Amanece entre nubes. El sol se alza entre grisallas que convocan la lluvia de cada viernes de Pascua. Por un momento se revela encendiendo arbustos y cegando piedras. Al cabo desaparece cual niño travieso avergonzado por su osadía. Hoy no es día de brillos ni fiestas.
La mañana envuelta en brisa de invierno transcurre sin coches ni ruidos. Las gentes descansan, se recogen, rezan. Algunos aprovechan la fiesta para compartir amistad y familia. Para recordar a los ausentes. Otros, cargados de maletas, se embarcan en la aventura de conocer nuevas tierras.
La lluvia nos envuelve con su manto intermitente. El jardín se despereza tras una noche de luna y prepara sus raíces para recibir savia nueva. Hojas y hierbas recobran su pureza despojándose del polvo y las penas que atenazabas desde invierno. Un coro de aves celebra la primavera. Sonrío.






















