Posteado por: Concha Huerta | 29/06/2011

Casas de Boston

Me enamore de las casas de Boston, de sus fachadas rojas erosionadas por lluvias y enredaderas, de sus ventanas a tres alturas, testigos de conquistas y revueltas, de los pequeños jardines que embellecen sus puertas. Me pregunto cuantas manos habrán descorrido sus cortinas, cuantos pasos habrán resonado en sus escalones de madera. Cuantas historias encerradas entre sus muros de piedra. Me habría gustado habitar una de ellas, invitar a una tertulia a Paul Revere y John Adams, los padres de América. Estudiar los colores de Whistler y Sargent con Isabella Gardner, la gran mecenas de Boston. Comentar La letra escarlata con Amy Lowell, la editora de Poetry. Un sueño para otra vida.

Casa victoriana de Commonwealth  Avenue. Boston. Foto: C.Huerta

Posteado por: Concha Huerta | 27/06/2011

Boston en la niebla

Volvemos al hotel después de siete horas visitando Boston. Los pies doloridos. Las manos adheridas al paraguas. Una nube espesa y blanca se incrusta en los tejados de las casas coloniales. Frente a la Biblioteca, una torre de cristal se pierde en la niebla. La silueta solitaria que se repitió tantas veces en Fringe.

Por la mañana visitamos el Museo de Artes. Me sorprendió encontrar tantas obras de Sargent. Me quedo con las hijas de Bolt, cuatro niñas que parecen darse la vuelta y salir a jugar en cualquier momento. Me gustaron las cataratas de Morse, las colinas blancas de Twatchtman, los interiores de Hassam, impresionistas americanos que no conocía. Siempre me gusta descubrir artistas nuevos.

Por la tarde un paseo por Charles St,  con sus fachadas de ladrillo encarnado y sus mostradores atiborrados de chales, antiguedades y platas. En Upstairs Downstairs escarbé entre marcos tiznados de polvo en busca de algun paisaje para mi sala y de algun busto para la encimera.

A las ocho, una chuleta en Grill 23. La carne más sabrosa que recuerdo. La ternera se deshace en el paladar con notas de campo. Será por haber crecido en libertad en esas praderas siempre verdes. Ventajas de un clima húmedo. La carta comenta su compromiso ecológico. Merecida la fama de la carne de Boston.

El Liberty Hotel está muy concurrido. El hall transformó sus celdas en barras y los susurros de los condenados en charlas animadas. Los ventanales sobre el río Charles continúan opacos. Al otro lado se intuye la silueta de Charlestown a orillas del Mystic River de Clint Eastwood y The Town de Ben Afflec. La niebla sigue cubriendo Boston con su manto.

John Singer Sargent. Las Hijas de J. Bolt.

Chile Hassan. Flower Seller.

Charles St.

Grill 23. Boston. Fotos: C. Huerta

Posteado por: Concha Huerta | 24/06/2011

Camino de Boston

Abandonamos el calor y tráfico de Manhattan tras las puertas de Penn Station. Nos acomodamos en un vagón estilizado que serpentea por Connecticut. Primera parada Stamford. La vía transcurre entre casas coloniales y bosques. Que paisaje tan verde.  La naturaleza salpica las rocas de brotes imposibles.

El tren se balancea envolviéndonos con un ronroneo. La frente apoyada en la ventanilla, el cielo gris de tormenta. Los párpados se me cierran. Al fondo praderas de un verde intenso ensalzadas por el verano que estrenamos el martes.

Casas blancas. New Haven. Las fachadas inmortalizadas por Hopper. A la izquierda la costa dibuja lagunas esmeraldas. El hogar de Yale. Dos jóvenes en camisa y corbata se bajan cargando ordenadores y carpetas. Futuros gurúes de las finanzas, comentan acalorados sus exámenes.

Providence. Rhode Island. El anuncio me sobresalta. Mis ojos se desvanecieron entre las dos últimas paradas. Abro la guía de Boston y descubro los barrios que bordean el rio Charles, los parques rescatados a la autopista, la bahía de Massachusetts. Las tierras que en 1635 acogieron la Atenas de América. Una sonrisa. La ciudad se dibuja a lo lejos bajo un cielo plomizo que regala lluvias.

Rhode Island. Foto: M. da Silva

Posteado por: Concha Huerta | 21/06/2011

Nueva York en domingo

Domingo en Manhattan. Los coches se han sustituido por parejas que recorren mercadillos en busca de recuerdos. Las damas pasean caniches, el rumor de la ciudad se evapora hacia el Hudson. En la orilla un velero recorre las aguas tranquilas bajo el puente de Queensborough. Almorzamos en una de las mesas de Bill Telepan un brunch orgánico que restaura nuestras fuerzas. Un lujo en la metrópoli. Cruzamos hasta Central Park donde nos saludan las cabezas del horóscopo chino de Aii Weiwei, homenaje de la ciudad al artista detenido desde hace tres meses. Nos acomodamos en el banco de Granny Carol, regalo de unos nietos cariñosos en su ochenta aniversario, frente a la laguna. En sus aguas se ondulan los grandes edificios de la gran manzana. Nueva York es una delicia en domingo.

Central Park Pond.

Central Park.

Zodiac Heads. Ai Weiwei.

Circle of animals/Chineese zodiac. Fuente del Pulitzer. Nueva York.

Telepan. 72 W. 69th Street.  New York, NY 10023. Tel: (212) 580-4300

Posteado por: Concha Huerta | 18/06/2011

Mujeres en Broadway

Llego al Westside Theatre acalorada. Olvidé lo complicado de encontrar taxi en Manhattan a la hora del teatro. Encontré la sala fría. Como abusan del aire acondicionado en esta tierra. Menos mal que siempre guardo una pashmina en el bolso. En la platea cinco sillas. Las ocupan cinco mujeres vestidas de negro, elegantes y sofisticadas.

Comienzan a relatar anécdotas revestidas de humor e ironía. Del primer vestido de organza, de aquella falda perfecta, de pañuelo heredado de la abuela. Cada prenda se hilvana a un recuerdo. Cada recuerdo a una sonrisa. El ritmo recuerda a los diálogos brillantes de Cuando Harry encontró a Sally, mi película favorita de Nora Ephron.

Muy graciosa Emily Bergl, planteando el dilema de escoger entre tacones e inteligencia. Estupenda Julie Halston describiendo su fobia a los bolsos. Mordaz Ashley Morris enfrentada a un armario imposible. Voluptuosa Emme superando maridos y una mastectomía. Y qué decir de Susan Sullivan, la gran dama de Broadway.

Poco a poco sus rostros se transforman en los de Blanca, Patricia, Anne, Marta, Rox, Maca … y las butacas rojas en las blancas del mi casa donde compartimos otra tarde entre sonrisas y abrazos.

Emily Bergl, Emma, Susan Sullivan, AShley Austin Morris, Julie Halston

Love, Loss, and What I Wore. De Nora Ephron y Delia Ephron. Basada en la novela de Ilene Beckerman. Westside Theatre. 407 West 43rd St. NYC.

Posteado por: Concha Huerta | 17/06/2011

En Manhattan

Desayuno entre palmeras, lámparas de latón  y mármoles. Un reloj se alza al techo paneleado en salmones y dorados. Cruzo damas esculpidas en plata hasta las cien mil piedras brillantes de “La rueda de la vida”, el mosaico que Louis Regal diseñó para este espacio mítico. El Waldorf Astoria, un monumento a los años treinta. Mi hotel favorito en el corazón de Manhattan.

La ciudad nos recibe con un abrazo cálido. Las aceras salpicadas de macetas. Begonias, rosas y margaritas. Homenaje a la vegetación que Henry Hudson encontró hace cuatrocientos años cuando escogió esta tierra para acomodar a un puñado de soñadores viajeros. Mannahatta,  la exuberante «isla de las colinas», en lengua delaware, que transformaría el mundo en un latido  moderno.

Manhattan. Coctel de vermut y malta, personaje de cómic, universo particular de Paul Auster y Woody Allen. Impresionante galería de almas que transitan entre ilusiones, cultos y lenguas. Reconozco los rostros anónimos que dibujó con precisión Dos Passos en Manhattan Transfer, el mejor tributo a una metrópoli que exhibe con orgullo heridas y conquistas.

Atardecer sobre un cielo acristalado. Las luces encienden despachos y comercios. Taxis amarillos arrastran halos rojos entre ciclopes de hormigón y acero. Levanto la mirada y sonrío. Las cúpulas de Manhattan,  imagen añorada impresa en la retina en blanco y negro. En lo alto, el Empire State  me saluda con franjas brillantes, rojas, amarillas y rojas.

Foto: beautifulclouds

Posteado por: Concha Huerta | 14/06/2011

Pequeñas mentiras

Ayer llevé a Carmen al cine como cada lunes. Fuimos a ver una  película francesa al Palafox, a la planta baja. Carmen ya no está para escaleras. Llegamos de milagro. Estaba absorta en el teclado cuando me di cuenta que eran las siete. Pasé a recogerla a los quince minutos. Me sorprendió encontrarla arreglada, pero tuvimos que sentarnos cerca. Con las prisas se olvido del aparato.

La película estaba empezada. La quité la chaqueta a oscuras y le cambie las gafas. Cuando por fin nos sentamos una explosión  le arrancó un grito. Un camión envestía a una moto con un rugido. París en verano. Unos amigos se reúnen en el hospital. Son los amigos del herido. Le explico a Carmen confundida entre tanta mascarilla. El pobre está fatal y pensaban salir de vacaciones.

El viaje en dos coches, la casa de la playa, el barco. El anfitrión lleno de manías, el amigo que le confiesa un secreto imperdonable. La mujer histérica de lo ecológico. Cuando veo que Carmen se ríe me relajo. La dejo un momento y salgo a comprar un par de aguas. La de Carmen fría como a ella le gusta, la mía del tiempo. Al volver descubro cuatro parejas. Una pena. Ya nadie va al cine por las tardes.

De los actores reconozco a Marion Cotillard que me encanta. Interpreta a una joven con problemas de pareja. Uno de sus pretendientes aparece de improviso, saca una guitarra y canta. La melodía inunda la sala y sobrecoge. Puestas de sol, bancos de arena, remordimientos. Al cabo de media hora compartimos secretos con estos personajes tan lejanos, tan cercanos. Al encenderse la luz descubro los ojos de Carmen humedecidos de lágrimas. Le pregunto si le gustó la película. Contesta con voz entrecortada. Buenísima, buenísima. Cuanto me alegra verla así de entusiasmada.

Marion Cotillard

Pequeñas mentiras sin importancia. Dirigida por Guillaume Canet. Con François Cluzet, Marion Cotillard, Benoît Magimel, Gilles Lellouche. Francia 2010. Comedia dramática.

Posteado por: Concha Huerta | 11/06/2011

Puerta de Hierro

Mañana de sol, mañana de golf.  Recorro la avenida universitaria con asombro. Como han cambiado estos caminos desde mis días de aulas. Cruzo la calle y me adentro en una finca de árboles centenarios que bordean el Pardo. En la salida me espera Jesús con rostro risueño. Nadie diría que se levantó a las siete para coger turno. Mientras caliento los hombros alzando los brazos, Tito, mi anfitrión, golpea desde el uno y salimos.

Vados, colinas, riachuelos. Avanzamos por una espesura verde intensa. Se nota que la primavera fue de lluvia. Entre golpe y golpe, Jesús me cuenta azares de una vida dedicada al deporte. Una maravilla verle jugar con ochenta y tres años. Seguimos en silencio los vuelos de cada bola. Los de Tito y Jesús directos. Los míos saltando entre matojos y piñeros. Menos mal que Juan las encuentra. Su ojos de lince crecieron junto a estas lomas.

Tito juega de forma mecánica. Vidal le escoge el palo certero. Se coloca y realiza el mismo swing desde hace treinta años. Luego camina animado por la hierba. Me comenta que aunque este cansado tras una semana de trabajo no falta a ninguna de sus citas con los palos. Es el único modo de aliviar un cuerpo encerrado en un despacho. Antes les acompañaba Sonso, ahora comparte con Jesús anécdotas de publicaciones y viajes.

Yo me concentro en la morfología de cada hoyo. Para mí todo es nuevo. Lo que más me llama la atención son las vistas. Las calles de hierba se recortan contra el cielo coronado por la sierra madrileña. La brisa tan limpia, el silencio. Un milagro encontrar este paraíso en una ciudad en crecimiento. Algo que agradecer al club Puerta de Hierro como yo agradezco a Tito la oportunidad de conocerlo.

Real Club de la Puerta de Hierro. Hoyo 11.

Real Club de la Puerta de Hierro. Hoyo 2

Real Club de la Puerta de Hierro. Hoyo 6

Real Club de la Puerta de Hierro. Hoyo 18. Fotos: C. Huerta

Real Club de la Puerta de Hierro. Avda. de Miraflores, s/n – 28035 Madrid (España)
Tel.: 91 316 17 45 Fax: 91 373 81 11

Posteado por: Concha Huerta | 08/06/2011

Niñas del Camino

Almuerzo en una sala blanca rodeada de rostros de mi infancia. Rostos que desde hace años solo veía en mis sueños. Observo las pupilas iluminadas por el reencuentro, los cabellos brillantes, las manos tendidas con las que intercambié juegos y textos. Entre pastas y copas de vino las anécdotas reconstruyen un pasado olvidado, mi pasado.

Siempre me sentí un poco huérfana cuando alguien comentaba que acudía una comida del colegio. Me preguntaba que sería de mis compañeras del Camino. Las que perdí aquel verano que abandonamos Madrid entre maletas. Con Patricia y Gema coincidí a través de los años pero la locura del trabajo volvió a distanciarnos. Ahora el destino nos devuelve incluso a Odette que nos visita desde el otro lado del Atlántico.

Encontré a Gema en el aeropuerto, a Cristina en una galería, a Blanca en una terraza. A Marta y Macusa en facebook, no las veía desde aquel fin de curso. Sus voces me inundan con la energía de los quince años. Vuelvo a saltar con Blanca sobre el colchón de mis padres, a ensayar con Isa los pasos de la clausura, a admirar a Nuria corrigiendo a la profesora de matemáticas. Como si el tiempo se hubiera detenido frente a las escaleras del gimnasio. Dice Silvia que salió de la comida con una sonrisa que le duró toda la tarde. La mía durará toda la vida.

Mi colegio en primavera.

Posteado por: Concha Huerta | 06/06/2011

En la Feria del Libro

Mañana del Corpus. Rosa Moreno se despereza entre sábanas.  Las golondrinas la sorprenden tras la ventana. Termina de desayunar y se asea. Se ata un pañuelo a la cabeza y extrae uno a uno los volúmenes de la estantería de haya. Hacía tiempo que no los limpiaba. Los repasa con una balleta y los coloca sobre la cama que se va cubriendo de nombres. Faulkner, Neruda, McCullers, Camus, Baudelaire, Kawabata.

Encuentra una novela de Vargas Llosa. Un demonio medieval pisando una cabra, alegoría de Trujillo. La fiesta del Chivo. Unas palabras y una firma emborronan la primera página. Al leerlas un golpe de calor le enciende el pecho. El calor de aquel domingo. La columna interminable de cuerpos entre a casetas rebosantes de libros. La sorpresa del Nobel al escuchar el nombre para la dedicatoria. La vergüenza al confesar que era para un aniversario. El alivio cuando abandonó la fila con el trofeo envuelto en seda para Mario.

A Mario, con la amistad el autor. MVLL. 

La tarde en la cocina friendo las albóndigas que tanto le gustaban. El hojaldre en el horno adornado con reinetas y canela. El tráfico hacia el aeropuerto. Los rostros anónimos consumiéndola en ese vestido corto y estrecho. La llamada excusándose. Las lágrimas serpenteando sobre el papel de seda. Y las rosas marchitándose sobre la mesa engalanada al calor de la espera, como los recuerdos de Mario, un nombre sin rostro.

Feria del Libro de Madrid. Foto: C. Huerta

Feria del Libro de Madrid. Paseo de Coches del Retiro. Hasta el 12 de junio de 2011.

« Newer Posts - Older Posts »

Categorías