Posteado por: Concha Huerta | 06/01/2012

Día de Reyes

Salgo temprano a disfrutar de una mañana de primavera. Me apresuro por las calles vacías de coches hacia el centro de la villa. Mis pasos resuenan sobre los adoquines como una marcha alegre. Mi corazón se acelera a cada paso anticipando las arenas y espumas que tanto he añorado estos meses.

En la rua Valbom la gente pasea en mangas de camisa entre bolsas y recados, en Portugal no se celebran los Reyes. A la izquierda la Casa da Pergola vestida de buganvilias, a la derecha, cestos abarrotados de peras y manzanas nuevas. Al llegar a la biblioteca el aire se tiñe de yodo. Bajo las chimeneas del Albatroz me reencuentro con las aguas brillantes del Atlántico.

Me acerco a la orilla y respiro hondo para cambiar el aire estancado en los meses de mi encierro. Un remolino de gaviotas alza el vuelo entre mis pasos. La marea baja. El sol se deshace en una cascada de cristales que enciende la bahía. Playa, sol y agua. El mejor regalo para un día de Reyes.

Playa de la Duquesa. Cascais Foto: C. Huerta

Posteado por: Concha Huerta | 03/01/2012

Frente a la chimenea

3 de enero. Tercer año bisiesto. La casa huele a rescoldos de leña húmeda, a piñas salvajes, a bosques transmutados en lágrimas de fuego. Paso la mañana frente a la ventana, observando los azules sobre el atlántico, los grises de las tardes opacas, los verdes acastañados de las hierbas resecas.

Mi cuerpo resuelve batallas entre la vigilia y el sueño ayudado por ejércitos constreñidos en cápsulas blancas. Una punzada me recuerda la fragilidad de los tejidos ante hordas impacientes por reconquistar mis fueros. Pensamientos sin rumbo, letargo químico. No te preocupes, la tontez se acaba pasando. El eco de tus palabras me dibuja una sonrisa.

Me abandono a los sonidos. Me parece distinguir al mirlo que visita nuestro jardín cada primavera. Me pregunto si sus trinos alcanzarán también tu bastión etéreo. Una camioneta recorre el asfalto con un murmullo que se enciende y apaga en un suspiro. Ladridos de urgencias de un perro sin amo. Me arrebujo frente a la chimenea con una taza entre las manos mientras la tarde me envuelve en la nostalgia de tus recuerdos.

Frente a la chimenea. Foto: C. Huerta

Posteado por: Concha Huerta | 30/12/2011

Feliz Año Nuevo

Recibí el año frente al Atlántico, entre fulgores de sal y espumas bajo un cielo hinchado de agua y viento. Paso sus últimos días frente a la ventana entre mantas que esconden unas fiebres traicioneras. Demasiadas prisas, aglomeraciones y vuelos. Entre medias, una sucesión de escenas que se deslizan hacia los abismos de la memoria.

Arenas blancas, flores exóticas, greenes perfectos. Sonidos vibrantes, violines y trompetas. La maestría de unos dedos sobre el piano. Intermedios, danzas y aplausos. Cuerpos ensalzados en personajes y lienzos, que en mis sueños permanecerán asociados a cuatro números. Un año más, un año menos.

Cerraré los ojos en la madrugada del sábado con esa leve inquietud ante lo desconocido. El inicio de otra aventura. Un cofre brillante y húmedo donde coleccionar recuerdos que no han sido. Ligera de equipaje, traslado mis esperanzas al 2012 junto con un puñado de buenos deseos y alegrías. Feliz Año Nuevo a todos los que visitan estas páginas, con todo mi cariño.

Playa de la Duquesa. Cascais. Foto: C. Huerta.

Posteado por: Concha Huerta | 27/12/2011

La delicadeza

Estas últimas tardes me he visto envuelta en una historia etérea que me ha hecho sonreír y me ha llenado de esperanza. He estado leyendo La Delicadeza de David Foenkinos, una novela que me atrajo por sus premios. Y por el título, delicadeza, vocablo olvidado en nuestros días  marcados por las prisas, el consumo y la tecnología.

Foenkinos es un mago de las palabras y construye una fabula de la vida centrada en los instantes en que el destino se alinea con los sueños y ofrece el  milagro de la dicha. Cuanta fragilidad en unos personajes que intentan defenderse con escasas armas de los avatares de la vida, cuanto humor y alegría desprenden sus páginas.

La Delicadeza nos enseña a devolver rostro y palabras a esa legión de seres anónimos con que compartimos nuestros días. Qué buena lectura para concluir un año lleno de incertidumbres, recesiones, y sorpresas, tan buena que he decidido volver a leerlo hasta que suenen las doce campanadas. Delicadeza y esperanza. El mejor modo de despedir el 2011.

La delicadeza. David Foenkinos. Traducción del francés de Isabel González-Gallarza. Ed. Seix Barral. Biblioteca Formentor. Barcelona 2011. 218 págs.

Posteado por: Concha Huerta | 23/12/2011

Navidad entre paredes blancas

-Hola guapa, no nos encontramos, ¿dónde andas?

-Estoy en el hospital desde el lunes. Fernando esta con otro brote infeccioso y esta vez va para largo, nos toca otra operación seguro.

Escucho la voz entrecortada de mi amiga y el corazón se me encoge de impotencia. Sus palabras se diluyen en términos médicos y me encharcan la mente de desesperanza. La alegría de una familia se desvanece tras meses de batalla. Solo acierto a asentir entre complicadas explicaciones que pugnan por encontrar sentido a lo inexplicable. Los ojos se me empañan.

Cuelgo el teléfono y repaso la lista de cosas para la cena. Mañana recogeré la pularda y las verduras y pasaré la tarde en la cocina. A las nueve llegará la familia, rostros alegres, cabellos brillantes, se oirán villancicos y compartiremos mesa. Una Nochebuena en la que no faltará la alegría y el cariño que hoy quiero compartir con los que pasarán la Nochebuena entre cuatro paredes blancas.

Hospital Lluís Alcanyís

Posteado por: Concha Huerta | 20/12/2011

Un regalo para el abuelo

-No sé que regalarle al abuelo. Como vea otra bufanda o más guantes nos mata. Menuda armó el año pasado quejándose de tanto despilfarro.

-Lo que necesita es algo que le anime, que le haga sentirse útil.

-No pensaras en que ayude en la cena. La última vez que entró en la cocina estuvimos una semana limpiando paredes.

-No fue culpa suya. El pobre no sabía que la batidora se tapa. Estoy pensando más bien en un libro que le pueda dar ideas.

-No imagino al abuelo perdiendo el tiempo con novelas.

-Creo que La sonrisa etrusca le gustaría. Trata de un campesino que se traslada a Milán para un chequeo y se queda a vivir con uno de sus hijos, su mujer intelectual y el nieto que no conocía.

-Así contado no parece gran cosa.

-Al abuelo no le gusta como educan al bebé y decide defenderle utilizando las tácticas que aprendió en la guerrilla contra los fascistas. Vas viendo como un hombre arisco y maniático se transforma en alguien cariñoso y lleno de vida por el amor a un recién nacido. La novela es un canto a la vida y a la familia. Me arrancó lágrimas.

-No sé si el abuelo estará por la labor de leer a un italiano.

-Es de José Luis Sampedro, economista y escritor que acaba de recibir el Premio Nacional de Literatura. Y va para los 95 años. La sonrisa etrusca es su mejor novela y la escribió casi con setenta. Imagina la alegría que le dará al abuelo saber que hay quien alcanzó la fama a sus años. Con la de historias que nos cuenta de la postguerra.

La sonrisa etrusca. Ya tenemos el regalo para el abuelo. Y en cuando puedas me la pasas, estoy deseando leerla.

La sonrisa etrusca de José Luis Sampedro. Editorial Alfaguara. Madrid 2009. 312 págs.

Posteado por: Concha Huerta | 16/12/2011

Cuento de Navidad

Viernes por la mañana, Zé se levanta de un salto, se viste y asea en un suspiro. En el colegio le piden leer en alto. Su voz se atranca entre palabra y palabra. Los de la primera fila se ríen. No le importa. Ya le dijo la abuela Mena que lo mejor contra sus burlas era aplicarse. La comida, el recreo. La tarde que no llega. Quiere cerrar los ojos y encontrarse con el rostro confiado de Sofía y las voces de Diogo y Afonso, sus nuevos hermanos.

Subirán de dos en dos los nueve tramos de escaleras que le separan de la cena, qué bien cocina Sofía, los juegos y las risas. Allá va la caballería rusticana, pensará la abuela Mena mientras escucha a los chiquillos ascender desde el portal entre risas y carreras. Nada de ascensores, Zé necesita quemar las pastillas que cada lunes le da la señorita de la bata blanca para sortear las pesadillas. Aunque los viernes y sábados que comparte con Diogo y Afonso ni se acuerda de ellas.

El año pasado escribió a los Reyes una carta escueta. En su letra estrecha pedía una familia con quien compartir fines de semana y fiestas. La envió con tristeza. Tampoco ese año fueron buenas las notas. Pero una tarde se septiembre se adelantó la Navidad por sorpresa. Sofía y Pedro le saludaron con los brazos abiertos. Los ojos de Zé se iluminaron por primera vez en años. Seguro que Baltasar encontró su carta entre la montaña de sobres de aquel año. Baltasar, el rey mago con el que comparte piel y sueños. Su favorito.

La Adoración de los Reyes Magos. Andrea Mantegna. 1495-1505

Este texto sigue una iniciativa de otros compañeros blogueros de publicar un Cuento de Navidad por estas fechas. Os dejo los enlaces para que podais visitarlos:

Mi abuela Rosario de Mercedes Molinero

El sol de Liv  de Anne Fatosme

Con el ala a sus cristales de A punto de caramelo

Polvo de estrellas. de La sinfonía de la vida

La Navidad es un cuento de Pipermenta.

Hacia la navidad de Zambullida.

Regalo de Navidad de Minicarver

Cuento de Navidad de Joaquin Sarabia

A tiempo de Micromios.

Don sapo y la navidad del Blog del Sendero.

Christmas dreams de Auniveaudelamer

Posteado por: Concha Huerta | 13/12/2011

Musas

Leo la prensa entumecida por otra noche de insomnio. Las musas me visitaron de madrugada y me atraparon en sus letras. Rellene página tras página con palabras que fluían de la certeza de quien comparte un misterio. Historias hilvanadas entre fantasías y recuerdos hasta que los primeros rayos las desterraron a su reino. La visita me dejó extenuada. Ya tendré otras noches para recuperar mi cuerpo extenuado.

Y el caso es que me fui a la cama cansada tras una jornada intensa y una semana plagada de citas. Una semana sin tiempo para meditar sobre los problemas que se entrelazan últimamente a cada uno de mis días. Alguna inquietud debía carcomerme el alma cuando a las cinco y cuarto las musas me arrastraron a sus danzas, liberando temores y deseos en un frenesí de pareados y cuartetos.

Termino el desayuno con las sienes doloridas. Tras la ventana el sol baña terrazos y ramas. El cielo se tiñe de nubes, la ciudad me saluda con sus bocinas. Al arreglar la cama recojo un manojo de hojas emborronadas con letra hermética y las guardo en una carpeta junto con otras hermanas, frutos de otros desvelos, a la espera de que las musas terminen el relato de mi vida.

Danza de Apolo con las musas. Giulo Romano. 1514

Posteado por: Concha Huerta | 09/12/2011

La Navidad se acerca

La Navidad se acerca. Rescato el árbol escondido en el fondo del trastero. Desenvuelvo bolas traslucidas y lágrimas de plata que tanto le gustan a M. y las envuelvo en luces naranjas. Vacío el aparador donde voy a colocar el pesebre, regalo de mi hermana. Un ángel, un San José y la Virgen con el niño entre columnas de cera blancas. En el espejo el reflejo de una estrella única sobre ramas cargadas de escarcha.

Voces de niños. Lo que más me gusta de la Navidad son los villancicos. Como los que aprendí en el colegio. El niño Dios ha nacido allá lejos en BelénRecuerdo los concursos que hacíamos cada diciembre, los nervios de los ensayos, las palmas resonando en los tímpanos, las panderetas. Cuelgo una guirnalda de ramas plateadas en la puerta y sonrío. La Navidad se cuela en mi casa desde el fondo de un corazón de niña.

Foto: C. Huerta

4. PASTORCITO DE BELEN

(Villancico popular) (S. Villar)

El niño Dios ha nacido allá lejos en Belén )bis

vendrán los Reyes a verlo, y los pastores también,

El niño Dios ha nacido allá lejos en Belén.

Ay, niñito de Belén, ruega por todos, por mí también!  )bis

Su padre cómo lo mira, su madre llorando está  )bis

quizá que llore sabiendo tormentos que ha de pasar,

su padre….

Los Reyes le traen oro, los pastores su bondad   )bis

y una estrellita del cielo, plata del cielo le da.

Los Reyes …..

Posteado por: Concha Huerta | 05/12/2011

El Hermitage en el Prado

Museo del Prado. Edificio Jerónimos. Pedro el Grande me saluda en la entrada. Joven, esbelto, un visionario que construyó la capital de sus sueños a orillas del Neva. Enfrente Catalina II, la princesa alemana de mirada inteligente que levantó su particular ermita junto al Palacio de Invierno. Jaspes, malaquitas y mármoles decoran las salas que la acercan a la Europa de la que tanto ansiaba formar parte.

Tesoros del Hermitage. Broches recuperados de túmulos escitas. Una diadema helénica de oro y granates. Horquillas chinas, platas indias y un sable persa enfundado en esmeraldas, regalos de las cortes de oriente. Descubro la sonrisa de Catalina ante cada ofrenda de sus admiradores. Carabelas esmeraldas, tabaqueras de zafiros y la delicadeza de unos acianos de esmalte de Fabergé, favorito de la corte rusa.

De la colección europea me quedo con el Caravaggio. La mirada iluminada, los dedos sobre el laúd y el fondo oscuro me trasladan al seiscientos. Imagino a zares y húsares admirando las pinceladas del Greco y del primer Velázquez, curioso su nombre en cirílico. Y los bustos clásicos de Bernini y Canova. El bodegón de Chardin que presidía el despacho de Catalina y los paisajes románticos de Friedrich que tanto admiraba Alejandro II.

En la sala de arriba un lago de Monet que no conocía, jovencitas de Gaugin y un paisaje azul de Cezanne, mi favorito, que los mecenas del diecinueve incorporaron a la colección de los zares. Y la Primavera eterna de Rodin, mármol hecho sentimiento, una maravilla. A la salida una composición de Kandinsky de gran formato, personal visión del diluvio del gran artista ruso.

Salgo a la calle envuelta en niebla y por un momento me parece estar paseando a orillas del Neva.

Peine con escena de batalla. Finales s. v a. c. (escita)

Diadema con nudo de Hercules. s. II a. c. Túmulo de Artiujov.

Tañedor de laúd. Caravaggio. 1595-6

Caída de Hamán. Rembrandt. 1660-65

La Magdalena penitente. Antonio Cánova. h 1808-9

Amanecer en las montañas. Caspar David Friedrich. 1823

El estanque en Montgeron. Claude Monet. 1876

Primavera eterna. Rodin. 1906

Mesita en un café. Pablo Picasso. 1912

Composición VI. Vasily Kandinsky. 1913

Tesoros del Hermitage. Museo del Prado. Hasta el 25 de marzo de 2012. Prorrogada hasta el 8 de abril de 2012.

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