Noche cubierta y seca. El aire corta cada milímetro de piel no cubierta. Este año el invierno acerca Madrid al norte de Europa. Encuentro con una amiga en el Teatro Bellas Artes. En el vestíbulo un enjambre de rostros conocidos que acuden a la presentación de La Abeja Reina, la nueva obra de Verónica Forqué.
Nos desembarazamos de abrigos, bufandas y gorros y esperamos a que la función comience. Murmullos de rostros conocidos. Actores, críticos, periodistas. En el escenario, un patio se abre a un jardín inundado de flores y plantas. El patio que fascino a Verónica cuando en 2.002 descubrió la comedia Humble boy de Charlotte Jones en el West End londinense.
Aquel día se imaginó transformada en Flora Humble, la viuda que mantiene un halo de glamur rancio tras cuarenta años enterrada en una aldea de la campiña inglesa. Una verdadera reina que despliega seducción y veneno entre quienes la rodean: la vecina abnegada, el hijo cargado de complejos, el eterno admirador y su hija resentida.
Desde entonces, se propuso adaptar la obra al español y levantarla con la ayuda del gran Miguel Narros. El trabajo de “La abeja reina” no ha sido nada fácil, porque los personajes que plantea son sumamente complejos… hay un gran contenido de la literatura dramática inglesa y lo que la diferencia de las demás obras es que se cuenta lo mismo pero de forma distinta (M. Narros). Apicultura, jardinería, Shakespeare, astrofísica y Glenn Miller, en una mezcla para todos los públicos que ha levantado expectación donde se ha estrenado.
Paralelismo entre el hijo pródigo y Hamlet. El hijo que abandonó la familia para estudiar astrofísica, enfrentado al momento y a la sociedad de su tiempo. El hijo que descubre el adulterio de su madre en los funerales de un padre por el que sentía una mezcla de admiración y vergüenza. El hijo indeciso, enamoradizo y como Hamlet, al borde de la locura.
Seis actores nos trasladan al ambiente caótico de una familia ahogada en la mediocridad, las ambiciones frustradas y los secretos. Como el de la vecina solterona que esconde una auténtica niña mala, soberbiamente interpretada por Marta Fernández Muro que arranca aplausos a mitad del segundo acto. Miguel Rellán seduce y baila alrededor de su musa. Verónica se muestra en el esplendor de una carrera brillante. Delicada y despiadada. Ocurrente e iluminada. Una verdadera Abeja reina.
Out of the night that covers me,
Black as the Pit from pole to pole,
I thank whatever gods may be
For my unconquerable soul. –
1982. Robben Island´s 466/64 prisoner digs out white stone with his bare hands, like he has done every day for the last 18 years. At sunset he extends his aching back over a straw mat whilst his mind takes flight and dreams. He dreams of uniting his beloved land. He dreams of conquering the enemies that strangled South Africa for so many years.
1994. Nelson Mandela is elected fist President of the South African Democracy. Mandela. Living symbol of the fight against apartheid attained power with new weapons, integrity, generosity, greatness of spirit. Mandela. Peace Nobel Prize, Principe de Asturias, Ambassador of Conscience. Shrouded in the twilight of the distant city of Memphis, Morgan Freeman looks in the mirror and dreams. He dreams of embodying Madiba, the statesman of Qunu. He dreams of finding a story capable of transmitting the power and charisma of this unique leader.
In the fell clutch of circumstance
I have not winced nor cried aloud.
Under the bludgeonings of chance
My head is bloody, but unbowed. –
1995. Inside Pretoria’s Palace, the President finds his country divided after 50 years of hatred. The oppressed clamour for vengeance, the Afrikaners are fearful. The urns are of little use in a nation immersed in chaos and threatened by the ghost of civil war. Mandela needs a miracle. Sport will show him the way.
2008. John Carlin publishes “Playing the enemy” which unveils the keys to the South African unification surrounding Mandelaand rugby. Morgan Freeman has finally found his story, now he needs a team on par with the Nobel winner. He chooses Clint Eastwood, the director who tended him the Oscar for Million Dollar Baby, and Matt Damon, the young actor and Oscar winner, to stand opposite himself. The result is the film Invictus. A celebration on the first 20 years of the new South Africa.
Beyond this place of wrath and tears
Looms but the horror of the shade,
And yet the menace of the years
Finds, and shall find me, unafraid.
1995. The Rugby World Cup is played for the first time in South Africa. This is the President’s opportunity. However Rugby was the symbol of racial division, the Afrikaner king sport. Mandela’s streak of genius was to support and promote the Springboks, a demoralized and leaderless team. Against all odds, the South African team makes it to the finals against the All Blacks from New Zealand.
June 23rd. François Pienaar (Matt Damon), captain of the South African team, dreams of victory. However he doesn’t count on it. His rival’s supremacy on the final is overwhelming. Morgan Freeman transmuted in Madiba gives him a note containing the poem that helped him to get through 9.000 days of imprisonment. Invictus, the William Ernest Henley chant to overcoming and inspiration.
It matters not how strait the gate,
How charged with punishments the scroll, I am the master of my fate; I am the captain of my soul.
June 24th . Ellis Park Stadium witnesses the miracle. Minutes before the game begins, President Mandela goes out to greet the players wearing the number 6 Springboks t-shirt -captain Pienaar´s number- on his back. The South African team will play for Mandela. And after overtime they conquered a victory that united black and white in an historic embrace. A Victory that fulfilled Martin Luther King and Nelson Mandela´s dreams.
Out of the night that covers me,
Black as the Pit from pole to pole,
I thank whatever gods may be
For my unconquerable soul. –
In the fell clutch of circumstance
I have not winced nor cried aloud.
Under the bludgeonings of chance
My head is bloody, but unbowed. –
Beyond this place of wrath and tears
Looms but the horror of the shade,
And yet the menace of the years
Finds, and shall find me, unafraid.
It matters not how strait the gate,
How charged with punishments the scroll, I am the master of my fate; I am the captain of my soul.
Desde la noche que sobre mi se cierne,
negra como su insondable abismo,
agradezco a los dioses si existen
por mi alma invicta.
1982. El reo 466/64 de la prisión de Robben Island arranca cal a la tierra con sus manos de ébano, como cada jornada los últimos dieciocho años. Al atardecer extiende el torso castigado sobre una esterilla de paja mientras su mente emprende el vuelo y sueña. Sueña en conquistar al enemigo de su tierra.
1994. Nelson Mandela es elegido el primer presidente de la democracia surafricana. Mandela. Símbolo de la lucha contra el apartheid, que alcanza el poder con armas nuevas, integridad, generosidad, grandeza de espíritu. Mandela. El Nobel de la paz, el Príncipe de Asturias, el Embajador de la Conciencia. En el ocaso de la lejana Memphis, Morgan Freeman se mira en el espejo y sueña. Sueña encarnarse en Madiba, el estadista de Qunu. Sueña encontrar una historia capaz de plasmar la fuerza y carisma de este líder único.
Caído en las garras de la circunstancia
nadie me vio llorar ni pestañear.
Bajo los golpes del destino
mi cabeza ensangrentada sigue erguida.
1995. En el palacio de Pretoria, el presidente se encuentra un país dividido tras cincuenta años de odio. Los oprimidos claman venganza, los afrikáners recelan. De poco sirven las urnas en un país sumido en el caos y amenazado por el fantasma de la guerra civil. Mandela necesita un milagro. El deporte le mostrará el camino.
En 2008 el periodista John Carlin publica Playing the enemiy (El Factor Humano), que desvela las claves de la unificación de Suráfrica en torno a Mandela y el rugby. Tras quince años Freeman ya tiene su historia, ahora necesita un equipo de la talla del Nobel. No lo duda. Clint Eastwood, el director que le tendió el Oscar por Million Dollar Baby y Matt Damon, el joven actor también oscarizado para darle réplica. El resultado, Invictus. Un pedazo de historia. La celebración de los veinte primeros años de la nueva Suráfrica.
Más allá de este lugar de lágrimas e ira
yacen los horrores de la sombra,
pero la amenaza de los años
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.
1995. El mundial de rugby se disputa por primera vez en Suráfrica. La oportunidad del líder. El rugby era el símbolo de la división racial, el deporte afrikáner por excelencia. La genialidad de Mandela será apoyar y promover a los springboks, un equipo desmoralizado y sin líderes. Contra todo pronóstico, la selección Surafricana se clasifica para la final contra el equipo favorito, los All Blacks de Nueva Zelanda.
23 de junio. Víspera de la final de la Copa del Mundo. Francois Pienaar (Matt Damon), capitán de la selección surafricana, sueña con la victoria. Pero no se hace ilusiones. Su rival es de una supremacía arrolladora. Morgan Freeman transmutado en “Madiba Magic” le entrega una nota. Las palabras que ayudaron a Mandela a superar 9.000 días de encierro. Invictus, el poema de Willian Ernest Henley, un canto a la superación frente a la enfermedad y la muerte.
No importa cuán estrecho sea el camino,
cuán cargada de castigo la sentencia. Soy el amo de mi destino; soy el capitán de mi alma
24 de junio de 1995. El estadio Ellis Park será testigo del milagro. Minutos antes de comenzar el partido, el presidente Mandela sale a saludar a los jugadores vistiendo la camiseta de los springboks con el número 6 del capitán Pienaar. El equipo surafricano jugará por Mandela. Y tras la prórroga, la Victoria. Una victoria que fundió en un abrazo a blancos y negros. El sueño de Martin Luther King. El sueño de Mandela.
Out of the night that covers me,
Black as the Pit from pole to pole,
I thank whatever gods may be
For my unconquerable soul. –
In the fell clutch of circumstance
I have not winced nor cried aloud.
Under the bludgeonings of chance
My head is bloody, but unbowed. –
Beyond this place of wrath and tears
Looms but the horror of the shade,
And yet the menace of the years
Finds, and shall find me, unafraid.
It matters not how strait the gate,
How charged with punishments the scroll, I am the master of my fate; I am the captain of my soul.
Cortinas de buganvillas se mecen alrededor del porche con la brisa que renueva el aire estancado por la calima. Las ramas salpicadas de fucsia se agitan y desprenden polvos blancos. El sol se cuela entre el seto de aligustres que esconde la casa de miradas y trasforma la piscina en un mosaico de espejos oscilantes. Un mirlo se refresca en el borde de caliza haciendo vibrar su manto azabache. De un salto alcanza el murete sobre los geranios e inunda la tarde de trinos brillantes.
En la sombra del porche una mujer descansa envuelta en una túnica. Recostada sobre el tresillo, inmóvil pero no dormida. Una mano dibuja círculos entre las colinas ilíacas y la otra acaricia las costuras abiertas de un pañuelo. La tarde y la mujer languidecen entre calores y golpes de aire que crecen por momentos. Una racha levanta los pliegues de la falda sobre las rodillas. La mujer se incorpora en el asiento y comienza un leve balanceo. De sus labios escapa el murmullo de una nana que se pierde en el viento.
Ecos de voces en el garaje. Rita ha extendido la tabla bajo el portón abierto a la corriente. Apila camisones y sábanas en una cesta de mimbre mientras tararea tonadillas de su tierra. Leyendas del mar y de siembra, de mozas, campesinos y barcos perdidos en corrientes. Desliza la plancha sobre el tejido húmedo abriendo surcos tirantes. En el dorso de la mano una cicatriz recuerda su infancia entre hojalatas. Dobla una toalla, recoge la tabla y sube a la cocina.
El jardín se va inundando de hojas y polvo. El viento arrecia y su murmullo empasta los sonidos de la villa. Un motor que se aleja. Una radio tras la ventana. El toque de unas campanas. Los perros se inquietan y ladran en oleadas que alcanzan las columnas del porche. El mirlo enmudece y emprende el vuelo. La mujer se levanta. Una ráfaga atrapa cabellos y gasas mientras cruza el jardín y entra en la casa.
Angelita aparece en la sala con una bandeja. Sobre un tapete de encaje, un servicio de té y un pastel de hojaldre con una velita blanca. La mujer contempla el jardín desde la jamba de abierta de la puerta. El viento crecido en vendaval doblega cipreses y buganvillas con rugidos que retumban en los muretes del patio. Legiones de pétalos y hojas rosas se enredan en parterres y macetas hasta alcanzar la piscina. Luego se empapan y desaparecen en el fondo opaco de las aguas.
Angelita se acerca a la mujer y le cubre con una toquilla. Al sentir la mano cálida en el hombro la mujer se vuelve y descubre la bandeja sobre la mesa. Da unos pasos con los ojos encharcados y los cabellos revueltos de hojas.
– Vamos señorita María, siéntese y descanse. Le he preparado un té con una sorpresa. No creería que íbamos a olvidar su aniversario – dice Angelita en tono maternal cerrando la puerta.
– Mi aniversario- repite ella.
– ¿Se siente mal? ¿Quiere que llame al médico?- dice Angelita mientras intenta soltar el pañuelo atrapado entre los dedos blancos de la mujer, con una fuerza que no parece de ella. El viejo pañuelo con las iniciales M.R.
– No es nada. Solo el viento. El viento que siempre me arranca lágrimas.-
Boreas. John William Waterhouse. 1903
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Un relato con viento. Otro reto lanzado por Carme y David. Recomiendo la lectura de estos otros vientos:
Una vez al mes Don Francisco recorría el camino largo, aquel que cruzaba la quinta y la carretera hacia la ciudad que refulgía en el horizonte. Se vestía la camisa almidonada, la chaqueta de comuniones y aniversarios y se peinaba las canas con agua de azahar y romero.
Terminaba el desayuno y se despedía de Clara con una promesa en los labios. Un paseo de hora y media bajo cielo despejado, dos horas si había de rodear el cerro para evitar aguas encharcadas. Viajaba ligero de carga, un billetero, un pañuelo de lino y una libreta de tapas blandas entre los bolsillos de lana.
Al alcanzar la calle Nueva entraba en el Bar Estrecho y saboreaba un expreso mientras repasaba los nombres y títulos recopilados las últimas semanas. A las diez en punto cruzaba la calle y esperaba a que la librería Alianza abriera sus puertas. Al entrar saludaba a Alfonso con el que había compartido decoraciones y dueños los últimos quince años. En el interior recorría las altas y relucientes estanterías metálicas y se dejaba seducir por lomos y letras en busca de títulos anotados en la libreta.
Luego se acomodaba tras un mostrador entre Poesía y Literatura iberoamericana y estudiaba los volúmenes. Acariciaba con delicadeza las tapas satinadas, revisaba reseñas de contraportadas y observaba los rostros de los padres de aquellas letras. Después escogía una página y leía en silencio. Su aliento se mezclaba con el decorrer de las páginas. Al terminar separaba los libros en dos columnas. A la izquierda los desechados, a la derecha los reproducían el milagro.
Aquella mañana Don Francisco se encontraba tras una maraña de tomos apilados a la izquierda y una recopilación de cuentos de Faulkner y una reedición de obras de Camus a su derecha.
– Le he guardado un libro de relatos – le dice Alfonso que se ha acercado y le muestra un libro de tapas azuladas.
– Mitologías de invierno y El emperador de occidente de Pierre Michon. No he leído nada de este autor.
– Son dos obras, una recopilación de leyendas de Francia e Irlanda y una recreación de la caída del imperio romano.
– Mitologías de invierno. Bonito título.
– Bien visto don Francisco. Michon es un artesano de las palabras, uno de los autores más respetados en Francia.
– Emperador de occidente. ¿Novela histórica?
– Novela de belleza. Michon es un enamorado del lenguaje, un maestro de adjetivos y metáforas. En francés resulta formidable aunque cueste un poco entender su vocabulario tan preciso. Esta traducción de Alfabia le hace justicia.
– ¿Cómo es que no he oído hablar de él?
– Vive ajeno a la publicidad, fuera del circuito literario. Nada de conferencias ni presentaciones. Por y para la literatura, como los autores de antes- concluye Alfonso mientras se aleja a atender a una pareja.
Don Francisco abre el pequeño volumen por la primera página.
Poco importa que Gévaudan e Irlanda sean los escenarios donde se representan estos dramas breves. Lo que importa es que con el mundo se hagan países y lenguas; con el caos, sentido; con las praderas, campos de batalla; con nuestros actos, leyendas y esa forma sofisticada de la leyenda que es la historia; con los nombres comunes, nombre propio. Que las cosas del verano, el amor, la fe, y el ardor se hielen para terminar en el invierno impecable de los libros. Y que sin embargo en este hielo un poco de vida permanezca congelada, fresca, garante de nuestra existencia y de nuestra libertad. Ese poco de verdad mortal que arde en el corazón frío del escrito, la belleza parca del uno y el esplendor impasible del otro, esto es lo que me esforcé por decir aquí. Pierre Michon.
Se levanta con el rostro iluminado. Comprueba la hora y sonríe. Ya puede volver a casa. Ha encontrado el regalo perfecto para Clara.
«Mitologías de invierno. El emperador de Occidente». Pierre Michon. Traducción: Nicolás Valencia. Ediciones Alfabia. Barcelona 2009.
Mañana de sol y frío. Una mujer camina aferrando una bandolera de pana. Cruza la plaza nueva entre una bandera roja y gualda y el rostro pétreo del descubridor sobre un mar de asfalto. La acera dibuja una línea de cuerpos que exhalan conversaciones blancas entre grisallas. La mujer los sortea por la acera en sombras. Nubes densas engulleron los restos del mediodía. La mujer se encoge con las últimas ráfagas de enero. Acelera el paso hasta que traspasa una reja abierta a un patio neoclásico. Un cartel a cada lado informa que la exposición cierra sus puertas aquella mañana.
Se acerca al mostrador. Una joven atiende con frases mecánicas. No sabe muy bien que hace ahí. Sigue los pasos de dos jóvenes en cazadoras imitación de cuero hacia el fondo del pasillo. En el lateral de la sala se enfrenta a unos ojos cargados de maquillaje que imploran en blanco y negro. ¿Piedad, perdón, amor, un milagro? Unos ojos con pupilas encharcadas, enterradas bajo líneas de cejas falsas. Las fosas nasales contrastan con cinco lágrimas que recorren la piel blanca como Magdalenas penitentes. Lágrimas cargadas de brillos. Lágrimas que no pueden ser lágrimas.
El baño de Diana de Corot. 1869
Un hombre con la chaqueta vuelta le roza la espalda cuando se gira para observar el siguiente cuadro. Esplendor de carne desnuda de una Venus sobre olas. Da un paso atrás para restaurar el equilibrio mientras un brazo le cubre la cintura. Una voz aterciopelada le pide disculpas. No le escucha absorta en aquellos senos perfectos. En la curva delicada entre la cadera y los senos, en los dedos entrelazados en cabellos ondulados como espumas. La Venus de carne y tela soñada por el ojo romántico. Siente el calor que desprende la chaqueta vuelta en su costado. Durante un instante comparten el mismo tiempo, el mismo espacio, la misma visión deslumbrada. Luego, el hombre cruza la habitación y arrastra su halo de cedro, azahar y tabaco a la siguiente sala.
Intenta dar un paso pero las piernas permanecen ancladas al suelo. Cierra los ojos y fuerza la respiración para acompasar el corazón desbocado. Aquel domingo abandonó el lecho demasiado pronto, demasiado tiempo, demasiado rápido y ahora ya no puede controlarlo. Una a una se descuelgan cinco lágrimas de sus párpados, ¿piedad, perdón, amor, un milagro?, con la certeza de que aquella será también para ella la última mañana.
Lágrimas. Man Ray. 1932
Clausura de la exposición Lágrimas de Erosen el museo Thyssen- Bornemisza de Madrid.
4 days until the premiere of the sixth and last season of LOST. Articles flooding newspapers and their weekend supplements, the web plagued with references and interviews. Everything is ready for the preview organized by ABC on Waikiki beach this weekend in Oahu, the island where the six seasons of the show that has set a new standard for modern TV were filmed.
Effervescent forums imagine the secrets of the now famous sequence 4 8 15 16 23 42, for years typed in solitude within the Hatch to avoid world destruction. Legions of followers who analyze every photogram and study the many books featured in the show in search of answers. Catch-22 by Joseph Heller, The Third Policeman by Flann O’Brian, Valis by Philip K. Dick, the Dark Tower trilogy by writers favourite Stephen King, Alice in Wonderland by Lewis Caroll….What does LOST have to generate such passion?
To begin with, a mystery narrated in between times that demands from viewers that they recall every last episode, somewhere “half way between science fiction and reality television” in the words of Damon Lindelof, one of the two main writers in the show. Actors who do not have their script until filming begins and give their all in every episode. Characters tailored to their interpreters. Sun was born of an interview with Yun Jin Kim, Hurley from Jorge Garcia himself, Locke from Terry O’Quinn’s intuition in building a prophet with no destiny. The unsettling Ben dreamed up by Michael Emerson. The New York native actor thought filming in Hawaii would be a luxurious walk in the park. In his first scene he was hung from a tree, bow-shot and tortured. Since then and endless array of wounds, cuts and bruises carefully documented in a makeup department’s album the Emmy award winning actor hopes to take home as a souvenir of his 5 years on the Island. Impeccable acting that has transformed the Ben/Locke tandem into one of the show’s keys to success.
Michael Emerson (Ben), J. Higgins (producer), Jack Bender (director),Yunjin Kim (Sun) at HIFF .Video: M. da Silva
And lastly, a dream-like location. The choice of filming in an Island as remote as is Oahu. Pure white sands, coconuts, mangoes and papayas the Oceanic 815 survivors pull apart with their bare hands, giving it that unique atmosphere…I yearn to return to the images of the places we explored during our visit to Oahu in October. The uncanny sunsets, the unpolluted ocean, the Hawaiian jungle, the humidity, the exuberance of fruits and flowers, the Jurassic vegetation…It’s not surprising then that LOST has been awarded 10 Emmys and a Golden Globe.
Sunset at Kealía, the beach of the Oceanic 815 crash.Video: C. Huerta
LA X, first episode of this last season, will dazzle millions of viewers who have eagerly awaited the show’s outcome for 6 years. TV programming, sporting events and political debates have been adjusted to protect it’s schedule. What producer has not dreamt of the American cabinet taking his show’s airing into account to avoid it in his agenda? Of what can happen in LOST, little to nothing has been revealed thus far. The only sure thing is that “Ben will get another beating and that Vincent the dog will make it”, commented Damon Lindelof during his appearance at the HIFF in October. We know Claire (Emily de Ravin), Daniel Faraday (Jeremy Davies) and fan favourite Juliet (Elizabeth Mitchell) will return, and that never ageing Richard Alpert (Nestor Carbonell) will make an appearance in 16 out of the total 18 episodes.
In the end, the unavoidable question, life after LOST. “It’s like asking a woman in labour if she wants to have more kids”, melancholy tinted words from Lindelof’s lips. The same kind felt by the actors now facing the filming of the last few episodes. Yun Jin Kim (Sun) will spend an entire week re-watching the whole show so as to enjoy each episode. Josh Holloway (Sawyer) is eager to transition into the big screen. Terry O’Quinn (Locke) and Michael Emerson (Ben Linus) will not soon forget their moments of success when receiving the winged statuettes. LOST has changed their lives in the same way it has changed the world’s understanding of television shows.
…Carlton Cuse (writer), Damon Lindelof (writer), Terry O´Quinn (Locke), Jorge García (Hurley). Video: M. da Silva
We will bid goodbye to LOST forever on May 25th with a mixture of trepidation and sadness. The former at the unveiling of the awaited images and the latter as the show ends. All this will give way to the ratings records, the nominations and awards (?), the discussions given the now revealed answers, and also to the inevitable criticisms. Or not. Will May greet us with some other surprise?
«The LOST supper» inspired by Leonardo Da Vinci’s painting.
Cinco días para el estreno de la última temporada de Perdidos. Artículos inundando suplementos y diarios, la red plagada de referencias y entrevistas. Todo a punto para la premiere que ABC ha preparado el sábado en la playa de Waikiki en Oahu, la isla donde se han rodado las seis temporadas de la serie que ha marcado un hito en la televisión moderna.
Foros efervescentes imaginando los secretos de la secuencia de números 4, 8, 15, 16, 23, 42, que durante años pulsaron en la soledad de un bunker para evitar el fin el mundo. Legiones de seguidores que analizan cada fotograma y estudian los libros de la serie en busca de claves. Trampa- 22 de Joseph Heller, El Tercer policía de Flann O´Brian, Valis de Philip K. Dick, la triología de la Torre oscura de Stephen King, Alicia en el país de las maravillas de Lewis Caroll… ¿Qué tiene Perdidos para levantar tantas pasiones?
Un misterio narrado entre tiempos que exige al espectador recordar cada capítulo a medio camino entre ciencia ficción y tele realidad en palabras de Damon Lindelof, uno de sus guionistas principales. Unos actores que desconocen sus líneas hasta que acceden al rodaje y se entregan a fondo en cada capítulo. Unos personajes a medida de los intérpretes. Sun nació de una entrevista con Yunjin Kim, Hurley del propio Jorge García, Locke dela intuición de Terry O’Quinn para construir un profeta sin destino. El Ben soñado para Michael Emerson. El actor de Nueva York creyó que rodar en Hawái sería un lujo. En la primera toma le ataron a un árbol y le torturaron. Desde entonces un sinfín de heridas y cortes recogidos en un álbum para poder maquillarle. Interpretaciones impecables que ha convertido el tándem Ben/Locke en una de las claves de la serie.
Michael Emerson (Ben), J. Higgins (productora), Jack Bender (director),Yunjin Kim (Sun) en el Festival de Hawaii.Video: M. da Silva
Y una localización de ensueño. El acierto de arriesgarse a rodar en una isla tan aislada como Oahu. Arenas blanquísimas, cocos, mangos y papayas que los supervivientes del Oceanic 815 desbrozan con las manos imprimiendo ese aire único. Ansío volver a las imágenes de los lugares que recorrimos en octubre. Las puestas de sol increíbles, el océano impoluto, las selvas hawaianas, la humedad, la exuberancia de frutas y flores, la vegetación jurásica. No extraña que Perdidos haya cosechado diez Emmy y un Golden Globe.
Atardecer en Kealía, la playa donde se estrelló el Oceanic 815.Video: C. Huerta
LA X, el primer episodio de esta temporada, volverá a deslumbrar a los millones de espectadores que han esperado seis años el desenlace. Programaciones, encuentros deportivos y debates políticos se han ajustado para salvaguardar su horario. ¿Qué productor no habrá soñado que un gabinete presidencial haya tenido en cuenta su emisión para evitarla en su agenda? De lo que pueda ocurrir en Perdidos se ha desvelado poco o nada. Lo único seguro es que Ben recibirá otra paliza y que el perro Vincent se salva, comentó Damon Lindelof en el Festival de Cine de Hawaii en octubre. Sabemos que vuelve Claire (Emily de Ravin), Daniel Farraday (Jeremy Davies ) y Juliet (Elizabeth Mitchell) y que Richard Alpert (Nestor Carbonell) aparecerá en 16 de los 18 capítulos.
Al final la pregunta inevitable, los planes para después de Perdidos. Es como si le preguntan a una parturienta si desea tener más hijos, palabras teñidas de melancolía de Lindelof. Como lade los actores ante el rodaje de los últimos capítulos. Yunjin Kim (Sun) dedicará una semana a ver toda la serie para poder disfrutar cada capítulo, Josh Holloway (Sawyer) que desea saltar al celuloide y Terry O´Quin (John Locke) y Michael Emerson (Ben Linus) quienes no olvidaran los momentos de éxito al recoger sus estatuillas aladas. Perdidos ha cambiado sus vidas, como ha cambiado la concepción de las series de televisión.
…Carlton Cuse (guionista), Damon Lindelof (guionista), Terry O´Quinn (Locke), Jorge García (Hurley). Video: M. da Silva
Despediremos Perdidos el 25 de mayo con una mezcla de ansiedad y tristeza. Ansiedad de desvelar las imágenes ansiadas y tristeza ante el cierre de la saga. Y después la exaltación ante los records de audiencia, las nominaciones y las discusiones ante las respuestas, los comentarios y críticas. Y tras el conocimiento, el olvido. O no. ¿Encontraremos en mayo alguna otra sorpresa?.
«The LOST supper«. Recreación de «La última cena» de Leonardo Da Vinci.
Sexta Temporada de Perdidos. Estreno en USA el 2 de febrero. En España en FOX y Cuatro el 9 de febrero.
– Doña Rosa, ¿qué hace parada en medio de la escalera?
– No sé.
– Ya sabe que no le conviene subir sola.
– Tenía que hacer arriba.
– Podía haberme llamado, estaba en la cocina.
– Creo que a tu padre le hace falta algo.
– Ande, baje y siéntese a la mesa antes de que se le enfríe el desayuno.
– Las gafas. Siempre se las olvida y no puede leer el periódico.
– Lo que no puede usted es dejar de desayunar y de tomarse las medicinas.
– O el reloj. Se lo quita para lavarse las manos y luego no lo encuentra.
– Doña Rosa, se hace tarde, tiene que ir terminando y arreglarse.
– Subía a preguntarle que quería pero ya no estaba.
– Ha debido ser el viento. Se cuela por las ventanas.
– Tu padre llamaba desde el rellano pero no le entiendo. Últimamente habla en susurros.
– Recuerde que la esperan a las once. Y con este vendaval, tendremos que apresurarnos.
– Siempre dando voces. Le dije que no necesitábamos tanto cuarto, que era mejor un piso. Pero le gustaba vivir por todo lo alto, como a su hermana. Maldito el día en que conoció a ese Fernando. Y sus negocios, cosa sucia. No se hace tanto dinero de la noche a la mañana.
– Doña Rosa, la próxima vez que quiera subir me llama y la ayudo.
– Niña, te he dicho mil veces que no quiero que bajes corriendo, que las escaleras las pule el diablo.
– Cálmese y vamos a la cocina que va a coger frío.
– Todo el día subiendo y bajando escalones hasta consumirte las fuerzas.
– Asegúrese a mi brazo. De un pasito y luego otro.
– Maldita escalera. Cualquier día tenemos un disgusto.
– Le he preparado las tostadas con la mermelada de fresa que le gusta. Luego nos vamos a poner el vestido de seda negro y el collar de perlas que hoy la espera el padre Santos para el oficio. Ya estamos a tres de marzo.
– Y ¿por qué me entretienes en la escalera?
Foto: C. Huerta
Este relato forma parte de un reto lanzado por carme carles y david silva, para escribir relatos que tuvieran una escalera como parte de la trama. Una experiencia en la que han participado entre otros :