Kiyomizu-ji
Kioto es como una Roma de oriente. En cada esquina te encuentras un templo. El de Kiyomizu está en lo alto de una colina. Es la sede de una de las dos ramas del Budismo zen y famoso por sus aguas. Hay que subir infinidad de escalones pero merece la pena. Menos mal que estaba nublado si no con los 37 grados que hacía me hubiera muerto. Por la tarde fui a Arasiyama, al oeste de Kioto, a visitar el templo de Tenryu. Para llegar hay que cruzar un bosque de bambúes centenarios que cubre literalmente el cielo de copas. La brisa hacía sonar los tallos huecos como en una sinfonía. No me extraña que los japoneses lo consideren sagrado.
-Te pongo el video que hecho del jardín del templo. ¿Lo oyes?
-No oigo nada.
-Exactamente.
– Parece una postal en movimiento.
– Estuve una hora y media sentada en la hierba en total y absoluto silencio.
– Muy zen.
– Completamente zen.
Jardines de Tenryu-ji
Luego cogí un vagón abierto de la Toroko-line, que recorre unas vías antiguas a lo largo del rio Hozu o Katsua, tiene dos nombres, entre montes frondosos que terminan en una llanura cultivada de arrozales. Una maravilla. Parecía un paisaje sacado de una película de Miyazaki. Al llegar salió el sol y encendió los campos de verde lima. Mi color favorito. Hoy ha sido un día increíble. He visitado dos de los lugares más bonitos de la Tierra. Me encanta Japón. Un beso.
Arrozales desde la Toroko-line
Fotos: M. da Silva

























