Posteado por: Concha Huerta | 16/04/2010

Miradas de Wyndham Lewis

Reencuentro en Madrid.  Un paseo apresurado bajo una lluvia fina frente a escaparates de lujo deslucidos por el cielo plomizo. En Plaza de Salamanca me desvío por una acera tranquila entre palacetes neoclásicos. En el centro la figura blanca y redondeada de la Fundación Juan March. Espero tras las puertas de cristal. Carmen siempre llega tarde.

En el interior la retrospectiva del británico Wyndham Lewis. Cinco mujeres en gabardina y bolso de marca se reúnen con un joven de aspecto bohemio que les guía en la visita.  Seguimos sus pasos y nos adentramos en un laberinto de paredes oblicuas que acogen la mayor exposición sobre Lewis desde que en 1957 un tumor concluyera su obra prolífica.  

Instantáneas en blanco y negro. El joven Percy, con el cabello en los pómulos y la mirada inquieta, nos desafía desde un hueco en el pasado. El futuro tiene su historia, como la tiene el pasado…todo arte vivo es la historia del futuro. Los más grandes artistas, hombres de ciencia y pensadores políticos nos llegan desde el futuro- desde la dirección opuesta al pasado- (W.Lewis. Essay on the Objective of Plastic Art in our Time, 1922).

Caricaturas, ironía, sombras que se ríen de si mismas.  Trazos cubistas, una galería personal formas y colores que reaparecen a través de las décadas. Claroscuros, vértices de cantos pulidos, la geometría del Vorticismo, el modernismo en Inglaterra. Los dibujos para la obra de Shakespeare “Timon de Atenas” que marcarán el rumbo de una obra dominada por la abstracción y el simbolismo.

Timon of Athens. A feast of Overmen. 1913

Vanguardias y guerra. La guerra atraviesa de principio a fin la vida de Lewis.  Cuando me enfrenté por primera vez a la guerra cara a cara  lo hice sin llevarme conmigo un solo juicio moral. Nunca he sido capaz de considerar la guerra – la guerra moderna- como buena o mala. Es simplemente estúpida, y lo es en grado supremo” (W. Lewis. Estallidos y bombardeos).

Dualidad y genio. La ambición de crear un arte sin fronteras.  Contradícete. Para vivir debes permanecer dividido. Escritor y filósofo que anticipó corrientes de su época. Viajero incansable por una Europa palpitante de ideas. En el Prado admira y copia obras de Goya que teñirán sus lienzos de luces y sombras. Jeroglíficos de vanguardias modernas. Y entre ellos retratos de escritores, mecenas y poetas que sobresalen por su vitalidad y fuerza.  

T.S.Elliot. 1938

Imagino acaloradas discusiones con compañeros de artes en el Londres de principios del s. xx. Sobre la tiranía del buen gusto, los cánones de poesía, religión y política. La impotencia ante esfuerzo creativo olvidado por la crítica y que le llevó a sustituir los pinceles por las letras. Relatos, novelas, ensayo, críticas. Y en la madurez la vuelta a las telas y los retratos que le consagrarán como el mejor entre los retratistas británicos modernos.

Me habría gustado conocer a Percy en la intimidad del estudio de Holland Park. Observar sus dedos inquietos poblando cuartillas de líneas delicadas, desde la coronilla rizada de Froanna, modelo y mujer con la que compartiría su vida, hasta el borde insinuado de una butaca.  Nadie como él capaz de retratar el alma en cuatro trazos. Una imagen que enamoró a coetáneos como enamora a las miradas del futuro.   

Girl seated. (Gladys Anne- Froanna- Hoskyns) 1922

Wyndham Lewis. (1882-1957). Fundación Juan March. Madrid.  Hasta el 16 de mayo de 2010.

Posteado por: Concha Huerta | 15/04/2010

Augusta’s greens

(Post translated by M. da Silva from Spanish Verde Augusta)

Nine in the morning on a sunny Sunday. I am greeted by Mafalda’s sweet hug in the Oitavos golf course. I move my shoulders in circles to warm them up. I imagine a thin thread that runs from a tree bordering the fairway and my ball, as my teacher taught me. I take a deep breath and let my driver swing. I follow the white sphere until it comes to a halt to the right of the fairway. Mafalda’s turn is up. Her ball falls as far as mine but closer to the centre. We walk with our clubs and chat about work and family. Spring has awakened the grass enveloped in bird songs and sea breezes. I am not sure what I like best about this sport, the challenge of playing against oneself or the exuberance of the greens that surround me for a few hours.

We approach the flag. Mafalda, more experienced, manages a par in five strokes. It takes me seven. Not bad for someone who hasn’t played for the last three weeks. I mess up my swing on the tee off to the second hole and the ball is buried under pine straw. I note it as lost and hit another one. Pity. Every once I a while mistakes happen. Mickelson himself missed two tee-offs at Augusta National.

Augusta. Four days during which the planet’s golf elite comes together in an exuberant golf course, one of the most prestigious in America. The fairways surrounded by magnolias and old elms, the bridges over quiet waters and the stands brimming with excitement before Tiger’s reappearance after five months away from the greens. The weather dresses up in fineries and the sun shines over Georgia, in the heart of America.

 Tiger Woods in the 2nd hole bunker.

Augusta, the course that witnessed the birth of the man who would change the face of golf forever. Tiger and was the youngest winner of the Masters with the best score in its 67 years and he would come to wear the green jacket a total of four times. Tiger Woods, number one in the world’s ranking. I can’t help but hold my breath every time he hits the ball. Nor can I restrain a howl when an easy stroke becomes a torment. Tiger, a man of virtue and vice. It’s surprising that he reached the fourth place under such media scrutiny.

Augusta, a final that offered a succession of unbelievable strokes. Holes in one, two and three strokes brought forth a tide of ovations. The inspiration of a group of geniuses: Choi’s patient and quiet game as he accompanied Tiger’s ups and downs all week; Kim’s feat, who dropped 7 strokes to claim 3rd place; Manassero’s surprise in making the cut on Friday at the early age of sixteen; the happiness of Jimémez, the best placed Spanish player who finished 12th and especially  Westwood’s impeccable game, leader after three rounds, who only gave way before Mickelson’s supremacy. Phil Mickelson, whose game, both confident and precise, led him to wear the desired green jacket for a third time. Sixteen under par, a heroic exploit equal to that of his wife’s battle against breast cancer. How beautiful the image of Mickelson hugging Amy at the end of the Masters.

I prepare a 36 foot putt on the 9th hole’s undulating green. I hit the ball imagining a bucket of water meandering into the hole. The ball turns slowly, gains speed at the break and falls towards the darkness with a rap. I can hardly believe it. Mafalda gets her par and we happily high-five. We finish the game early, I have to clean up and prepare the luggage. I fall on the grass and feel its dense weft on my back which welcomes me with the softness of a jacket. Of a fresh, green jacket. My stay in Cascais is coming to an end. Not so the memory of another perfect day on the greens.

Angel Cabrera, defending his last year title,  greets Phil Mickelson  after winning Augusta’s Masters  on April 11th 2010 in Georgia. U.S.A. Photo: Associated Press.

Posteado por: Concha Huerta | 13/04/2010

Verde Augusta

Domingo soleado. Las nueve de la mañana.  Me encuentro con el abrazo afectuoso de Mafalda en el campo de Oitavos. Caliento los hombros en círculos. Imagino un hilo entre un tronco que delimita la calle y la bola como me enseñó mi maestro. Respiro hondo y suelto el driver. Sigo la esfera blanca hasta que se detiene a la derecha de la calle. Turno de Mafalda. Su bola cae a la altura de la mía pero más centrada. Caminamos con los palos comentando trabajos y familias. La primavera enciende la hierba entre cantos de aves y brisas marinas. No sé qué prefiero de este deporte, si el reto de jugar contra uno mismo o la exuberancia de verdes que me envuelven unas horas.

Nos acercamos a la bandera. Mafalda, mas experta, consigue un par en cinco golpes, a mi me cuesta siete. Nada mal para quien no ha jugado en tres semanas. En el segundo hoyo fallo el swing y la bola se entierra bajo los pinos. La doy por perdida y tiro otra. Gajes del deporte. De vez en cuando se cometen errores. Hasta el mismísimo Mickelson falló dos salidas en Augusta.   

Augusta. Cuatro días que dan cita a la elite del golf del planeta. Un campo increíblemente bello y difícil, el primer encuentro del año, el más prestigioso de América. Las calles rodeadas de magnolias y olmos centenarios, los puentes sobre aguas pacíficas, las gradas rebosantes de expectación ante la reaparición de Tiger después de cinco meses apartado de los circuitos. El clima se viste de gala y el sol brilla en esta tierra de Georgia, el corazón de América.

Tiger Woods en el bunker del hoyo 2. Foto: Associated Press.

Augusta. El campo que vio nacer al joven de color que revolucionaría el golf para siempre. El tigre que vestiría la chaqueta verde en cuatro ocasiones. El más joven y la mejor puntuación en los sesenta y siete años del Masters. Tiger Woods, el número uno. No puedo evitar contener el aliento cada vez que Tiger golpea la bola. Ni soltar un aullido cuando un golpe fácil se transforma en un tormento. Tiger, un hombre con virtudes y defectos. Sorprende que alcanzara el cuarto puesto entre tanta presión de los medios.

Augusta. Una sucesión de golpes increíbles. Hoyos en uno, dos y tres golpes que levantan una marea de ovaciones. La inspiración del coreano Choi, paciente y silencioso, la del americano Kim, que remontó siete puntos para terminar tercero, la de Manassero, que sorprendió al pasar el corte con tan sólo dieciséis años, la de Jimémez, el español que terminó decimosegundo y la del británico Westwood, líder los tres primeros días que sólo cedió ante la supremacía de Mickelson, rey del torneo, con un juego preciso y confiado que ha llevado a vestir por tercera vez la ansiada chaqueta verde. Dieciséis golpes menos que el par, toda una hazaña, que se suma a la de su esposa Amy en su lucha contra el cáncer. Hermosa imagen de Mickelson abrazándola al terminar el Masters.

En el hoyo nueve preparo un putt de doce metros ondulado hacia el mar. Imagino un balde de agua colándose en el pequeño hueco y lanzo un golpe que rodea el hoyo a la derecha. La bola rueda despacio, coge velocidad en el desnivel y se precipita en la oscuridad con un golpe seco.  Un milagro. Casi no puedo creerlo. Mafalda cumple su par y nos palmeamos contentas. Terminamos el juego,  tengo que recoger y preparar maletas. Me dejo caer sobre en la hierba. Su trama tupida acoge mi espalda con la suavidad de una chaqueta. De una chaqueta verde y fresca. Mi estancia en Cascáis se agota. No así el recuerdo de un día perfecto sobre la hierba.

Angel Cabrera, que defendía el título del año pasado, saluda a Phil Mickelson vencedor del Masters de Augusta 2010, el 11 de abril en Georgia. U.S.A. Foto: Associated Press.

Posteado por: Concha Huerta | 09/04/2010

Naturalezas vivas

Mañana soleada.  Desayuno frente al jardín encendido de verdes bajo un añil espléndido. Me acerco al vivero de Dona Helena. Tras el portón un vergel de geranios, margaritas, rosas, claveles y naranjos.  Contra la pared glicinias, campánulas y buganvillas. Al fondo una maceta abandonada con un par de flores rosas y blancas. Dona Helena me comenta que vendieron docenas camelias pero que ya pasó su tiempo. Escojo unos geranios para la piscina, unas rosas  para la terraza y la última camelia para la entrada.  

Atardecer en Lisboa. El jardín del Gulbenkian verde y sin flores, como todos los jardines de este invierno tan húmedo. Visito la exposición de bodegones del siglo de oro, a la que seguirá una segunda, sobre los siglos XIX y XX, el otoño del 2011. Bajo cinco escalones y me adentro en una penumbra salpicada de formas brillantes y fondos velados del barroco. Una época de luces tenues dominada por el arte de retratar objetos. Viandas y flores en salas de los Países Bajos, frutos del sudor y la tierra en caseríos castellanos, pabellones de caza y curiosidades francesas.  

Juan Fernández «El labrador».  Racimos de uvas.

Entre los cuadros escojo un par de racimos cargados de uvas doradas que desprenden un tibio olor a vino dulce. (Juan Fernández  “El labrador”. Racimos de uvas suspensos. c.1630). Un cesto de frutos madurados al sol de la campiña francesa cuyo interior acoge zumos del estío. (Louise Mouillon. Cesto con melocotones y uvas. 1631).

El juego sobrio y delicado de luces y sombras entre una jarra y porcelanas chinas. (Jan Jansz. Treck. Bodegón con jarra de estaño y dos fruteros Ming. 1651). Un plato cubierto de membrillos que esconde alegorías de pureza e imágenes de palabras divinas. (Zurbarán. Plato de membrillos y uvas. 1645)

Jan Jansz. Treck. Jarra de estaño y dos fruteros Ming.

Las páginas hinchadas de sudores y lágrimas que preservan memorias del destino final de quien las dibujó con sus letras. (Anónimo. Bodegón con libros y reloj de arena. c. 1667). Y un par de liebres abatidas en pose hierática que recuerdan la crueldad de la guerra, uno de los doce bodegones que Goya realizó para el comedor de su casa madrileña. (Francisco de Goya. Liebres. c. 1808-1012)

En la salida, jarrones de hogares nobles de un país enamorado de las flores. Me detengo frente a una composición de hojas salpicada de rosas, blancos y carmines con notas cargadas de lapislázuli entre mariposas, caracoles y libélulas. (Willem van Aelst. Florero y reloj de bolsillo. 1663).  Los pétalos perfectos de los claveles, rosas y camelias que descubrí esta mañana en el vivero de dona Helena.  Naturalezas vivas. Cuatrocientos años cautivando pinceles y letras.

Willem van Aelst. Florero y reloj de bolsillo.

A Perspectiva das Coisas.  A Natureza-Morta na Europa. Primera parte: séculos XVII y XVIII. Museu Caloustre Gulbenkian. Lisboa. Hasta el  2 de mayo de 2.010

Posteado por: Concha Huerta | 06/04/2010

Barcas y leyendas

Sol y viento. Mar salpicado de espuma. Bahía de Cascáis. Un barco se acerca. En cubierta, los hombres clasifican capturas y ofrecen los restos a las gaviotas. El cielo se cubre de aleteos y gritos. Descuelgan su botín de nasas en una barca atada a la proa. Dos de ellos emprenden el camino al puerto a golpe de brazadas.

Paseo por la explanada de los Pescadores con un libro en la mano. Escojo un banco de piedra caldeada y me sumerjo en historias de viajes, familia y barcos de la mano de Kirmen Uribe. Bilbao-New York -Bilbao. Un vuelo trasatlántico. Una muchacha en una romería capturada por Aurelio Arteta en 1917. Secretos mezclados con leyendas vascas. Otras generaciones, otras lenguas, preguntas sin respuestas. 

Los peces y los árboles se parecen. Se parecen en los anillos. Si hiciéramos un corte horizontal a un árbol veríamos sus anillos en el tronco. Un anillo por cada año transcurrido, así es como se sabe la edad del árbol. (Kirmen Uribe. Bilbao-New York-Bilbao)

Un hombre se ovilla sobre la quilla de una barca encastrada en la calzada. El pecho sobre las rodillas. El cuerpo cubierto por una camisa a cuadros negros. De cuando en cuando levanta la cabeza y murmura palabras que se pierden en el ondular de cascos y remos con los ojos encharcados en las aguas tranquilas del puerto.

Foto: C. Huerta

Los peces nunca dejan de crecer y por eso tienen anillos en las escamas. El anillo en las escamas lo crea el invierno. El hambre deja una marca oscura.  No se ve a primera vista pero está ahí. Como si fuera una herida que no ha cerrado bien. Lo que para los peces es el invierno, para las personas es la pérdida. Cada pérdida es un anillo oscuro en nuestro interior. 

Un pescador inspecciona la quilla de una barca sobre el espigón.  La mano izquierda envuelta en una tela raída, la piel marcada por una orografía de penurias. Una mata blanca se retuerce bajo la boina de lana. Un extranjero alto y pálido se acerca con una caja y un lienzo. El viejo desaparece tras la grúa que el municipio de Cascáis regaló al gremio hace diez años.

A Miguel le gustaba pintar. Una vez prometió a mi padre que le regalaría un cuadro donde se reflejara el episodio en el que los soldados británicos apresaron el Toki-Argia (Dos amigos) y arrestaron a mi padre en el puerto de Stornoway. “Aquella sí que fue una buena captura”, le recordó Miguel a mi padre cuando le dio el cuadro.  

Foto: C Huerta

Frente al paredón un par de manos curtidas limpian redes y sujetan centenares de anzuelos en el marco de un bidón de madera, cofre de redes en tierra. Luego lo coloca al resguardo de una pared ventilada. Cuerdas, anzuelos, nasas, anillas, remos abandonados en las cubiertas. Un universo de formas y colores marinos. Imágenes de otro siglo.

-En un principio la idea era escribir sobre el barco de mi abuelo. Y de paso escribir sobre una forma de vida que se está perdiendo. Una forma de vida unida al mar. Además, el nombre del barco es muy sugerente, Dos Amigos. Siempre he querido saber por qué le puso el abuelo ese nombre al barco.

Me levanto entumecida y me dirijo hacia la lonja. En la puerta de la Policía Marítima me cruzo con hombre de uniforme azul. Alto, moreno, robusto. El sol enciende unas letras bordadas en su pecho, P. Huerta. Dudo unos instantes y vuelvo sobre mis pasos. Le pregunto por ese apellido, mi apellido. Al parecer su abuelo se cobijó en estas tierras durante la Guerra. Podríamos ser primos. El destino termina siempre hilvanando anhelos y sueños.

Bilbao-New York-Bilbao. Kirmen Uribe. Premio Nacional de Narrativa 2009. Ed: Seix Barral.  Traducción: Ana Arregi. Barcelona, 2010. 207 págs.

Posteado por: Concha Huerta | 02/04/2010

Sueños de Alicia

Corro a través de un campo negro. Ramas secas azotan mis brazos desnudos. No puedo dejar que me alcancen. Tropiezo con algo duro. El suelo se desvanece y me precipito al vacío. El cabello se enrolla en el cuello en un nudo que me asfixia. Abro los ojos. En la oscuridad cuatro cifras rojas. Las 4:32 de la mañana.  Enciendo la luz y alcanzo un botellín de agua. Alivio de sed y pánico. Solo era un sueño. El sueño de Alicia.

Mañana soleada y fresca. Paseo hasta las fachadas rosas del Centro Cultural de Cascáis. Descubro en la segunda planta una exposición sobre Alicia. Veinticuatro acrílicos de Diogo Muñoz. Una aventura plástica que presenta a Alicia como una menina  de Velázquez  y cita obras de Picasso, Bacon, Paula Rego y Brueghel. El mundo onírico de Lewis Carrol enmarcado en las formas de los grandes maestros.

Atardecer en Beloura. Una butaca cómoda, unas gruesas gafas. La pantalla se expande  y nos envuelve con imágenes digitales. Alicia en el país de las Maravillas. Tim Burton vuelve a sus orígenes con Disney y construye con trazos góticos una Alicia que mezcla diseños y personajes reales y transforma el sueño de Lewis Carroll en sus propios sueños. Otra muestra del talento del director de Eduardo Manostijeras (1990) y La novia cadáver (2.005) que inunda desde noviembre la tercera planta del MoMa de espirales, personajes estilizados y colores fantásticos del surrealismo pop.

Una fiesta en la campiña inglesa. El anuncio del compromiso de una Alicia de dieciocho años con un Lord alérgico. Nos codeamos con jóvenes casaderas y parientes empeñados en arreglarle el futuro a esta joven inteligente y soñadora. Corremos tras un conejo blanco y caemos con Alicia en un pozo oscuro que la devuelve al sinsentido de los sueños olvidados. Metáforas  y referencias clásicas de un sacerdote anglicano aficionado a la lógica y las matemáticas. La galería de personajes de Lewis Carroll. La liebre de marzo, la oruga azul, el gato de Cheshire, y el sombrerero loco que han pasado los últimos diez años frente a una taza de té esperando a Alicia. La sota de corazones, el ejército de cartas. La cruel e impaciente Reina Roja con su palacio rodeado de cabezas cortadas. Las luchas de poder en el tablero de la vida. Alicia tendrá que vencer sus miedos y enfrentarse al dragón para devolver la corona a la pacífica Reina Blanca.

Me quedo con el Sombrerero Loco encarnado por un Johnny Deep histriónico pero adorable. Con ese toque de locura que el actor extrae del mercurio que tiñe cabellos, dedos y  pupilas, que curtía las pieles en la época. El Sombrerero loco, el mejor aliado de Alicia, un espíritu libre que transforma acentos y gestos según sus sentimientos. Sorprende cómo Deep consigue dotar a los personajes marginales de tanto encanto. Yo si fuera Alicia no abandonaría nunca este sueño.

Alicia en el pais de las Maravillas. Tim Burton. USA 2010. Con Mia Wasikowska, Johnny Deep, Helena Bohham-Carter, Anne Hathaway. Estreno en salas españolas el 16 de abril de 2010.

Posteado por: Concha Huerta | 01/04/2010

Nostalgic Lisbon

(Post translated by M. da Silva from the Spanish Desde Lisboa)

The last sun rays of twilight taint the centenary blue tiles of the facades that border the estuary with hues of amber. Quiet facades. Privileged witnesses to the thirst of conquest, with their narrow doors and balconies ripped by hands clutched in waiting. Behind the blue and white paving flow the restless waters of the wide river which, in spring, transport aromas of strawberries and cherry trees and, in autumn, cork-tree blades that disappear in the cold, deep currents of the ocean.

Senhor Bernardo struggles to climb the steep pavement. The heat and the humidity begin to relent at sunset, livening his short footsteps. To the sides storefronts mottled with old books, pumps and tailors. Further up, foreign brands on bright facades built after the great fire. The street leads to a square that homes a cracked elm and a terrace flooded by the scents of coffee and spices.

Lisbon has a certain number of eating establishments in which, on top of a respectable-looking tavern, there’s a regular dining room with the solid and homey air of a restaurant in a small trainless town. In these first-floor dining rooms, fairly empty except on Sundays, one often comes across odd sorts, unremarkable faces, a series of asides in life. (Fernando Pessoa. The Book of Disquiet)

Senhor Bernardo falls on a chair, uncovers his forehead and wipes the sweat off his head with a linen handkerchief. A waiter greets him with a bica and two pasteis de nata. He sips his drink whilst searching amongst strangers’ eyes for the face of one of his absent companions.  He opens a black notebook and gives in to his memories.

In these random impressions, and with no desire to be other than random, I indifferently narrate my factless auto-biography, my lifeless history. These are my Confessions, and if in them I say nothing, it’s because I have nothing to say. 

The night falls over the city and the bustle of cars and men fades away. A guitar accompanies a torn chant which is lost in the sea breeze blowing towards the horizon. The stars twinkle over the shadow covered hills and melt into thousands of light bulbs on the metal structure linking the city to its destiny. The echo of a lonesome cock, lost in an inner patio, breaks, now and then, the silence of daybreak.

 

Homage to Bernardo Soares, Fernando Pessoa ‘s alter ego in «The book of Disquiet«,  a master piece by the great Portuguese poet. Edited and translated by Richard Zenith. Penguin Classics. USA 2.001.

Notes: Bica, small cup of strong coffee; Pasteis de nata, traditional Portuguese custard tart.

Posteado por: Concha Huerta | 29/03/2010

Desde Lisboa

Los últimos rayos del crepúsculo tiñen de ámbar los azulejos de las fachadas centenarias que bordean el estuario. Testigos privilegiados de afanes de conquista, con sus puertas estrechas y balcones rasgados por manos aferradas a la espera. Tras el empedrado azul y blanco, discurren las aguas revueltas del ancho cauce que en primavera trasporta aromas de fresas y cerezos y en otoño briznas de alcornoques que se desvanecen en las corrientes profundas y frías del océano.

El señor Bernardo asciende con dificultad la acera empinada. El calor y la humedad comienzan a ceder en el ocaso avivando sus pasos cortos. A los lados escaparates abigarrados de libros viejos, zapatos de salón y sastres. Más arriba, marcas extranjeras en fachadas brillantes construidas tras el incendio. La calle desemboca en una plaza con un olmo quebrado y una terraza inundada de aromas de café y especias.

Hay en Lisboa unos pocos restaurantes o casas de comidas en los que, encima de una tienda con hechuras de taberna decente, se alza un entresuelo que tiene el aspecto casero y pesado de un restaurante de ciudad pequeña sin tren. En esos entresuelos poco visitados, excepto los domingos, es frecuente encontrar tipos curiosos, caras sin interés, una serie de apartes en la vida. (Fernando Pessoa. Libro del Desasosiego).

El señor Bernardo se deja caer en una silla de enea, se descubre la cabeza y retira el sudor de la coronilla con un pañuelo de lino. Un camarero le saluda con una bica y dos pasteis de nata. Él bebe a sorbos buscando entre ojos desconocidos el rostro de alguno de sus compañeros ausentes. Abre un cuaderno de tapas negras y se abandona a sus memorias.

Envidio – pero no sé si envidio- a aquellos de quienes se puede escribir una biografía, o que pueden escribir la propia. En estas impresiones sin nexo, ni deseo de nexo, narro indiferentemente mi biografía sin hechos, mi historia sin vida. Son mis Confesiones, y, si nada digo en ellas, es que no tengo nada que decir.

La noche se cierra sobre la ciudad y el bullicio de hombres y coches se desvanece. Una guitarra acompaña un canto desgarrado que se pierde en la brisa del mar hacia el horizonte. Las estrellas titilan sobre colinas abigarradas de sombras y se funden con millares de hilos incandescentes de la estructura de acero que une la ciudad a su destino. El eco de un gallo solitario, perdido en un patio de vecinos, quiebra de cuando en cuando el silencio de la madrugada.

 Notas:  bica, café de aroma  intenso;  pasteis de nata, hojaldre reyeno de crema típico de Lisboa.

Tras los pasos de Bernardo Soares, alter ego de Fernando Pessoa Libro del Desasosiego. Traducción y edición de Ángel Crespo. Editorial Seix Barral. Barcelona 2.008. 425 págs.

Posteado por: Concha Huerta | 26/03/2010

Entre camelias

Mañana de cielo cubierto. Promesa de lluvias.  Me acerco al palacio de Vistalegre para capturar instantáneas de las camelias que florecieron en marzo. Macetones de hojas de un verde intenso salpicadas de sueños de oriente. La belleza de sus pétalos sobrecoge y traslada a otros mundos. Camelias blancas inmortalizadas por la pluma de Dumas y las árias de Verdi en historias románticas. Las que revolucionaron la moda de la mano de la joven Cocó en los años veinte. Camelias rosas que encienden corolas de pétalos satinados en armonía perfecta. Pinceladas maestras de la madre Naturaleza. Las camelias del Thyssen. Un regalo para los sentidos.

Foto: C. Huerta

Vuelvo a casa con un botín de pétalos y hojas. De palabras e imágenes que pujan por plasmarse en la nube y traspasar fronteras. Me acomodo frente a una pantalla azul brillante. Al abrir la página del Thyssen encuentro una sorpresa. José María Goicoechea, Director de Comunicación del museo Thyssen – Bornemisza, reseña en el post Camelias del blog En Teletipo mi texto Monet: caminos y sueños. Todo un lujo. El mejor regalo de la primavera que comienza. Con su permiso, procedo aquí a copiarlo.

 

Camelias

(Publicado por José María Goicoechea el 18 de marzo de 2.010)

«Es entre los columnistas de los periódicos (ahora hay que incluir en este grupo a algunos blogueros, claro) donde se pueden encontrar miradas diferentes, incluso alternativas. Las reseñas o las críticas de exposiciones, libros u obras de teatro tienen como primer objetivo la información, mientras que el columnista puede permitirse (debe, incluso) andar por otros caminos.

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Si se apartan los opinadores de política y economía, por un lado, los de televisión, por otro, los de la crónica social, por allá, es cierto que no hay tantos columnistas que escriban de cultura y de sus ramificaciones. Por el lado de las ramificaciones, está Mónica Fernández-Aceytuno, habitual de las páginas de ABC. Su terreno es la naturaleza, el campo, y hablando de árboles, de animales o de paisajes, suele hablar de literatura, de pintura… Suyos son algunos excelentes artículos sobre el escritor José Antonio Muñoz Rojas, por ejemplo. Y el otro día, visitó, según se lee en una de sus columnas, la exposición Monet y la abstracción, y decidió hablar de los nenúfares, por supuesto: “Todo se olvida al entrar en la sala de los nenúfares –escribe– . Puede que no haya una flor más arriesgada. Hasta el nombre, cuesta escribirlo sin sentir que te vas a caer por el precipicio de la cursilería. Pero Monet se agarra a lo verdadero, que es lo que cada uno lleva dentro. La mirada y lo que se ve y lo que se siente al mismo tiempo, hecho pincel y pintura, porque lo que vale no es la verdad, la realidad, lo que está tal cual ahí mismo, si no lo que es, tras habernos atravesado. La naturaleza después de su paso por la imaginación, la inteligencia y el alma de una persona”. También se fija en las flores que están fuera de los cuadros: “Y el Thyssen. Sus camelias de la entrada ya florecidas en grandes macetas, tan bien cuidadas que las hojas conservan su verde oscuro, de estanque en la noche, como si se alimentaran de la umbría”.

En las camelias se detiene, asimismo, la bloguera Concha Huerta: “Alcanzo las verjas del palacio de Villahermosa. En la entrada una hilera de macetas. Verdes salpicados de blanco y fucsia. Las camelias del Thyssen, diecisiete años iluminando los inviernos de la villa. En el interior una de las exposiciones más anheladas”.

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Posteado por: Concha Huerta | 23/03/2010

Primavera de poetas

Tiempo de primavera, promesas de sol y agua encienden paisajes de pétalos y sabia. Las aves escogen nuevos nichos, las liebres desbrozan madrigueras. Los hombres sueñan esperanzas. Veintiuno de marzo, inauguramos la estación celebrando el Día de la Poesía, de las palabras que rescatan sonidos a la belleza en diversidad de voces y rítmos de la Tierra. Primavera de poetas. Las plazas se inundan de rimas y letras que hilvanan apariencias.  

De entre los poemas, escojo dos fragmentos de Aquí, de Wislawa Szymborska.  Por la belleza que contiene  su revisión de lo cotidiano, por la cercanía  de sus estrofas que exaltan lo extraordinario de compartir tiempos y lugares. Compartir. La meta de mis propias letras. Todos mis poemas nacen del amor, pues toda creación poética es en el fondo una forma de amor hacia el mundo. (El poeta y el mundo. Discurso de aceptación del Nobel de W. Szymborska. 1996). El secreto que ha lanzado a este pequeño libro al olimpo de los deseados durante catorce semanas. Todo un record.

Aquí (Tutaj)

No sé cómo será en otras partes.

Pero aquí en la Tierra hay bastante de todo.

Aquí se fabrican sillas y tristezas,

Tijeras, violines, ternura, transistores,

Diques, bromas, tazas.

Puede que en otro sitio haya más de todo,

Pero por algún motivo no hay pinturas,

Cinescopios, empanadillas, pañuelos para lágrimas.

.       .       .

La vida en la Tierra sale bastante barata.

Por los sueños, por ejemplo, no se paga ni un céntimo.

Por las ilusiones, sólo cuando se pierden.

Por poseer un cuerpo, se paga con el cuerpo.

                  

 Idea (Pomysl)

Me vino a la cabeza una idea

¿Para un verso?, ¿un poema?

Muy bien – le digo- , quédate, hablemos.

Tienes que contarme más de ti.

               Ella me murmura algo al oído.

Ah, se trata de eso – le digo- interesante.

Desde hace mucho me preocupa ese asunto.

¿Pero un poema sobre eso? No, seguro que no.

               Ella me murmura algo al oído.

Eso es lo que tú crees – le respondo- ,

Sobreestimas mi capacidad y mi talento.

Ni siquiera sabría cómo empezar.

                             .      .      .

               Ella solamente suspira.

               Comienza a desaparecer.

               Y desaparece.

  

 Aquí. Wislawa Szymborska. Edición bilingüe. Traducción: Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia Soriano. Bartleby Editores. Madrid. 2009. 67 págs.

NOTA: Las imágenes resaltadas en el primer párrafo corresponden a cuadros de la exposición Monet y la Abstracción del Museo Thyssen-Bornemisza y la Fundación Caja Madrid (Hasta el 30 de mayo de 2010).

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