Posteado por: Concha Huerta | 11/06/2012

Aguas revueltas

Estoy cansada. Desde que llegué no he parado, la falta de sueño me está pasando factura. Y cuando no duermo me inunda el desanimo. Llevo semanas dando tumbos como una barca arrastrada por aguas revueltas. No consigo encontrar orden en mi vida diaria. Y sin orden me pierdo.

Encontré el jardín abandonado, los geranios infectados de hongos, los hibiscos ennegrecidos de pulgones. El jardinero me ha dicho que no puedo salvarlos. Habrá que arrancarlos. Ya sé que sólo son plantas, pero me han alegrado la vida estos últimos años, compañeros del alma. Y ahora serán pasto del fango. Cuanta tristeza.

Plantas y humanos necesitamos cariño, cuidados, constancia. No entiendo porqué a veces cuesta tanto. Palabras vacías, ilusiones desvanecidas, cambios y más cambios. Ya no se cómo afrontarlos. Y el ambiente no ayuda. Las noticias grises, rescates, ahogos. Y además frío y lluvia. Pero como decía el sabio, mañana será otro día.

Foto: C. Huerta

Posteado por: Concha Huerta | 07/06/2012

Paella entre amigos

Llego a Cascáis para el fin de semana. Compromisos, limpiezas, arreglos. El miércoles recibo en casa al Club de Cultura. A las 8 ya estoy en el Mercado Saloio comprando calamares, gambas y mejillones recién capturados. Encuentro un batallón de mujeres maduras peleándose por las mejores piezas como cada miércoles y sábado, los días de mercado.

Vuelvo a casa cargada de flores y verduras. Preparo un gazpacho ligero de tomate, pepino y pimientos que guardo en la nevera para servir bien fresco. Paso el resto de la mañana pelando y cortando cebollas, tomates y pimientos a cuadrados. Limpio y corto a rodajas los calamares y cuezo las gambas. Reservo las cabezas para el caldo que cocí ayer con raspas de rape y merluza. Cuatro horas a fuego lento. Luego abro al vapor los mejillones, que entretenido es rasparlos con el cuchillo para limpiarlos, y añado sus jugos al caldo que inunda la casa de vapores marinos.

Rehogo la verdura a fuego lento diez o quince minutos. Después salteo los calamares y el arroz de calasparra que traje de Madrid junto con el azafrán, el ingrediente secreto. Añado el doble del caldo y a los veinte minutos se produce el milagro. Mis invitados elogian la textura del gazpacho y el sabor inconfundible de la paella. Una receta valenciana que me gusta compartir con los amigos.

Mi paella.

Mercado Saloio. Cascais.

Mercado Saloio de Cascais.

Lubinas. Mercado Saloio de Cascais. Fotos: C. Huerta.

Posteado por: Concha Huerta | 04/06/2012

Tardes con Clotilde

Mayo en el jardín de Sorolla. Las rosas estallan bajo el pórtico de la entrada, los geranios brillan sobre macetas alineadas.  A la sombra del porche, el pintor retoca unos lienzos, blanco sobre verde, columnas y aguas claras. Los Reales Alcázares de Sevilla, un rincón de La Alhambra.

Clotilde tararea una tonadilla en la cocina. El pintor sonríe. Imagina  las delicias que sus manos expertas preparan para aliviar su fatiga. Clotilde aparece por el lateral y se acerca con sigilo. Le posa la mano sobre el hombro y le susurra unas palabras. El pintor recoge los pinceles y se aleja con ella hacia la casa.

-Esta tarde quiero pintarte en la sala.

-Ay Joaquín, tenemos la casa llena de retratos. Mejor sería que dedicaras el tiempo a algún encargo.

-Estoy trabajando una nueva paleta de blancos. Quiero yuxtaponer las luces de las gasas sobre la textura irisada del raso.

-Pero no me saques la cara, no me gusta verla tanto. Ni soy ni he sido modelo de nadie.

-Tonterías, Flaca. Para mi eres la más guapa. Deja de quejarte y dame el gusto de verte con el traje blanco, el que me gusta tanto. Y recógete el pelo como cuando salimos al teatro.

-Sólo si me dibujas de lado o mejor con pamela  y sombrilla como si estuviéramos en la playa. Por cierto, el calor acecha. Los chicos preguntan donde iremos este año. Echan de menos el mar, los paseos y los juegos. El aire de Madrid no es bueno. Necesitas aire puro y volver a retratar la costa y las playas. Marinas podemos colgar las que quieras. Me llenan la casa de alegría y recuerdos de nuestra tierra. Cuanto hecho de menos Valencia.

Salón de  Sorolla. Clotilde en la playa y en el centro, La bata rosa. 1916

Estrudio de Sorolla. Marinas y Paseo a orillas del mar. 1909 (Clotilde y su hija)

Salón de Sorolla. Escenas de playa y Clotilde en la Playa. 1904

Joaquín Sorolla. Clotilde en el estudio. 1900

Joaquin Sorolla. Clotilde sentada en un sofá. 1910. Fotos: C. Huerta

Exposición: Clotilde de Sorolla. Casa Museo Sorolla. General Martínez Campos 37. Madrid. Hasta el 14 de octubre de 2012.

Posteado por: Concha Huerta | 01/06/2012

En la Feria del Libro

Paseo por la Feria del Libro. Las casetas relucen salpicando de azules y rojos la mañana madrileña. Un puñado de jóvenes esperan para una firma. Yo recorro las casetas en busca de nuevos títulos. En Galaxia Gutemberg, César me recomienda a Mörike, Hrabal y Robinson con ojos relucientes. Se ve que compartimos la pasión por la buena literatura.

Me dirijo a la Casa de Italia, país invitado en esta edición de la Feria. Una rubia con acento alegre regala lápices a unos chicos embelesados con sus ojos verdes. Saco mi lista. Sostiene Pereira de Tabucci está agotado pero encuentro Donde el corazón te lleve de Tamaro y Las pequeñas virtudes de Ginzburg. Al pagar me regala un texto de Pasolini. Se le agotaron los lápices.

Transcurre la mañana entre toldos, mostradores e incunables brillantes, verdaderas joyas de la literatura.  Encuentro un libro de Lindberg para Maca, una biografía de Cary Grant para mi madre. Un libro de recetas naturistas para Diego, tiene el colesterol por las nubes y una guía de Glasgow para M. Mis regalos de verano con un 10% de descuento.

En Gadir me recomiendan Cuentos italianos y La tala del bosque de Cassola que no conocía. Me antojo de un tomo de cuentos de Pirandello mientras las verjas se cierran. Ya son las dos. Como pasa el tiempo. Paseo de vuelta entre ballenas, cefalópodos y fondos marinos cargando con mi particular tesoro en tres bolsas.  Sonrío. La Feria del Libro es uno de mis paraísos.

71 Feria del Libro de Madrid. Paseo de Coches del Retiro. Hasta el 10 de junio de 2012.

Posteado por: Concha Huerta | 29/05/2012

En el jardín de Sorolla

Madrid, doce de la mañana. Paseo por aceras grises entre sombras de acacias y rostros desconocidos. Voces anónimas amortiguadas por el bullicio de coches y bocinas. El sol quema. La semana pasada hacia frío, caprichos de primavera. Arrecio el paso huyendo de lo desconocido. Al cabo de unos minutos que me parecen eternos alcanzo Martínez Campos y cruzo el umbral de un jardín perdido.

Tras el portal, la ciudad se desvanece en el paraíso imaginado por Sorolla hace cien años. Rosales alrededor de una fuente de un solo caño, troncos cubiertos con los primeros verdes, terracotas alineadas. A la derecha planteles de Granada y arrayanes de La Alhambra. Una pasión por los jardines andaluces que el artista trasladó a los lienzos que adornan el interior de su hogar hoy museo.

Encuentro el jardín algo retrasado pero sus aguas mansas me mecen con su aliento romántico. Los muretes coronados de geranios, los rosales amarillos y naranjas, los azulejos verdes y blancos. Sentada en el porche del artista imagino las horas que Sorolla consagró a retratar sus secretos con dedos ágiles y mirada de poeta. La brisa refresca la mañana y renueva mi alma de esperanza de vida. Regalo de Sorolla a los madrileños.

Jardín de Sorolla. Alberca.

Jardín de Sorolla. Fuente

Jardín de Sorolla. Estanque

Casa museo Sorolla. Rosales. Fotos: C. Huerta

Joaquín Sorolla. Jardín de la casa Sorolla. 1920

Museo Sorolla. Martínez Campos 37. Madrid.

Posteado por: Concha Huerta | 25/05/2012

Ahora

Ahora que tengo todo el tiempo del mundo me pregunto para qué lo quiero. Llevo semanas achacando a su falta no poder sentarme a escribir la novela que tanto anhelo ver publicada. Siempre surge algo que me aleja del teclado, una llamada, un problema, un requerimiento imperioso de los que inundan mi vida diaria.

Ahora estoy sola en casa, sin nada programado hasta mañana, con el ordenador preparado y el cursor en la primera página de un documento en blanco. Los pensamientos vuelan. Presagios de sol y lluvia. Pero no son buenos pensamientos. La bombilla de la lámpara de apaga de un golpe y quedo sumida en la penumbra. En una especie de letargo que es donde se encuentra ahora mi alma.

Ahora no puedo pensar porque estoy emocionada. No por poder plasmar sentimientos de una manera clara sino por una tristeza extraña que envuelve la habitación desde tu partida. Me dicen que es bueno. Para ti y para mi, romper las cadenas que nos unen. Solo que yo nunca sentí tu compañía como una cadena.

Ahora el peso de la realidad se cierne sobre mis dedos mientras saltan entre letras blancas. Me pregunto cuantas palabras habrán construido con su danza truncada. ¿Podría ser este el principio de una novela? Se enciende la lámpara.

Edward Hopper. Habitación de Hotel. 1931. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid

Posteado por: Concha Huerta | 23/05/2012

Nadal en Roma

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          Fotos: Claudio Onorati. EFE

Confieso que tengo debilidad por este chico de Manacor. Tras unos meses difíciles, el lunes volvió a asombrarme en Roma. Fuerza e inteligencia, corazón y estrategia que pulverizaron el juego del Nº 1 Djocovic. La mejor preparación para el Roland Garros y Wimbeldon. Las imágenes hablan por sí solas. Recuperó el Nº 2 del mundo. Lo merece. Gracias Rafa por otra final de vértigo.

Posteado por: Concha Huerta | 21/05/2012

Profesor Lazhar

Volvió la primavera. Con sus nubes caprichosas y sus lluvias traicioneras. El domingo nos pillo una tormenta helada. Como el patio del colegio donde transcurre la tragedia. Una profesora pone fin a su vida en una de las aulas. La directora no encuentra quien la sustituta así que cuando el Bachir Lazhar se ofrece no lo duda. Tengo experiencia y me gustan mucho los niños.

Vuelta a las clases con los pupitres alineados y nuevas rutinas. Lecturas,  disciplina. Pero Montreal no es Argelia. La ley prohíbe cualquier contacto físico entre profesores y alumnos. Una ley que llevada al extremo resulta absurda. Cuando el profesor Lazhar termina sus clases se dirige a un apartamento vacio, donde le espera una caja que encierra sus propios secretos.

El profesor enamora, tan elegante, tan correcto, pendiente de sus alumnos. Una compañera le pregunta si les ha hablado de Argelia. No está dentro del plan de estudios. Los niños le adoran. Sorprende la actuación contenida de Mohamed Fellad, famoso actor y comediante argelino y la naturalidad de los chicos. Parece que llevaran toda la vida tras la cámara.

Salimos con lágrimas en los ojos y el corazón conmovido. Qué pequeña gran película. Tan delicada, tan sobresaliente, resaltando el valor de la justicia y la ética en la educación de nuestros hijos. No extraña que Profesor Lazhar haya conseguido tantos premios.

Profesor Lazhar. Director: Philippe Falardeau; Guión: Philippe Falardeau, basado en la obra de Evelyne de la Chenelière. Intérpretes: Mohamed Fellag, Sophie Nélisse. Canadá. Drama. 2011.

Posteado por: Concha Huerta | 17/05/2012

Rosa candida

Como me voy del país y es difícil prever cuando volveré, mi padre de setenta y siete años de edad, quiere convertir nuestra última cena en algo memorable  y cocinar algo sacado de la carpeta de recetas de mama, algo que ella habría podido cocinar  en una ocasión parecida.

Comienzo la lectura de Rosa candida, que escogí entre una montaña de libros por la autora, Audur Ava Olasfsdottir, nunca había leído literatura de Islandia, la portada, en la que se mezcla un rostro de mujer con una enredadera y el título, me apasionan las rosas.

Un joven abandona su hogar en busca de un futuro en tierras lejanas. Atrás queda un padre desconcertado, un hermano minusválido y una hija concebida por azar en el invernadero de su madre, fallecida en accidente de tráfico. Lobbi viaja ligero de equipaje, apenas unas mudas y tres esquejes de la rosa favorita de su madre, la rosa candida. Un viaje accidentado, con operación de apendicitis incluida, hacia una mítica rosaleda.

Me he convertido en el jardinero de los monjes y preveo que tendré trabajo para dos o tres meses… Me siento bien en el jardín, es agradable gozar la soledad entre los macizos  de flores para reconocer los propios deseos  y las propias aspiraciones: silencioso sobre la tierra, ni siquiera tengo que hablar el idioma.

La vida transcurre tranquila, demasiado tranquila para un joven de veintidós años alejado de su familia. Traba amistad con el padre Tomas que le invita cada noche a ver películas de calidad pero sin violencia con el que termina compartiendo sus secretos, su obsesión por el cuerpo, la muerte y las rosas. Al final una visita inesperada le cambiará la vida.

Se menciona el cuerpo en ciento cincuenta y dos lugares en la Biblia, la muerte en doscientas cuarenta y nueve y las rosas y otras plantas en doscientas diecinueve. He recogido estos datos para ti. Lo que más tiempo me llevo fue lo de las plantas : higueras y viñas están repartidas por todas partes, lo mismo se puede decir de las frutas y de toda clase de semillas… Deberías estudiar estos datos cuando tengas tiempo.

Termino Rosa Candida con la sensación de haber pasado la tarde en un jardín esplendido, un jardín que añoro cada uno de mis días entre cuatro paredes blancas. Una lectura cálida que desprende empatía, delicadeza e ingenio. Una sorpresa.

Rosa candida. Audur Ava Olafsdóttir. Traducción de Enrique Bernárdez. Editorial Alfaguara. Madrid. 2011. 271 págs.

Posteado por: Concha Huerta | 14/05/2012

Viaje al paraíso

Me despierto temprano. Vierto agua hirviendo sobre las hebras de Ceylán que tanto te gustan. Te pregunto qué tal has descansado, contestas con un gemido. Los viajes te desvelan. Cierras la maleta, no sé cuantas maletas habrás hecho estos últimos meses. Salimos hacia la T-4. Sol, calor, nadie diría que todavía es primavera. Que tengas buen viaje, susurro en un último abrazo.

Vuelvo a Madrid envuelta en una nube de añoranza. Todavía no has despegado y ya siento tu falta. Salgo del garaje acalorada. Hoy también superamos los treinta grados. Encuentro la casa vacía, en silencio, abandonada. Llamo a Juan, está en Pedraza, mi madre todavía descansa. Demasiado calor para dar unas bolas. Cojo la cámara y me encamino hacia el Jardín Botánico.

En el interior un estallido de verdes, blancos, azafranes, fucsias, azules y lilas. Hojas, hierba. Los pétalos moteados de las camelias, este año se han retrasado, la exuberancia de los rododendros, la fragilidad misteriosa del iris en primavera. En las copas más altas un coro de mirlos  se eleva entre los murmullos de admiración de quienes transitan a mi lado.

Un gato atigrado dormita bajo un banco de piedra. Su silueta apacible me recuerda tus momentos de descanso, ajenos al mundo. Continúo mi paseo hasta que el aroma inconfundible de las rosas me envuelve con sus mejores galas. Una llamada. Estamos embarcando. Sonrió. Mientras tu cruzas el Atlántico yo me pierdo entre los aromas orientales del Jardín Botánico. Un viaje al paraíso.

Kolkwitzia amabilis. China

Ereamurus Himalaya. Afganistán

Iris wench

Iris Avalon Sunset

Iris gloria de titanes

Peonia lactiflora.

Rododendro

Camelia Baltazar de Melo. Japón.

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