por: Concha Huerta | 22/10/2010

Una guitarra española

Una guitarra en el Auditorio. Qué bien acopla sus acordes a violines, oboes y violas. Primeros compases del Concierto de Aranjuez. Fuerza y alegría, una doble corriente que atraviesa jardines y palacios castellanos en su camino a Andalucía. El primero de su género. La partitura ágil como una mariposa y ceñida como una verónica del Maestro Rodrigo cumple setenta años. Quizá la partitura más celebrada tras nuestras fronteras.

Cierro los ojos y me envuelvo en el ritmo trepidante de sus dos primeros temas, el ritmo de mis quince años. Los sacrificios reservando cada peseta para conseguir un sueño. Una guitarra española. Las tardes henchidas de cuerdas rasgadas para desvelar sus secretos, los acordes acompañando al coro de la parroquia cada sábado. Un deseo abandonado hoy al fondo de un maletero.

A mi izquierda, una madre canturrea el Adagio. Tras los cristales se le resbalan dos lágrimas. Una por la infancia perdida hace décadas en tierras gaditanas, otra por sentir el aliento de una hija que construyó su hogar tras el océano. Una hija que sigue los latidos de cada compas a golpes de muñeca, grabados en su corazón tras meses compartiendo el esfuerzo titánico de un hijo al adaptar el Concierto de Aranjuez a los instrumentos de la escuela.

A mi derecha, una hija admira con pupilas de azabache el revoloteo imposible de yemas y cuerdas. Las manos extraordinarias del joven que a sus treinta años conquista continentes abrazado a una guitarra. La orquestación final del Allegro envuelve al Auditorio en una danza sensual y nostálgica que culmina con entusiasmo el sueño del Maestro Rodrigo. Transmutar en música el sabor y los colores de su tierra elevando la guitarra al Olimpo del clasicismo.

Pablo Sainz Villegas

Concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo. The Israel Camerata Jerusalem. Dirección, Avner Biron. Solista, Pablo Sainz Villegas (guitarra). Auditorio Nacional de Música. Madrid.

Posteado por: Concha Huerta | 19/10/2010

Canciones de Thúy

A menudo se olvida la existencia de todas esas mujeres que llevaron sobre sus espaldas el Vietnam mientras sus maridos o sus hijos llevaban sobre la suya las armas. Se las olvida porque, bajo su sombrero cónico, no miraban al cielo. Sólo esperaban que el sol cayera sobre ellas para poder desvanecerse más que dormirse.

-¿Qué estás leyendo?

Ru, la opera prima de Kim Thúy, una vietnamita que vive en Montreal.

-¿Ru?

– Arroyuelo en francés y canción de cuna en vietnamita.

-¿Y de qué va?

-De recuerdos de la vida en Vietnam y el exilio tras la guerra, de olores y sueños, de madres e hijas, de niños y ancianos, de palacios y campos de refugiados. De calor y humedad de Saigón y de la nieve y el sueño americano en Canadá.

Mi madre se enojaba a menudo al verme tan poca cosa. Me decía que debía salir de la sombra, trabajar más mis relieves para que la luz pudiera reflejarse en ellos. Cada vez que mi madre intentaba sacarme de la sombra, de mi sombra, yo me ahogaba en llanto hasta agotarme, hasta que ella me abandonaba en el asiento trasero del coche adormecida en el calor tórrido de Saigón.

-¿Una biografía?

– Una serie de relatos encadenados. El estilo de Kim Thuy es intermitente. Pequeñas pinceladas que dibujan personajes y paisajes. La escritura fluye de una frase a otra entre silencios cargados de presencias. Alegrías, barbarie, injusticia, compasión, generosidad, afán de superación. Todo cabe en estas páginas, todo menos las perífrasis y las palabras superfluas. Una pequeña joya que me ha sorprendido.

Yo nunca he tenido más preguntas que las del momento en que puedo morir. Hubiera debido elegir ese momento antes de que llegaran mis hijos, pues luego perdí la opción de morir. El agrio olorcillo de su pelo cocido al sol, el olor del sudor en su espalda, por la noche, al despertar de una pesadilla… me obligaron y me obligan a vivir… Mis hijos me dieron el poder exclusivo de soplar en una herida para hacer desaparecer el dolor, de comprender palabras no pronunciadas, de poseer la verdad universal, de ser un hada. Un hada prendada de sus olores. ( Kim Thúy. Ru)


Ru. Kim Thúy. Traducción: Manuel Serrat Crespo. Alfaguara. 2010. 145 págs. Premio RTL-Lire 2010

Posteado por: Concha Huerta | 16/10/2010

Na Boca do Inferno

(Post en portugués. Para verlo en español pulsar En la Boca do Inferno. Traducción al portugués: Xico N. F.)

Vim a Comala porque me disseram que aqui vivia meu pai, um tal Pedro Páramo

Entardecer na Boca do Inferno. Arrasto-me com passos cansados entre rochas salpicadas de tomilho. À minha direita o horizonte vai engolindo a esfera incandescente que pinta de vermelho as nuvens. Maré alta, as ondas rasgam rugas no granito. Escolho uma rocha lisa e sento-me a olhar as gaivotas de jaspe: pinceladas sólidas que varrem a costa entre gemidos e se vão esfumando rumo ao Guincho, as areias da tua infância.

Um pássaro brincalhão geme ao rasar o solo, imitando um queixume de criança. Mais além ouviu-se dar um soluço de cansaço e todavia mais longe, onde começava a abrir-se o horizonte, soltou um grito e uma risada, para voltar a gemer depois.

A brisa envolve a tarde de murmúrios secos e espraia-se até à baia desenhada em azul tornezol. Ao longe um sino deixa no ar oito lamentos de eco metálico. A lua intermitente do farol de Santa Marta prepara a chegada do pôr do sol. Um corvo marinho lança, em espirais, as asas pardas às correntes oceânicas. Depois sobrevoa as rochas afogadas em espuma à procura de sustento. A visão é o seu voo solitário.

Faltava muito para o amanhecer. O céu brilhava de estrelas gordas, inchadas de tanta noite. A lua mostrara-se e escondera-se. Era uma dessas luas tristes que ninguém olha, de quem ninguém faz caso. Esteve ali por instantes desfigurada, sem dar qualquer luz, correndo a esconder-se atrás dos montes. (Juan Rulfo. Pedro Páramo)

Fecho os olhos e tento reter as imagens prenhes de beleza na necessidade de esbater a tua infinita ausência.

Boca do Inferno. Foto: C. Huerta

Pedro Páramo. Juan Rulfo. Obra Reunida. Traduçao: Ruí Lagartinho, Sofía Castro Rodrigues, Virgílio Tenreiro Viseu. Cavalo de Ferro Editores. 2010.

Posteado por: Concha Huerta | 13/10/2010

4 Estaciones de Testino

– Otoño –

Tardes en penumbra, corrientes de seda. El alma se envuelve en cada repicar de campanas. Suspiros trasmutados en lamentos. Recuerdos que acechan tras cada página. Rostros protegidos por coronas de ramas secas. A su alrededor las hojas se arremolinan en espirales de sueño. Tierra, viento, lluvia. El Tiempo en suspenso. El pasado nos alcanza con una flecha de melancolía.

Foto: Mario Testino. Sasha Pivovarova. Londres 2007

– Invierno –

Anochece sobre un lago de aguas blancas. Losas de mármol que esconden sueños de vida. La nieve abraza troncos y ramas y desdibuja el paisaje en una mancha única. Silencio. El sol a penas un resplandor en una pared yerma, desafiando la noche eterna. Plumas, gasas, sedas. La danza quebrada de una princesa condenada al destierro.

Foto: Mario Testino. Lara Stone. París 2007

– Primavera –

Primeras luces en la campiña. Una ninfa se despereza sobre la hierba fresca. Sus cabellos de ángel se mecen con la brisa. El campo se despierta entre cantos de aves y promesas de vida. Alza la mirada con ojos de agua en busca del padre que bendice la mañana. El cielo acaricia sus mejillas con toques de gracia. Mirada cristalina que condensa todas las preguntas del universo.

Foto: Mario Testino. Sasha Pivovarova. Londres 2007

– Verano –

Sangre y arena. Una diosa encarnada en gasas y tafetas. Los pétalos salvajes se enredan alrededor de un torso perfecto. La carne teñida por la exuberancia de un atardecer de agosto. Luces y sombras. Al fondo el rescoldo de un sol omnipotente que viaja hacia otras tierras. La plenitud de la vida. La sabiduría de la madre Naturaleza.

Foto:Mario Testino. Reese Witherspoon. París 2008

Mario Testino. Todo o nada. Museo Thyssen-Bornemisza. Hasta el 9 de enero de 2011.

Posteado por: Concha Huerta | 09/10/2010

Tras los pasos de Kawabata

En una tarde lluviosa en Kioto, sentado bajo la ventana, observo la lluvia caer y escucho su sonido sosegante.

Es aquí, en Hiragiya, donde recuerdo con añoranza la sensación de tranquilidad que pertenecía al antiguo Japón.

(Yasunari Kawabata).

Habitación de Kawabata en Hiragiya

Como te contaba, estuve en el Ryokan Hiragiya, uno de los más antiguos de Kioto. La construcción toda en madera y paneles de papel que se deslizaban sin ruido. El cuarto tenía una zona de sentarse y un baño privado de cedro. Una de las paredes se abría al jardín interior. El mismo jardín que contemplaba Kawabata desde la habitación de al lado. Los aparatos modernos estaban cubiertos con paños bordados para no quebrar la armonía. No imaginas la sensación de paz que daba. Tras relajarte en el ofuro, el baño tradicional japonés, te envolvías en un yukata a esperar la cena. Después retiraban la mesa y colocaban en su lugar el futón sobre el suelo.

Jardín interior

La comida espectacular. Desayuno tradicional y cena Kaiseki, la alta cocina japonesa. A las siete una señora en kimono se deslizaba por el cuarto y te servía a intervalos once platos exquisitos. Se arrodillaba para abrir y cerrar la puerta y cada vez que servía la mesa. Siempre con la misma cara sonriente, la máxima expresión del omotenashi, la legendaria hospitalidad japonesa. Más que una cena parecía un cuadro. El kaiseki es un arte que combina sabores, texturas y colores de cada alimento, siempre frescos, de estación y locales. Son platos pequeños pero que llenan muchísimo. Daba pena comérselos.

Hiragiya Kaiseki

Aperitivos (sakizuke)

Plato hervido (Nimono-Wan)

Sashimi (Mukouzuke)

De la plancha (yakizakana)

Plato frío (Hiyashimono)

Segundo (Oshinogi)

Verdura hervida con pulpo (Takiawase)

Plato de arroz (Gohan)

Variantes (Kou-No-Mono)

Postre (Mizu-Mono)

Hiragiya Ryokan. Nakahakusancho, Fuyacho Anekoji-agaru, Nakagyo-ku,
Kyoto 604-8094, Japan. Phone:(075)221-1136 Fax:(075)221-1139

Posteado por: Concha Huerta | 07/10/2010

La Bestia

Abro el periódico y me tropiezo con la reseña de una pieza inglesa. Tres actores en la oscuridad de una biblioteca. Joanna Lumley, encorsetada en un  salto de cama, encarnando a la princesa tiránica de La Bête, imaginada por David Hirson hace una década. David Hyde Pierce alzando la perilla en desafío, recién salido de un cuadro de Rembrandt, y Mark Rylance sonriendo entre dientes falsos, histriónico juglar que revoluciona las tablas con improperios.

Recuerdo la tarde que compartimos en las butacas abarrotadas del Comedy Theatre. El público rendido a las excentricidades del bufón cuya verborrea en pentámetros reduce un monólogo de cuarenta minutos a un momento. Acierto de dirección de Matthew Warchus. Todo un record concebido por un neoyorkino que soñó una comedia de Molière en el Languedoc de mil seiscientos.

Confieso mi desconcierto. Mi inglés se defiende mejor entre textos conocidos de Shakespeare. El tuyo saltaba con agilidad entre carcajadas que encendían el patio decimonónico. Disfruté de la puesta en escena, de la eterna batalla entre la vulgaridad y el refinamiento y de la dicción de David Hyde Pierce, voz conocida de Niles en los diez años de Frasier, una de mis series favoritas.

Se cierra el telón, los actores salen cuatro veces, algo inusual en la corte británica y nos levantamos con las manos entumecidas. Me preguntas qué me ha parecido la obra. Te contesto tres adjetivos: original, trepidante y magistralmente interpretada. Quizá por eso La Bête que reinó desde su estreno en el West End de Londres se traslada ahora a Broadway.

Joanna Lumley, Mark Rylance y David Hyde Pierce, en La Bête

La Bête de David Hirson. Dirigida por Mathew Warchus. Con Mark Rylance, David Hyde Pierce, Joanna Lumley. Hasta el 13 de febrero de 2011 en el Music Box Theatre de New York.

Posteado por: Concha Huerta | 04/10/2010

Villa Triste

Clínica Ruber, 8.30 am. Una enfermera me tiende dos vasos de plástico. Me dejo caer en un asiento prefabricado amarrado al suelo blanco. En la fila de la izquierda una joven rubia con el pelo estirado en coleta estudia unos apuntes. En la de enfrente un hombre con cabello blanco y bigote revisa una carpeta negra.

It must have been love… la música ochentera se entrelaza con el silencio de la espera. Todos esperan. La joven al compañero perdido entre escalpelos y vendas, el hombre a internarse en el dominio de las máquinas, la recepcionista a que den las once para salir por un café y un pitillo.

– Vaya paseo Anunciación, ¿a que no se esperaba usted esto?- Una mujer robusta empuja una cama ergonómica de la que sobresale un rostro consumido y unos nudillos que aferran el borde de la sábana. La anciana no responde y la cama desaparece tras la puerta bajo un piloto verde.

9.30. Silencio. Me cuesta respirar los vapores ácidos que desprenden las baldosas brillantes. Trato de concentrarme en el libro abierto que me acompaña esta mañana en la que el tiempo se ha detenido congelado.

-Es usted amigo de Yvonne?-

Se llamaba Yvonne, pues. Pero ¿y el apellido? Se me ha olvidado. Así que basta con doce años para que se nos olviden los datos de las personas que han tenido importancia en nuestras vidas.

Las palabras poco a poco se instalan en mi mente y me trasladan a una villa a orillas del lago Leman, alejándome con su hechizo de aquella espera condensada media hora, una hora, otra media hora.

Cuando el sol calentaba demasiado entrabamos un momento. Penumbra. Un charco de luz en el umbral. Flotaba un leve olor a moho al que habíamos acabado por acostumbrarnos.

-Agustín Sánchez- proclama la enfermera que se ha materializado en la sala improvisada entre los ascensores y la escalera.

El hombre canoso se alza de un salto y se pierde tras las puertas de quirófano. Una pareja conversa de pie frente a una mujer de cuyas piernas dobladas sobresale un bastón negro. Siento un golpe de aire frío. Me doy cuenta de que llevo hora y media sentada bajo la salida del aire acondicionado. Recojo mis cosas sobre el regazo y me arrastro de asiento en asiento hasta el final de la fila.

Flotábamos. Hacíamos ademanes infinitamente lentos y, cuando cambiábamos de sitio, era centímetro a centímetro. Reptando. Un movimiento brusco habría desbaratado el encantamiento. (Patrick Modiano. Villa Triste)

Punzadas en el estómago. Los isótopos diluidos con anises están alcanzando su destino. Las 10.30 y aún nadie ha pronunciado mi nombre.

Villa-Triste

Villa Triste.  De Patrick Modiano. Traducción de María Teresa Gallego Urrutia. Editorial Anagrama. Barcelona 2009. 191 págs.

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