Posteado por: Concha Huerta | 23/10/2012

Gauguin en el Thyssen

1892. Paul Gauguin termina un lienzo en su cabaña de Papeete. Atrás quedaron hijos y esposa en las frías tierras de Dinamarca, los años dedicados a la bolsa, la decadencia parisina. Aquellos trazos que le llenaban las tardes han conquistado su mente de artista. A sus cuarenta y cuatro años vive por y para la pintura.

Amanece junto al calor de Tohotaua, su nueva wahine, se enjuaga el rostro en el arrollo cercano y admira la exuberancia de la naturaleza polinesia, un paraíso que su espíritu indomable anhelará hasta el final de sus días. El paraíso de sus propios orígenes. La vida primitiva.

Rebelde, amante de causas perdidas, Paul se siente hechizado desde su primer viaje a la Martinica por palmeras y frutas exóticas, ritos ancestrales, muchachas de tez morena y cabellera azabache, recuerdos quizá de su infancia en Lima. Verdaderas diosas de la fertilidad y la vida.

Obsesionado con  los orígenes del arte, busca tonalidades nuevas sintetizando relieves y perspectivas. Una huida del impresionismo que había revolucionado el viejo continente. Danzas circulares, muchachas tocando la flauta, animales sagrados, frutas del paraíso. Trazos sensuales que tanto influirán en artistas como Matisse, Klee o Kandisnky que tenemos la suerte de poder disfrutar en el Thyssen.

Paul. Gauguin. Dos mujeres tahitianas. 1899.

Paul Gauguin. Mujeres en la ribera del río. 1892

Paul Gauguin. Parahi Te Marai. (Ahí esta el templo) 1892.

Paul Gauguin. Mata Mua. (Erase una vez) 1892

Gauguin y el viaje a lo exótico. Museo Thyssen-Bornemisza. Madrid. Hasta el 13 de enero de 2013.

Posteado por: Concha Huerta | 19/10/2012

Entre nubes

Amanece diluviando. Cierro ventanas, luces y puertas. Nuno me espera en su taxi con un paraguas y una sonrisa. Camino de vuelta al aeropuerto. Las colinas de Sintra se pierden bajo un espeso manto blanco. La humedad se entrelaza a mis huesos. Menos mal que hay poco tráfico.

Aeropuerto, mostradores, megafonía. Una botella de agua y un bocadillo de queso. Fluorescentes. Rostros desconocidos. Prisas. Sillas de plástico. El avión que por fin se acerca. Viajeros malhumorados salen cargando maletines con ruedas. Nosotros en la sala esperamos nuestro turno.

Me siento en una butaca estrecha y dura. El bolso entre las piernas, las rodillas rozando la mesita. A mi lado se acomoda un hombre entrado en años. Su aroma me golpea con sarcasmo. Fuera, una luminiscencia ceniza de lluvia. Saludos, motores, despegue. Lisboa se encoge tras la ventanilla en un suspiro.

Cierro los ojos e intento abandonarme al sueño. Como envidio a los que consiguen dormir en los vuelos. Me arrebujo junto a la ventanilla. Las nubes se van deshaciendo sobre la meseta. Montañas sin relieve se cubren de verde oscuro, riberas azuladas serpentean a cámara lenta. Tantos viajes y todavía me sorprende pasear entre nubes.

Foto: C. Huerta

Posteado por: Concha Huerta | 16/10/2012

Luna nueva

Noche cerrada. El cielo extiende su manto azabache sobre tejados y aguas. Las fachadas escondidas. Las ventanas cerradas. El tiempo inunda tímpanos y anhelos que permanecen en barbecho. Un par de pisadas. Una puerta que se cierra. Contengo el aliento para inundarme de tus recuerdos.

Las noches frente a la pantalla. Los aromas de la sopa embriagando la sala. La mantita a cuadros. Nuestras manos enlazadas. Tus pupilas dilatadas entre pasos de baile y músicas. Nuestras favoritas.  Y al terminar tus cabellos iluminados por un aura plateada. La luna que hoy me falta.

Luna nueva. Me asomo a la ventana en busca de un trazo de esperanza. Pero esta noche la luna se oculta en los brazos de otros almas. Me pregunto si tu también la buscaras desde tu ventana.

Foto: C. Huerta

Posteado por: Concha Huerta | 12/10/2012

Una estrella en Loch Lomond

¿Cuál era ese restaurante que te gustó tanto en Glasgow, el de la estrella Michelin?

El de Martin Wishart en Cameron House.

Pero si estuve allí hace unos años en una boda y no me suena haberlo visto.

Lo abrieron hace poco. Martin Wishart, el famoso chef de Edimburgo, pensó que el entorno privilegiado de Loch Lomond era un lugar ideal para saborear con calma su cocina y se llevó a parte de su equipo.

¿Y qué tal la comida?

Fabulosa. Lo primero que nos llamo la atención fue la puesta en escena, los manteles de hilo, el servicio impecable. Todo un lujo en una ciudad que no conoce las servilletas de tela. Además el jefe de sala era español. Nos estuvo contando los pormenores de cada plato.

A mi la nueva cocina con tantas espumas y mezclas me resulta muy difícil.

Martin Wishart combina a la perfección la cocina francesa con los ingredientes más frescos. Probamos el paté de la casa, aterciopelado y suavemente dulce. El solomillo de cordero que evocaba aromas al pasto húmedo de las highlands y se deshacía de tierno. Una muselina de limón gloriosa, maridaje perfecto de cítricos y queso de cabra. Y de sobremesa unos bombones únicos, soplos de chocolate belga con toques de caramelo, pistacho y fresa. Cada plato valía su propia estrella.  No me extraña que Martin Wishart lleve trece años en la cima.

No digas más que se me hace la boca agua. Lo anoto para mi próximo viaje a Glasgow.

Ballotine de foie con praliné de almendras

Solomillo de cordero con sus verduritas

Muselina de limón con fruta de la pasión

Y los famosos bombones.

Martin Wishart. Cameron House Hotel. Loch Lomond. Telf. + 4401389 722504

Posteado por: Concha Huerta | 09/10/2012

Madrid, martes

De los lagos de Escocia a las fuentes madrileñas. Paseamos por el bulevar de la Castellana, muy concurrido con las temperaturas veraniegas.  Madrileños y turistas se echan a la calle en busca de alguna ganga. Comenzó la Feria del Libro Viejo y Antiguo.

El Palacio de Correos reluce como una postal con el sol que poco a poco se esconde en la Gran Vía. Los transeúntes aprovechan para capturar su retrato con este fondo magnífico. Quizá la imagen más carismática de nuestra ciudad más allá de nuestras fronteras.

Un grupo espera en la fundación Mapfre para admirar los diseños de Gaultier, el genio francés que nos visita desde el jueves.  Delante, el Thyssen nos recibe con las puertas abiertas. Celebra su veinte aniversario con una exposición de Gaugin que comienza esta mañana.

Subimos hacia Las Cortes iluminadas por el ocaso frente a la mirada atenta de Cervantes, guardián de nuestra lengua. En el Hotel Palace visitamos el pequeño museo de curiosidades y nos acomodamos en una mesita ovalada. Nada mejor que un té bajo la cúpula para celebrar su centenario.

Plaza de Cibeles. Madrid

Plaza de Las Cortes. Madrid

Hotel Palace. Madrid

Cúpula del Hotel Palace. Madrid. Fotos: C. Huerta.

Posteado por: Concha Huerta | 05/10/2012

Postales desde Escocia

Llevo tres días en Madrid y todavía no me acostumbro al bullicio de gentes en las calles, al ruido de coches y operarios, a este sol brillante que me ciega. Un sol que recorre impertérrito nuestras fachadas y aceras, tan opulento al mediodía, tan venerado en las tierras altas envueltas en constantes brumas.

Paseo en mangas de camisa buscando direcciones y retomando la vida tras los vuelos que nos separaron tantas millas. Desayuno, me siento en el despacho, escucho voces que requieren mis respuestas como una autómata. Al anochecer, busco tu voz en cada rincón de la casa, blanca, vacía y escucho los pasos de la vecina esperando que tu puerta se abra y me sorprendas con tus sonrisas.

Las sonrisas que compartimos en Glasgow, aquellos días de descubrimientos y proyectos, de paraguas y frío, de guisos de cordero y pescado frito. Aquel fin de semana en el lago, de colinas salpicadas de ovejas, de nubes opulentas, de troncos envueltos en musgo, de castillos sacados de postales antiguas. Unas imágenes que me arrebatan el corazón y encienden mis recuerdos.

Loch Lomond. Escocia. Fotos: C. Huerta.

Posteado por: Concha Huerta | 02/10/2012

Octubre en Loch Lomond

Aguas transparentes. Nenúfares en la orilla. El cielo imponente cargado de nubes plomizas. Mis ojos se humedecen en la despedida. La lluvia intermitente sacia troncos y helechos en una comunión que aúna tiempos y leyendas.

Tras la lluvia un pedazo de añil enciende troncos y ramas de castaños y robles vestidos de oro. Tu sonrisa recorre de un lado a otro mi tristeza. Sobre la copa danzas de cobre y lágrimas, los restos de la sabia que el otoño reclama.

Esplendor de otoño. Una imagen que escapa a las palabras. Melancolía. Tu voz se desvanece entre chorros de lluvia fina. Tus ojos, el arcoíris que entrelaza lago y pradera tras la lluvia. Aun no me he marchado y ya siento tu falta.

Loch Lomond

Rastros de tormentas. Loch Lomond.

Otoño. Candem House. Loch Lomond

 Arcoíris sobre Loch Lomond. Fotos: C. Huerta

Posteado por: Concha Huerta | 28/09/2012

Glasgow Boys

En los años que precedieron a la primera guerra mundial Glasgow se convirtió en el centro de las vanguardias culturales sobre todo por los artistas que colaboraron con Charles Rennie Mackintosh, el arquitecto y decorador que sorprendió a Europa en los primeros años del s xx.

Dentro de este grupo de jóvenes artistas, destacan los pintores Gurthie,  Walton, Lavery, MacGregor y Paterson, conocidos como Glasgow Boys, influenciados por la admiración de Whistler por Japón, por realismo social Lepage y enfrentados a los cánones clásicos de la Royal Scottish Academy.

Los Glasgow Boy introdujeron un estilo que combinaba sus raíces celtas con el arte japonés en una ciudad en ebullición gracias al boom económico que vivía su industria. Sus pinturas de vivos colores y mirada limpia merecen una visita al museo de la Universidad para conocerlos. Todo un descubrimiento.

James Gurtie. A Hind’s daugter

Arthur Walton. The old ash tree

James Paterson. Craiggenputtock

Sir John Lavery. The goose girls

Posteado por: Concha Huerta | 26/09/2012

Soñando con Mackintosh

Amanece con el cielo cargado de nubes. Me armo de plumas y paraguas y me aventuro por las calles del este hasta la Universidad de Glasgow y su museo. Una colección de un millón de objetos de arte y ciencias iniciada por el gran humanista William Hunter.

Tras unas puertas blancas, la entrada al hogar de Charles Rennie Mckintosh reconstruido cuando se derribo el 78 de Southpark Ave en los sesenta. No puedo creer que este recorriendo los pasillos lacados que Mackintosh transformó en icono del Art Noveau en1906. Con sus paneles salpicados de policromías y acuarelas de Margaret, su eterna compañera.

Poder acariciar los altísimos respaldos de las sillas imaginadas por Charles para dotar de  intimidad a los salones de té de su amiga Catherine Cranston. Descubrir los secretos del dormitorio que compartió con Margaret aquellos años buenos antes de la Gran Guerra. Decorado con rosas y palomas. Inundado de luz y naturaleza.

En casa de Mackintosh. Un viaje al pasado más original y brillante de Glasgow, patrimonio de la cultura a orillas del Clyde. Un sueño.

Sala de dibujo de Mackintosh. Hunterian Museum. Glasgow

Dormitorio de los Mackintosh. Hunterian Museum. Glasgow.

C.R. Mackintosh. Silla para The Luncheon Tea House. Glasgow

Posteado por: Concha Huerta | 22/09/2012

Otoño en Glasgow.

Dejamos Madrid con su tráfico, sus protestas y sus treinta grados y, tras dos vuelos, llegamos a Glasgow. Un alivio salir del aeropuerto y encontrar el campo tan verde y luminoso. Igualito que en Barajas.

Lo primero que nos llama la atención es la temperatura, diez grados y un viento que corta el resuello, eso sí, limpísimo, de las Highlands. Parece que ha estado lloviendo. El taxista nos saluda con su inglés cantado. Cuesta un poco comprenderle pero es muy simpático.

Dejamos las maletas en el hotel y salimos a dar un paseo. Descubro un pequeño anticuario que vende plata Decó a buen precio. Primera alegría del viaje. Continuamos hacia Buchanan St. con sus tiendas y edificios victorianos, llenas de jóvenes en pantalón corto y melenas rizadas. Glasgow es una ciudad de estudiantes.

Anochece. El cielo se tiñe de naranja y enciende las torres de Glasgow con resplandores dorados. Bellas imágenes para un primer día de otoño.

Buchanan St. Glasgow

Fachada victoriana. Glasgow

George Square. Glasgow. Fotos: C. Huerta

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