Te lo voy a decir una vez y ya es demasiado: enjuágate las manos en el mar antes de poner el cebo en el anzuelo. El pez nota el olor, rehúye el bocado que viene de la tierra. En el mar no es como en el colegio, no hay profesores que valgan. Está el mar y estas tú. Y el mar no enseña nada, el mar hace, y a su manera.
Vuelvo a leer el primer párrafo de Los peces no cierran los ojos, con una sonrisa. Es la primera vez que releo un libro justo después de terminarlo. Me han sorprendido tanto las palabras de Erri de Luca que sencillamente me niego a abandonarlas. Palabras armoniosas, concisas, cargadas de sentimientos, de belleza, que construyen un lenguaje brillante vestido de metáforas perfectas.
Bajo el aliento ponderado, las letras temblaban relucientes, como lo hacen las lágrimas y las brasas… Habíamos nacido después de la guerra, éramos la espuma que queda después de la marejada… Aun hoy, en las noches tumbado al aire libre, siento el peso del aire en la respiración y una acupuntura de estrellas en la piel.
Recuerdos de un hombre que vuelve a su pasado de niño. Cuarenta años separan aquel verano en la costa de Nápoles de la madurez de un narrador sin nombre, presumiblemente el propio De Luca, que construye con maestría el despertar de un alma destinada a la escritura. Los temores y anhelos de los diez años. Pesca, libros, paseos solitarios, el descubrimiento del amor y la justicia.
Nacer y crecer en Nápoles agota el destino, vaya uno donde vaya, ya lo ha recibido como dote, mitad lastre, mitad salvoconducto. En los relatos de mama, de la abuela, de la tía, estaban los grandes almacenes de historias. Sus voces han formado mi sintaxis, mis frases escritas no son más largas que el aliento que se precisa para pronunciarlas.
Los peces no cierran los ojos. Novela imprescindible de Erri de Luca, verdadero malabarista de las palabras, que aprendió el oficio con su propio ingenio. Una joya que me recomendaron en la Feria del Libro. No quiero desvelar aquí sus secretos. Os regalo el placer de poder descubrirlos.
Los peces no cierran los ojos. Erri De Luca. Traducción de Carlos Gumpert. Ed. Seis Barral. Biblioteca Formentor. Barcelona 2012. 124 pags.














