Posteado por: Concha Huerta | 27/10/2011

Té a las cinco

Atardece entre frío y lluvia. Me refugio en la cocina con un té y unas galletas saladas. Cierro los ojos y por un momento me traslado a una butaca del Foyer frente a una taza de porcelana blanca y un carrito de plata. El primer sorbo me acaricia el paladar y tamiza el estómago abandonado desde la mañana. El segundo me despeja las sienes, el tercero me devuelve al cielo de los años veinte. Los alegres veinte del Claridge’s.

Copas de champán entre orquídeas y columnas de mármol. Murmullos de porcelanas y cucharillas de plata. Un violín tararea melodías de Cole Porter junto al piano. En las bandejas, huertas y granjas atrapadas en panes tiernos. Mantequilla batida y scones crujientes que se deshacen en el paladar como nubes pasajeras. Un camarero se acerca y sirve otra taza con el punto de leche perfecto. El té de las cinco. Un ritual que se renueva cada tarde en los salones del Claridge’s. Un recuerdo que atesoro en mis tarde de invierno.

Té en el  Claridge’s.  Brook Street. Mayfair. London W1K 4HR. Tel: 44 (o)20 74096307. Tea Guild Award of Excellence 2010, 2009, 2008, 2007

Posteado por: Concha Huerta | 24/10/2011

Lluvia tras la ventana

Hoy me he levantado cansada. Me muevo a cámara lenta. Preparar el desayuno me ha costado un esfuerzo supremo. Siento en el pecho los latidos de un corazón agotado de tristezas. Repase los titulares del periódico, voces e imágenes demasiado lejanas. Observo la lluvia tras la ventana  azotando las hojas de la acacia resecas antes de volverse doradas.

Estaba tan ilusionada arreglándome para nuestra cita en el Retiro. Cómo me gusta recorrer sus senderos con las manos entrelazadas, compartir proyectos e ilusiones bajo sus robles y acacias. Disfrutar de cada minuto a tu lado, con tiempo, sin prisas, como cada mañana de domingo. He abierto los ojos y he descubierto que era un sueño de otros tiempos. Qué me encontraba entre sábanas húmedas en infinito silencio.

Hoy me he levantado entre lágrimas. Por los sueños que se escabullen en el alba, por las voces que se desvanecen en mi alma, por los recuerdos. O será quizá que tengo la tensión baja por la lluvia que finalmente nos regala sus lágrimas.

Lluvia en Madrid. Foto: C. Huerta

Posteado por: Concha Huerta | 20/10/2011

Postales desde Londres

En casa revisando el correo. Facturas, extractos, avisos. Qué pena, siempre espero una sorpresa. Se perdió la costumbre de enviar cartas y postales. Tengo un cajón lleno de imágenes del mundo con la trasera garabateada. Debería deshacerme de ellas pero no encuentro el momento. La vida se ha vuelto inmediata, si te acuerdas de alguien estés donde estés envías un sms y listo. A mí siempre me gustó recorrer quioscos en busca de la imagen perfecta para cada destinatario. Las más brillantes para la colección de mi sobrina, tendrá miles, los atardeceres para la tía Mamen, siempre tan romántica, las de flores y jardines para mi padre.

Os dejo unas cuantas del fin de semana pasado en Londres. Con textos y todo, faltaba más. Un pequeño juego. Para que veáis que también me acuerdo de vosotros cuando estoy de viaje.

Escogí apartamento por si vienes a vernos. Soñar es gratis.

Tú siempre tan elegante. Se te nota la sangre inglesa.

Con Dickens en la buhardilla del cuarto. Por aquí no pasa el tiempo. Te espero.

Intenté llamarte pero que quedé sin monedas. Un beso desde Londres.

Posteado por: Concha Huerta | 17/10/2011

Londres de otoño

Me despierto en una cama inundada de almohadas, debe de ser tarde, estaba cansada. La luz entra de dos ventanas laterales tras las que se perfila el cielo de Londres. Sonrío al recordar que llegamos el viernes a la capital británica. Noto la humedad en la piel agrietada por desierto madrileño. Sol y dieciséis grados. Otoño por fín, pero eso sí, fuera de casa.

Nos acercamos a Picadilly a ver la exposición que Royal Academy dedica a Degas y el ballet. Degas siempre me ha parecido un pintor enigmático, esa obsesión con las bailarinas,  jóvenes encorsetadas que danzaban elevándose en el espacio y el tiempo. Los trazos capturando el movimiento, las esculturas de cera, las escenas entre bambalinas.

Por la tarde un musical en el Novello. Jóvenes atrapados entre la familia y los deseos, sueños abandonados, una excusa para recordar algunas de las mejores melodías de los Gershwin. I got rhythm, Someone to wath over me.  Al terminar reconozco a Valentino aplaudiendo junto a un grupo de amigos. Imagino que Crazy for you le habrá devuelto buenos tiempos.

Encuentro Londres iluminada y brillante. Los parques vestidos de hojas doradas, la hierba alta.  Me acerco a Regent’s Park con la cámara. Recorro las fachadas Decó de la BBC y la academia de arquitectura hasta la plaza ribeteada de columnas blancas que descubrí a los veinte años, cuando estudiaba entre sus muros. Cuantos recuerdos. Qué bonita esta Londres vestida de otoño.

Royal Academy of Arts

Royal Institute of British Architects

Portland Place. Londres. Fotos: C. Huerta

Degas and the Ballet. Picturing movement. Royal Academy of Arts. Hasta el 11 de diciembre de 2011.

Crazy for you. Novello Theatre. Hasta julio de 2012

Posteado por: Concha Huerta | 13/10/2011

12 de octubre, 30 grados

12 de octubre, 10:30. Me sorprende el silencio de la mañana. Apenas el eco de unos cazas sobrevolando La Castellana. Quizás otro sueño. Desayuno despacio, necesitaba descanso. Abro el periódico y me sumerjo en editoriales que normalmente no tengo tiempo de revisar cada mañana. No sé por qué la vida en Madrid es tan apresurada.

12 de octubre, 1:15. Salgo a comprar el pan al supermercado del barrio. Está cerrado, no me queda más remedio que acudir al 24 horas. Me sorprende encontrar tantas familias en la calle. Los críos alzan banderitas alrededor de sus padres. Manolito, no me estreses. Dos jóvenes caminan envueltos en capas rojas y amarillas. A mi entre Rajoy y Rubalcaba, qué quieres que te diga. Claro, hoy era el desfile de las fuerzas armadas.

12 de octubre. 30 grados. Dos turistas se pasean en pantalones cortos y chanclas. Gafas oscuras, el plano desplegado, la botella de agua. Por un momento me parece estar en Roma en junio. Me acerco y les ofrezco ayuda. Sonríen. Creo que no me entienden. ¿Plassa de Colon? Les indico el camino. Me cuesta respirar, el aire está cargado de polvo y seguimos sin señales de lluvia. Para que luego digan que no hay cambio climático.

Plaza de Colón. Madrid. Foto: C. Huerta

Posteado por: Concha Huerta | 11/10/2011

Antonio López se confiesa

Estoy cansado. Han sido tres meses de locura desde que se inauguró la exposición del Thyssen. 60 años reunidos en dos salas, un atracón de tu propio trabajo. Si sobrevives a esto es señal de que puedes continuar. Pero estoy agotado. Llevo tres meses sin enfrentarme a un lienzo. El trabajo es como el hígado para el cuerpo, es el purificador. Me siento contaminado. Deseo que toda esta locura termine para volver a pintar.

Salí de la academia sin saber muy bien qué es lo que tenía que pintar. Estaba fascinado con Grecia, con la escultura. Trabajábamos con un modelo y un maniquí. Una práctica que ensayé con mis padres, los modelos que tenía más cerca.  El hogar es el lugar más importante de la vida. Dibujé también a cuatro jóvenes de Tomelloso, una para mí y tres para mis amigos. Y ahí descubrí mi propio espacio, las terrazas, el sol, la ciudad.

Madrid me costó bastante. Durante años mi estudio fue mi propio escenario. Dibujaba con luz artificial los rincones secretos, prohibidos para los demás. Unos cuadros que están rematados hasta el límite de lo que puedo hacer. Luego comencé con las vistas de Madrid. La gran ciudad iluminada por el sol. No me gustan los contraluces. En verano el sol ilumina las paredes del norte. Es algo excepcional. Para mí es un trabajo fácil. Me cuesta más trabajar con personas.

Conseguí que una estudiante de Bellas Ates posara para un busto. Trabajé con una fluidez como hacía tiempo. Solo tuve que plasmar lo que la figura emanaba, elegancia, intensidad. El rostro alzado que expresa el asombro ante la belleza del mundo. La escultura me está dando muchas alegrías. La experiencia de trabajar con modelos es algo que todo el mundo debería de sentir. La intimidad. El regalo de la cercanía de un árbol, ver como amanece enfrente suyo, resulta inolvidable. 

A menudo paseo con mi mujer hasta Atocha y encuentro el regalo más grande de mi vida, las cabezas de mis nietos. Los niños me fascinan. No me enteré mucho de la paternidad demasiado ocupado en mantener a la familia, pero he disfrutado de mis nietos con una intensidad única. Para mí esas cabezas son como flores en el jardín de la vida.

Las flores son difíciles de retratar. Como aquella que tenía mi madre en Tomelloso que solo se abría de noche.  La dibujé al amanecer mien tras se cerraba ante mis ojos, en quince minutos. He descubierto que todos tenemos dentro un pintor rápido. A través de los años he desarrollado la paciencia. En realidad somos más de una persona aunque te acostumbras a ser solo una.

Los veranos en la Gran Vía era violento trabajar a pie de calle. Tenía media hora para conseguir el tono perfecto. Cuando el sol se alzaba sólo podía dibujar líneas de fuga. Durante siete veranos. Si algún día se estudian los pigmentos se encontrará la contaminación incrustada en el lienzo. En mi último cuadro de Madrid, la ciudad se transforma. Intento hacer algo no objetivo. A mí me ha costado siempre aceptar el mundo como es. Decidí convertir la realidad en una escultura enorme, quitando la atmosfera, el aire. Siento que hay una parte en mí que aún tiene que salir. (Antonio López. Memoria viva del arte español. Conferencia en el Reina Sofía. 5 de octubre 2011)

Antonio López. Mis padres. 1956

Antonio López. Taza de water y ventana. 1968-71

Antonio López. La mujer de Coslada. 2010

Antonio López. Día y noche. 2008

Antonio López. Vaso con flores y pared

Antonio López. Gran Vía (1974-81)

Antonio López. Madrid desde Vallecas (1997-2006)

Antonio López. Memoria viva del arte español actual. Ciclo de conferencias del M. Reina Sofía. Octubre-noviembre 2011

Posteado por: Concha Huerta | 08/10/2011

El sueño de Anne

Reencuentro. Abrazos. Una sonrisa. Anne me regala emocionada su primera portada. Su mano se extiende mientras los ojos se le iluminan. Unos ojos siempre alegres e imantados de vida. Los ojos de una niña que se enamoró de la naturaleza en Normandía, la tierra de sus ancestros. De la naturaleza y sus criaturas. Naturaleza, pasiones, lluvia.

Agua, solo quería ser agua

La lluvia que tu rostro recorría

La gota, que en la comisura de tu boca,

Se tambaleaba, se detenía y se perdía.

Me sorprende la valentía con que Anne maneja la lengua que tanto a mi me cuesta.  La fuerza con que florecen sus metáforas, la sencillez de sus versos cuya cercanía traspasa.  Anne construye una voz que enfrenta la pérdida con un abanico de colores y recuerdos que navegan entre dos aguas, castellanas y francesas. Una elegía sentida que arranca el aliento.

Prisionera del tiempo,

Palpo tu huella,

Moldeo tu rostro,

Tu frente, tu nariz,

El hueco de tus mejillas,

Tu boca. Mis labios tiemblan,

Deseo de volver a ser besados

Por tu cuerpo entero en la orilla de la cama. 

Termino el soliloquio de Anne con la emoción de una compañera de armas. Reconozco el saber hacer que desde hace casi tres años nos regala en la nube. Los  relatos brillantes de una francesa afincada en Madrid como ella se define. Y tras el silencio en blanco y negro deseo que pronto podamos compartir otro de sus sueños.

Soliloquio en blanco y negro/ Soliloque en noir et blanc. Anne Fatosme. Visión Libros. Madrid 2011. 85 págs.

Para los que queráis conocer el blog de Anne os dejo su enlace. http://annefatosme.com/

Posteado por: Concha Huerta | 06/10/2011

Despidiendo a un genio

Quiero recordar hoy las palabras de un visionario que transformó el mundo con una energía e imaginación interminables. Steve Jobs nos deja, pero su espíritu inigualable forma ya parte de nuestras vidas. Desde aquí un pequeño tributo a un gran hombre.

Recordar que moriré pronto constituye la herramienta más importante  que he encontrado para tomar las grandes decisiones de mi vida. Porque casi todas las expectativas externas, todo el orgullo, todo el temor a la vergüenza o al fracaso todo eso desaparece a las puertas de la muerte, quedando solo aquello que es realmente importante. Recordar que vas a morir es la mejor manera que conozco para evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder. Ya estas desnudo. No hay ninguna razón para no seguir tu corazón.

(Discurso de Steve Jobs en la ceremonia de graduación de la universidad de Stanford. Junio 2006)

Posteado por: Concha Huerta | 03/10/2011

Juanjo en el Ateneo

Tarde de sábado. Las gentes inundan la calle del Prado. Encontramos el Ateneo revestido de telas rojas. Casa Decor se coló por sus pasillos, como se cuela una corriente incesante de madrileños ansiosos de visitar el hogar de la cultura. Entramos en fila en una sala recién inaugurada. Un puñado de imágenes realza sus paredes recién pintadas.

Una joven ladea su rostro ajena al trasiego de gentes que la observan. Una mujer devuelve la mirada desde el fondo de un vagón del metro en hora punta. Su mirada sobrecoge. No sé si por su tono desafiante o por la sensación de aislamiento que transmite. Qué bien captura Juanjo Fernández la soledad del hombre en blanco y negro.

En la sala del fondo dos jóvenes comparten asientos en un tranvía turco. Ella concentrada en la lectura, él con la frente apoyada en la ventanilla. Tan cerca, tan lejos. Y al lado una pareja une sus labios en un abrazo. A la salida la imagen de un presidente en su despedida. Los ojos caídos, el rostro agrietado por el destino. A su lado un mendigo nos regala una sonrisa de niño. Magníficos contrastes que transforman la cámara de Juanjo Fernández en poesía.

Juanjo Fernández. Rumanía 1989

Juanjo Fernández. Vivimos como soñamos: solos. Espacio Prado. Ateneo de Madrid. Calle del Prado, 21. Hasta el 16 de octubre.

También se puede conocer la obra de Juanjo Fernández en su blog Desde tu ventana.

Posteado por: Concha Huerta | 30/09/2011

Nocturnos

Vuelvo a casa acalorada, el verano se resiste a abandonarnos. Descanso un momento con las piernas en alto. Al levantarme los muebles danzan sobre ondas marinas. Me recuesto sobre la almohada intentando alejar el fantasma de la nausea y me concentro en el sonido de un piano romántico. María João Pires interpretando un Nocturno de Chopin. El mejor remedio para restaurar el equilibrio.

1836. París, ciudad brillante, segundo hogar del compositor polaco. Clases, conciertos, las tardes con María. La melodía se multiplica en notas que revolotean sobre acordes ascendentes. Qué bien describe el piano las sensaciones de una tarde perdida entre las sábanas. La inquietud, los recelos, la impaciencia. Los acordes se apresuran y estallan en una cascada de sonidos encienden el alma.

Paso la tarde disfrutando de los Nocturnos de Chopin, el genio que interpretaba mazurcas con tres años. Imagino al joven Frédéric vistiendo su frac avellana en el piano de mi sala, rescatado del silencio de los principiantes. El rostro marcado por una tristeza plateada, los dedos ondulando sentimientos sobre las teclas blancas. Y en algún momento, entre compases y arpegios, reencuentro mi lugar en el espacio y el tiempo.

James A M Whistler
Nocturno azul y plata.- Chelsea 1871 © Tate

Fryderyk Chopin. (Zelazowa Pola, Polonia, 1 de marzo de 1810- París, 17 de octubre de 1849)

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