Posteado por: Concha Huerta | 01/01/2011

Año Nuevo

Despido el año sobrecogida por un mar enfebrecido de olas y vientos que desborda caminos y paseos. Las olas enormes se abren en una espiral que transita entre las profundidades y las rocas impotentes ante tal estruendo. El cielo descarga aguaceros y lloviznas en sinfonía con las mareas.

El océano Atlántico. El principio y el final de un continente, la naturaleza que tanto echo en falta en la vida cosmopolita. En la villa de Cascáis, las aguas baten las playas ahogadas en espuma. Las barcas amarradas esperan el nuevo día. Manos ociosas reparten suertes sobre tableros de formica. El oráculo de los que atesoran inviernos en sus entrañas.

Recibí el 2.010 al pie de estas playas salpicadas de gaviotas bajo un añil esplendido. La caricia de un sol de invierno que me devolvió la vida. Despido el año entre fulgores de sal y espumas que reflejan un cielo metálico hinchado de agua y viento. Entre medias, una sucesión de escenas que se deslizan en círculos hacia los abismos de la memoria.

Arenas blancas, flores exóticas, frutas y atardeceres de ensueño. Sonidos vibrantes, violines y trompetas. La maestría de unos dedos sobre el piano, las ondulaciones de una voz sobre el escenario. Intermedios, danzas y aplausos. El cuerpo exaltado en personajes y lienzos, que en mis sueños permanecerán asociados a cuatro números. Un año más, un año menos.

Cerraré los ojos en la madrugada, agotados de celebraciones y charlas con esa leve inquietud ante lo desconocido. El año nuevo, el inicio de otra década. Cofre brillante y húmedo donde coleccionar recuerdos que no han sido. Esperanza. Rostros y palabras amigas me acunarán en el silencio de este primer día con sus sonrisas y anhelos.

Marina de Cascais. Foto: C. Huerta

Posteado por: Concha Huerta | 29/12/2010

Dulces fiestas

Año de crisis, año de ingenio. Estas fiestas tocó imaginar regalos nuevos. Después del éxito de las galletas de Navidad del año pasado, nos decidimos por un postre de bizcocho de frutas bañadas en chocolate. La base, un poco de maña, mucha ilusión y paciencia. El resultado, doscientos cincuenta bocados que alegraron los paladares más exigentes con aromas de invierno y el cariño de quien comparte estas páginas. A todos mis mejores deseos para el Año Nuevo.

Cake-pops de Navidad  de  M. da Silva

(Podéis encontrar las recetas e ingredientes en  Bakerella.com)

batir

hornear

desmigar

compactar

formar

bañar

decorar

cake-pops de chocolate

cake-pops de fresa

Las cestas

Posteado por: Concha Huerta | 26/12/2010

Noche de Paz…

Listas, cajas, turrones,  espacios vacíos. Todo preparado para la gran noche. La familia se reúne por primera vez en veinticinco años. Las bodas. Los hermanos con nuevas familias tras los esponsales. La hija que cruzó los mares. Cinco hijos, once nietos, nueras, yernos. El hueco de los que faltan y el de los ausentes por un voto fallido.

El padre en la lejanía de un dormitorio que ya no comparte. La madre pintándose los labios con la mano izquierda. Voces en los pasillos. Trajín de cristales y lozas. El aroma del caldo con picadillo de jamón y huevo. A las nueve el primer timbre. La puerta se abre, una vez y otra. El hall se inunda de gentes que comparten la misma sangre. Saludos, abrigos, aperitivos. Cada uno deposita bolsas al pie del un árbol brillante. La noche más celebrada. Luces, voces y risas rescatando aquellas  noches en que la mesa permanecía casi vacía, los padres en silencio  ante la mirada de una niña que no comprendía  la enfermedad y la desidia.

Esta noche los más jóvenes comentan de estudios y trabajos. Planes de futuro. Los mayores entre copas y suspiros, qué guapa, qué bien te sienta el vestido. El paso del tiempo. Ley de vida. Entre ellos, una muchacha captura con su cámara las voces de familia que parecían lejanas.

Por favor, bajen el tono. Por el pasillo aparece Liliana tras la silueta encogida del padre con los ojos ensanchados por la sorpresa. Uno a uno los nietos se acercan, se presentan y le muestran su cariño. El mantiene los ojos perdidos en la gente que espera. Demasiados rostros. Silencio. El grupo se coloca alrededor de la mesa donde descansa el pesebre. A una señal se arrancan en un susurro.

Noche de paz, noche de amor, ha nacido el niño Dios.

Por un momento el hall se transforma en capilla.  Las voces ascienden por los paneles de madera y las escayolas doradas y envuelven la habitación en vibraciones sagradas.

Y los ángeles cantando están. Gloria a Dios gloria al rey celestial

El rostro del padre se relaja y de sus labios ajados brota un canto débil que se une a la melodía. Un canto que sorprende y sobrecoge a las generaciones entrelazadas en la sala.

Duerme el niño Jesús, duerme el niño Jesús.

La armonía se mantiene tres villancicos. Las voces se igualan en un solo cuerpo de una familia que abandona distancias y tristezas y devuelve a los padres sus caricias.

La madre declama con el brazo extendido sobre los hombros del hombre con quien compartió la vida. Al otro lado de la silla mecánica, una mujer dirige los cantos con el ritmo de sus palmas. Padre, madre e hija que transitaron entre dos vidas y consiguieron compartir este año la Noche Buena con la familia.

Noche de paz…

Le pido a Dios que no se termine nunca este canto.

Coro Fernando III de Añover de Tajo

Foto: C. Huerta

Posteado por: Concha Huerta | 20/12/2010

Estampas navideñas

Salgo con el reclamo de un cielo limpio tras dos días de lluvias. Los palacios se recortan contra el azul intenso de los carteles de las fiestas. En Madrid la Navidad se siente como en casa. El paseo está jalonado con esculturas invernales de los plátanos sin sombra hasta primavera, salpicados de bombillas. En el semáforo, un padre arregla el chaleco a una pastorcilla que le tiende los brazos sumisa. Tras una verja un belén de figuras gigantes escenifica la Natividad al son de cantos populares. Me sorprende un roble joven que conserva aún sus hojas doradas.

Me acerco al puente de Juan Bravo atraída por los cantos de la sirena de hormigón que Chillida suspendió en cables de acero. A su lado un bronce de Julio González y un proyecto de Palazuelo. Las esculturas salpican este vado transformado en museo. La luz juega con las planchas de Sobrino y transforma los poliedros de Leoz en decoraciones navideñas. Al fondo la guirnalda roja de Chirino tiñe el agua de alegorías mediterráneas. Ofrendas brillantes de la ciudad a sus paseantes.

Museo Arte Público. Estructura permutacional, 1972. Francisco Sobrino

Asciendo por una escalera de pizarra hasta Serrano, vestida de fiesta. Familias enteras recorren las aceras con bolsas y alegrías. Tras un cristal unos reyes de porcelana ofrecen al Niño oro, incienso y mirra. Algunos comercios acogen compras de última hora.  Yo aprovecho para comprar turrones y fruta escarchada. Al salir encuentro una pareja que camina entrelazada. Observo sus pasos acompasados que transforman sus cuerpos en una escultura viva. La mejor estampa para la Navidad que se avecina.

Fotos: C. Huerta

FELIZ NAVIDAD DESDE LA CAPITAL DE ESPAÑA.

Posteado por: Concha Huerta | 16/12/2010

Regalos de Navidad

Paseo por avenidas relucientes con el sol de diciembre que finalmente ha hecho acto de presencia. Gentes cargadas de bolsas transitan entre listas y destinos, haciendo malabarismos para conseguir el regalo perfecto. Siempre he creído que las Navidades eran cosa de los padres afanados en cristalizar algún sueño de esos pequeños seres que alegran la vida. Un tiempo donde nos transformamos en magos por un día.

Parejas paseando con carritos. Una convención de bebes aprovechan el buen tiempo. Observo sus rostros en miniatura, la dulzura del sueño de estos  jesusitos modernos. Dos madres se saludan. Cuanto tiempo, pues sí que esta grande tu niño, le darás el pecho, yo no pude. Que niña tan mona, clavada a su padre, tan redondita. Pues todos dicen que tiene un aire a su abuelaBueno me voy que al mío ya le toca la toma. Retrato de maternidad, el regalo de la natividad originaria.

Me cruzo con un joven que arrastra una cartera. Recién peinado y trajeado. Con una corbata chillona, regalo de otro año. No sé por qué a los hombres siempre les regalamos corbatas. El rostro encendido por la resolución ante el futuro. En silencio le deseo suerte. No le tocaron tiempos de abundancia. Pero sobre todo le deseo que no pierda la ilusión, el mejor regalo del hombre.

Bebes indefensos, madres apresuradas, jóvenes promesas y yo observándolo todo desde la lejanía de la tristeza. Me sorprenden los escaparates engalanados para atraer las ansiadas ventas. Mal lo llevan este año de escaseces. Y al atardecer las luces de Navidad que este año me parece brillan con menos fuerza. Como los ojos de mi padre que poco a poco se le hunden en el pecho. Me preguntan qué regalo quiero este año. No contesto. Porque ni siquiera puedo pronunciar mi deseo.

Foto: C. Huerta

ESTE RELATO FORMA PARTE DE UNA CADENA EN LA QUE POR INICIATIVA DE ANNE FATOSME VARIOS BLOGEROS TRATAMOS EL TEMA DE LA NAVIDAD. OS DEJO LOS LINKS SEGUN SE VAYAN PUBLICANDO:

EDUARD : “CUENTO DE NAVIDAD IMPROVISADO

ANNE FATOSME: NOCHE NO TAN BUENA

RUB: GALLETAS DE NAVIDAD

ERNESTO: NAVIDAD A DOS VOCES

PIPERMENTA: FANTASIA DE NAVIDAD

MICROMIOS: MI PAPA NOËL

NO ENTIENDO NADA: YINGÜELBELS

CHRIESELI: CENA PARA UNA NOCHE BUENA

JUANJO: VENTANA DE NAVIDAD

ZAMBULLIDA: DESTINO

CHARRADETAS: ORO, INCIENSO Y MIRRA

MINICARVER: LA MISMA NOCHE

CUENTO CHINO: TRES POLLOS Y UN LECHON

ARMA DE CASA: UN PALPITO EN LOS DEDOS

Posteado por: Concha Huerta | 13/12/2010

El monstruo de la fama

Llegamos al Pavilhão Atlantico con la cena en la boca. Marcello se equivocó de parada y llegó media hora tarde. Una carrera para nada. La gente se hartó de hacer olas hasta que pusieron un vídeo muy chulo en slow motion y apareció Lady Gaga. El concierto una pasada. No me extrañan los Grammy’s. Lo ha montado como si fuera una historia. La del Monster Ball, la “fama” que intenta devorarla tras el boom de su primer álbum, The Fame. Lady Gaga es una transgresora. Como Madona pero con mejor voz y más garra. Stafani Germanotta. No me extraña que con ese nombre se rebautizara Lady Gaga. Canta, compone, produce, baila y toca el piano. Que máquina. La tía es de hierro.

Cantó todos sus temas con nuevos arreglos, con guiños a Queen y a Michael Jackson. La gente se volvió loca con Just danceAlejandroPoker Face. Hora y media saltando y bailando. Y la ropa super chula. Siempre sin pantalones, con bikinis y cosas raras. Sacó un traje de monja transparente  y otro tipo Chalayan al que le salían alas. Todo lo que se inventa se pone de moda. En los cortes se enrollaba con el público, agradeciendo que nos gastáramos una pasta en las entradas, firmando autógrafos y hasta cantó un happy birthday. A sus fans los llama my little monsters, los freaks del mundo que para ella también son superestrellas. Lady Gaga sí que sabe subir la autoestima. Algunos del público hasta lloraban.

Tocó Speechless con un solo de piano. La tapa cubierta de fuego y hasta sacó una bandera portuguesa. Una pasada. Te la tienes que bajar a la iPod, es una de esas baladas que a ti te gustan. Empezó sentada, luego se puso a hacer yoga y terminó tocando con los tacones.  Menudo circo. Veinte mil voces desgañitándose. Te habrías muerto con el ruido. Y terminó con Bad Romance. Los bailarines hacían como que se perdían y aparecía un monstruo que intentaba engullirla. Lady Gaga se defendía cantando y bailando con toda la gente coreando. Del monstruo de la fama que la descubrió hace dos años.

Lagy Gaga. The Monster Ball Tour. 12 de diciembre Madrid. 16 y 17 de diciembre en Londres. 19  y 20 de diciembre París.

Posteado por: Concha Huerta | 09/12/2010

Nieve en Otoño

Otro día de otoño. Maletas desechas y vueltas a hacer. Los planes del puente desmantelado por el capricho de los controladores. Entro en los corredores que acogieron el viernes millares de esperas. Tras facturar atravieso una cola en espera de una radiografía. Unas manos ansiosas me palpan pecho y espalda en busca de amenazas. Recuerdo con nostalgia cuando volar no era un despropósito, cuando los viajeros no éramos terroristas potenciales, cuando mi vida era todo futuro.

Ocupo un banco rígido frente a una pantalla, «en el Aeropuerto de Barajas no se anuncian vuelos», y abro la primera página de Nieve en otoño, la novela de Irène Némirovsky que compré en la tienda del aeropuerto. Bueno, Yuyoska, adiós…- dijo asintiendo con la cabeza, como antaño-. Cuídate mucho, hijo.- Cómo pasaba el tiempo… De niño cuando se marchaba al instituto de Moscú, en otoño, subía a despedirse de ella en aquella misma habitación. De eso hacía diez años, doce años.

Diez o doce años. Cómo cambia la vida en una década. Me sorprende compartir reflexiones con Némirovsky, la autora de El Baile y Suite Francesa, yo esperando en un hangar ultramoderno, ella exiliada en el París de los años veinte. Retomo sus letras y recorro la mansión de los Karin con los ojos fieles de Tatiana. Brindo en el banquete de despedida de los jóvenes que parten para un futuro incierto. Paseo por el jardín cubierto de nieve, el paisaje de la estepa. Escucho el fulgor de la guerra y después, el exilio y la muerte.

Los pasajeros se colocan en fila frente al mostrador vacío. Una procesión impotente con la identidad diluida en un número y una letra. Las muñecas tatuadas de Auswitch, triste destino de esta escritora ucraniana. Alzaba la cabeza  y miraba la claridad del sol, que asomaba al otro lado del Sena: un fragmento de cielo blanco al final de la calle. A sus ojos, era una llanura nevada, como la de Surajevo. Avivó el paso deslumbrada por una especie de lluvia de fuego que le salpicaba los párpados. En sus oidos resonaban campanas. Y en los míos el rugido de las turbinas. Me aferro a las páginas de Nieve en Otoño con los ojos cerrados y el corazón en suspenso mientras mi cuerpo se eleva sobre sierras blancas en busca de su destino.

Nieve en otoño. Irène Némirovsky. Traducción del francés: José Antonio Soriano Marco. Editorial Salamandra. Barcelona 2010. 93 págs.

Posteado por: Concha Huerta | 07/12/2010

Kawabata’s room

(Post traducido por M. da Silva. Para leer en español pulsar. Tras los pasos de Kawabata).

«On a drizzly afternoon in Kyoto, sitting by the window, I watch the falling rain, listen to it’s calming sound.
It is here, at Hiiragiya, that I wistfully recall that sense of tranquility that belonged to old Japan.

Yasunari KAWABATA (Nobel Price)

Kawabata’s room at Hiiragiya-Ryokan

As I was telling you, I stayed at Hiragiya Ryokan, one of the oldest in Kyoto. The building is all wood and washi paper panels that slid soundlessly. The room had a sitting area and a private cedar bathroom. One of the walls looked out to the inner garden. The same garden Kawabata contemplated from the room next door. All the appliances had been covered with sewn cloth so as not to break the harmony. You can’t imagine the feeling of peace that it created. After relaxing in the ofuro, the traditional Japanese bath tub, you put on the yukata and waited for dinner. Afterwards they cleared the table and laid out the futon in it’s place.

Inner garden

The food was spectacular. Traditional breakfast and Kaiseki dinner, Japanese fine cooking. At seven pm sharp a kimono clad lady glided through the room and served you 11 dishes in carefully timed intervals. She would kneel to open and close the door and every time she placed something on the table. Always the same smiley face, the ultimate demonstration of omotenashi, the legendary Japanese hospitality. It felt more like a painting than a meal. Kaiseki is an art form that combines the flavours, textures and colours of each ingredient, always fresh, seasonal and local. The servings are small but filling. It was a pity to eat them!

Hiragiya Kaiseki

Appetizer (sakizuke)

Simmered Dishes (Nimono-Wan)

Sashimi (Mukouzuke)

Grilled Dishes (yakizakana)

Cold Dishes (Hiyashimono)

Middle Dishes (Oshinogi)

Simmered Dishes (Takiawase)

Rice (Gohan)

Pickles (Kou-No-Mono)

Dessert (Mizu-Mono)

Hiragiya Ryokan. Nakahakusancho, Fuyacho Anekoji-agaru, Nakagyo-ku,
Kyoto 604-8094, Japan. Phone:(075)221-1136 Fax:(075)221-1139

Posteado por: Concha Huerta | 03/12/2010

Desayuno en Tiffany’s

Hoy me levanté con el pie izquierdo. El frasco de colonia estalló en mil pedazos en los baldosines del baño. El olor me dio nauseas. No pude ni terminar las tostadas. El teléfono sonando con anuncios y ofertas. A quién se le ocurre llamar a las ocho y media. Y para colmo no pude abrir la maleta. Olvidé la contraseña y tengo el tiempo justo para terminarla cuando vuelva. El dentista me hizo esperar en la puerta tras cuatro pacientes envueltos en bufandas. Intenté leer para distraerme. Un libro olvidado en el bolso en mi último viaje.

A los cinco minutos desaparecieron las voces y el frio. Esperaba que el guarda revisara mi bolso antes de mi cita semanal con el bueno de Sally. Vestido negro y collar de perlas. Siempre llevo a Sing Sing mi mejor outfit. Esta mañana me costó arreglarme. No encontraba los guantes entre las maletas y el gato. Tampoco recordaba la fiesta. Ni las copas de Rusty, demasiadas. Recuerdo que me escabullí por la escalera hasta la ventana del vecino, es pobre chico encerrado frente a una máquina. Tan listo y tan entregado a cada una de mis palabras. No se enamore nunca de un animal salvaje. Ese fue el error de Doc. Siempre se llevaba a su casa seres salvajes… Es mejor quedarse mirando al cielo que vivir allá arriba. Es un sitio tremendamente vacío. No es más que el país por donde corre el trueno y todo desaparece.

Observo mi reflejo en el ascensor y descubro el rostro de Holliday Golightly, viajera, la Holly de Truman Capote. Los ojos grandes, un poco azules, otro poco verdes, salpicados de motas pardas. El cabello recogido en un moño alto. Las facciones luminosas y vivaces de una Audrey Hepburn de veinte años. Siento un mareo y un dolor extraño en el estomago. La resaca de anoche sin duda. El heredero perdido. Las cartas de Fred que no llegan. Y me doy cuenta de que me ha vuelto la malea.

Lo mejor será tomar un taxi e ir a Tiffany´s. Me calma de golpe ese silencio, esa atmósfera tan arrogante; en un sitio así no podría ocurrirte nada malo, sería imposible, en medio de todos esos hombres con trajes tan elegantes y ese encantador aroma a plata y billetero de cocodrilo. Si encontrase un lugar de la vida real en donde me sintiera como me siento en Tiffany’s, me compraría unos cuantos muebles y le pondría nombre al gato. (Truman Capote. Desayuno en Tiffany’s)

Desayuno en Tiffany’s. Truman Capote. Edición 50 aniversario. Anagrama. Barcelona 2010. 153 págs.

Breackfast at Tiffany’s dirigida por Blake Edwards. Con Audrey Hepburn y George Peppard. USA 1961

Posteado por: Concha Huerta | 30/11/2010

Jardines soñados del Thyssen

Atravieso un laberinto de hielo. El corazón en las sienes. El viento agrieta mis manos desnudas entre corredores yermos. Al fondo una puerta se abre a una estancia horadada de ventanas. Me asomo a la primera y descubro un vergel sobre un estanque de aguas claras. Copas y clorofilas tiñen de verde el espejo líquido. La brisa acuna espigas y matojos con manos cálidas. El golpe de humedad me reblandece el paladar sin aliento.

Paul Cezanne. El estanque en Jas de Bouffan, c. 1874

Tras la siguiente ventana un hogar rodeado de dalias rojas y gualdas. Las más codiciadas tras su viaje desde las Américas. Las flores se diluyen en bálsamos que restauran cada una de mis yagas. Dos chimeneas vigilan la danza de estratos y cúmulos. Mi alma se impregna de sabias y descansa sobre la turba. Una pareja camina entrelazada junto a la verja. Guardianes de mis sueños. Sus voces se confunden con murmullos de abejas y jilgueros.

Claude Monet. El jardín del artista en Argenteuil. 1875

Otra ventana. El sol se despide de la huerta con destellos naranjas. Los campesinos recogen sus pasos hacia el hogar compartido. Sigo el ritmo pausado de sus cadencias aspirando sabias de la campiña. Flores de azahar, eneldo, cebollinos y berzas. Sosiego. Geometrías de tierras ensalzadas por manos sabias. Alegría tras completar otra jornada de trabajo. El destino del hombre.

Armand Guillaumin. Camino de Damiette. 1885.

Tras la ventana más alta, un paraíso levantado entre muretes salpicados de azulejos del levante. El descanso del artista. Un rostro horadado de recuerdos frente a un caballete iluminado de verdes y violetas. El milagro de la luz y sus infinitos matices. La tarde extiende su manto sobre mis hombros y me inunda de belleza. El arte y la naturaleza en sintonía perfecta.

Joaquín Sorrolla y Bastida. Jardín de la casa de Sorrolla. 1920.

Abro los ojos y encuentro una habitación en penumbra. Al abandonar las sábanas mi cuerpo se estremece. El cielo congela escarchas tras los ventanales blancos. Los copos descienden en corros y se desvanecen en silencio. Me envuelvo en una manta y saludo al invierno con una sonrisa, recordando los jardines soñados que descubrí ayer en el Thyssen.

Jean Auguste Renoir. Mujer con sombrilla en un jardín. c. 1876

Jardines impresionistas. Museo Thyssen-Bornemisza. Fundación Caja Madrid. Hasta el 13 de febrero de 2011.

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