Mañana gris, tarde con decimas. La gripe finalmente conquistó mi garganta. Sobrevivo a base de té con miel y caldo de gallina, recetas de la abuela. Observo desde la cama las luces atenuadas por los visillos. Brillos iridiscentes que me envuelven en el ensueño. Cierro los ojos y me traslado al Bombay de los cincuenta, a la piel de Saleem, un joven de que se debate entre supersticiones y miedos. Un joven cuyo destino está irremediablemente unido al de la tierra de sus ancestros.
Hijos de la medianoche. Una generación que lucha por encontrar un lugar en la historia. Salman Rusdie construye una epopeya que alterna drama e ironía en un retrato mágico de la nueva India. La matanza de Amristsar, el secreto de un aya, el asesinato de Gandhi, los poderes de una nariz superlativa, la partición de Paquistán, los ritos prohibidos. Madres, hermanas, viudas, velos, amores secretos, venganzas. Metáforas de una democracia convulsa. Rusdie dibuja una cacofonía de voces que danzan al son de las pasiones y miserias de su tierra milenaria.
Hijos de la medianoche. Durante una semana acompañan mi vigilia entre la fiebre y el sueño, entre sombras y fuegos de artificio, inundando mi alma de esencias de la India.
Hijos de la Medianoche. Salman Rusdie. Traducción Miguel Sáenz. Mondadori. Colección De Bolsillo. Barcelona 2007. 787 págs. Premio Brooker 1981. Broker of Brokers. (Mejor de los premiados en los 40 años del Brooker Price).






















