Una tarde en el Thyssen. Corot, Monet y Van Gogh nos saludan en la entrada. En la primera sala paisajes salpicados de puentes lejanos, acueductos milenarios, muros resquebrajados. La fascinación de los románticos por la naturaleza incrustada de ruinas. A su lado una maraña de grises y verdes con que Cezanne la interpreta rocas cien años más tarde. Era un espectáculo inolvidable ver a Cezanne instalado a su cabellete pintando, mirando los campos: estaba verdaderamente solo en el mundo, ardiente, concentrado, atento, respetuoso. Una mirada única.

Paul Cezanne. Peñascos en el bosque. 1893.
Cuando alcanzamos Barbizón, el aire se ha llenado de retamas. Imagino a Corot, padre del impresionismo, tomando apuntes en su caballete, fascinado por los claros de luz entre la espesura, por sus robles centenarios y las aguas estancadas en pantanos y liberadas en cascadas. Más allá, una pradera de espigas que Sorolla viste de lluvia, presagios de tormenta. Las montañas se funden con el cielo.

Joaquin Sorolla y Bastida. Tormenta sobre Peñalara, Segovia. 1906
Estudios de troncos y ramas. Soberbio el abedul de Durand que domina un lago con prestancia regia. Delicado el bosquecillo de Monet que parece proteger los sueños de las aldeas en la campiña francesa. Imagino sus días al aire libre capturando corrientes liberadas tras el deshielo o la humedad rosada de la lluvia en la mañana. Con esa mirada impresionista tan característica. El verdadero padre de la escuela al aire libre.
Claude Monet. Lluvia en Belle ILe en Mer. 1886
Tras Monet, dos lienzos de van Gogh que no conocía. Me sorprenden las pinceladas gruesas que parecen escapar del lienzo con que intentaba capturar el mistral que tanto le obsesionó en sus veranos en Francia. Las amapolas entre trigales, que danzan al son de otros vientos. Los paisajes de van Gogh son siempre dramáticos. Quizá sea entre los impresionistas el que mejor haya captado la verdadera fuerza de la naturaleza.

Vincent van Gogh. Campos de trigo y amapolas. 1888
Campos y nubes. No podían faltar en esta exposición tan completa la representación británica. Esclusas de Constable, el gran paisajista, que elevó la categoría de las nubes dándoles protagonismo en todos sus cuadros. Minuciosos estudios de luz y color en sus formas más puras. Magníficos los dos estudios de cielos. Espectacular una tela de Turner, mi favorito, de verdes brumosos que hechizan el alma. Una maravilla.

Joseph Mallord William Turner. Sauces junto a un riachuelo. 1805
Y al final, el mar salpicando de espuma la mirada. Aguas tranquilas y bravas, recorriendo playas y montañas, bajo acantilados románticos. Verdaderas esculturas en piedra. Es como si sintiera la brisa en la cara, comenta mi madre entusiasmada. Qué maravilla esta inmersión en aguas y praderas. Una oportunidad única de recrear la belleza de bosques y playas en el corazón de la metrópoli.

Claude Monet. Acantilado y Porte d’Aval con mal tiempo.1883.
Impresionismo y aire libre. De Corot a Van Gogh. Museo Thyssen-Bornemisza. Madrid. hasta el 12 de mayo de 3013.