Posted by: Concha Huerta de Soto | 27/10/2016

Tres restaurantes en París

Quería recomendaros tres restaurantes que he descubierto el pasado fin de semana en París. Una brasserie gourmet escondida en un patio de Le Marais y dos restaurantes muy animados para cenar en el triángulo de oro de París, Yeeels y Matignon.

Brasserie Grandcoeur

El Chef argentino Mauro Colagreco, dos estrellas Michelin por su restaurante Le Mirazur en Mentón, dirige este espacio en Le Marais cerca del Centro Pompidou. La Brasserie, con una cocina más ligera que la de Mentón, se encuentra en el patio de varios estudios de danza con lo que la música nunca falta. El interior de muros picados y vigas vistas, ensalza  la antigüedad del inmueble. El servicio atento y eficiente.

Pedimos como entrantes setas salvajes salteadas con huevo, deliciosas, y paté de pintada, interesante e intenso. Después tagliatelle verdes con setas y piñones, muy cremosos, guiso de cordero, realmente sabroso y un secreto ibérico que se deshace en la boca. Se nota la calidad de la materia prima. Para terminar una tarta de chocolate exquisita. Nos apuntamos esta dirección para repetir en nuestra próxima visita.

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Brasserie Grandcoeur. 41 rue du Temple, 75004 París. 01 58 28 18 90

Restaurante Bar Yeeels

Sorprende la decoración a medio camino entre el New York de los años 20 y los salones parisinos, refinada y elegante. Nos sentamos a la mesa entre paredes de cristales en butacas de terciopelo, muy cómodas. La música que acompaña la cena mezclada en vivo por un Dj estupendo, nos hace vibrar en nuestras sillas. Empezamos bien la noche.

En la carta conviven ensaladas détox con pulpo con judías blancas. Probamos el foie gras, especialidad francesa por excelencia y el pastel de marisco, un acierto. Después salmón y bacalao fresco, sencillos y ligeros, y para acompañar un puré de patatas de sabor intenso. La mantequilla francesa le da un sabor diferente. Compartimos de postre una tartaleta de mango y fruta de la pasión deliciosa y una tabla de quesos exquisitos. Una cena animada y divertida. Todo un descubrimiento.

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Restaurante bar Yeeels. 24, avenue Georges V, 75008 París. + 33 1 42 88 75 75

Matignon

Llegamos a Matignon el sábado por la noche. Un grupo de gente muy chic espera a que atiendan su reserva. En el interior decorado por Jaques Garcia, un puñado de mesas pequeñas en tres salas abarrotadas de parisinos. La música que acompaña la cena nos recuerda que si se desea se puede bajar después al club para bailar en la pista.

Para comenzar pedimos la crema de calabaza cremosa y unos espaguetis de calamares tiernos muy originales. Me apunto la receta. Después una pechuga de campo a la plancha, muy ligera, ideal después de tantos excesos y un entrecot en su punto. Para terminar compartimos un eclair de chocolate gigante con un relleno muy conseguido. No sé qué disfrutamos más, si de la comida, la música o del panorama frente a nuestra mesa. Todo un estudio de sociología. Un broche de oro para un fin de semana especial en París.

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Matignon. 3 avenue Matignon. 75008 París. 33 01 42 89 64 72

Posted by: Concha Huerta de Soto | 24/10/2016

Domingo en el Sena

Domingo soleado. La fachada del Louvre reluce con un sol de primavera. Un puñado de turistas se hace fotos junto a la estructura de cristal que adorna el patio. Homenaje particular a la pirámide de Giza del arquitecto Leoh Ming Pei que cumple ya 25 años. Cruzamos el patio y bordeamos los jardines de las Tuileries. Apenas unas hojas teñidas de cobre. El otoño se hace esperar en París este año.

Cruzamos el Sena y paseamos por calles estrechas abarrotadas de anticuarios y galerías. Qué diferentes de los grandes bulevares del centro. En St Germain, algunas parejas pasean con el periódico en la mano y una correa en la otra, los parisinos adoran a sus perros. Los escaparates de marcas de decoración nos hacen soñar con un piso en esta zona. Algo complicado en una de las zonas más exclusivas de París. Pero soñar es gratis.

Más adelante los parisinos abarrotan la terraza de Les deus Magots donde pensábamos almorzar. Habrá que volver más tarde. Entramos en St Germain des Pres, la Iglesia más antigua de París, la primera de estilo gótico. El altar mayor está en reconstrucción así que recorremos las capillas laterales, testigos de 15 siglos de historia e innumerables avatares, incluida su reconversión en fábrica de salitre en la Revolución francesa.

A la salida, en la rue Bonaparte, encontramos un escaparate minúsculo abarrotado de cartas firmadas por Goethe, Diderot y Luis XIV, habrá que volver cuando esté abierta para descubrir más tesoros. Al llegar al Sena, paseamos despacio por la orilla soleada. Las aguas de un azul oscuro y transparente relucen bajo un cielo añil sin nubes. Qué bonito está París cuando no llueve.

Llegamos sin darnos cuenta a la las islas, con sus fachadas de seis alturas y la silueta inconfundible de Notre Dame de París al fondo. No puedo resistir la tentación de acercarme a admirar una vez más su fachada y las torres gemelas, máxima expresión del gótico, 850 años de historia que nos saludan con el tañido de sus famosas campanas. Nada más relajante que pasear en domingo por el Sena.

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Museo del Louvre

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Puente sobre el río Sena

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La iglesia más antigua de París. St Germain des Pres.

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Notre Dame de París. Fotos: C. Huerta

Posted by: Concha Huerta de Soto | 18/10/2016

Fin de semana en París

Viernes 15.30, estación de St Pancras. Embarcamos en el Eurostar en nuestro primer viaje bajo el Canal de la Mancha que nos deja en dos horas y cuarto en el centro de París. Muy cómodo. En el hotel, Mena y Sofía, que llegaron de Lisboa por la mañana, nos reciben con los brazos abiertos. Que ilusión que se hayan animado a compartir con nosotras este fin de semana.

Hacía mucho tiempo que no visitábamos París. Demasiado. Nubes, por veces lluvia. Los parisinos caminan deprisa por las aceras anchas. El sol se cuela entre las nubes y enciende las fachadas de piedra blanca. Al fondo la silueta majestuosa de la Ópera con sus dos esculturas doradas. Una imagen que nos traslada a otros tiempos, cuando rasos y terciopelos adornaban sus salas.

Giramos por el boulevard des Capucines hacia la plaza de La Madelaine. Sus columnas corintias celebran la grandeza de la armada napoleónica.  Descendemos por la rue Royale entre escaparates de lujo. En el patio de Le Village Royal descubrimos osos polares, leones y tigres, el diálogo entre instinto animal y la naturaleza humana de Orlinski, el escultor francés más cotizado del momento.

Sin darnos cuenta llegamos a la Plaza de la Concorde. Me vuelve a sorprender su tamaño, la más grande de París sin duda. Y su ubicación privilegiada. Entre La Madelaine y la Asamblea Nacional de norte a sur y el Arco de Triunfo y el Louvre de oeste a este. Nos hacemos unas fotos junto al obelisco. Al fondo la silueta de la torre Eiffel. Una imagen única.

Cruzamos a la Rue de Rivoli de vuelta al Louvre. A medio camino, una parada en Angeline, mi salón de té favorito de París. Un chocolate caliente con croissants y eclaires de chocolate. Los mejores que he tomado en años. Cuando volvamos a Londres nos llevaremos una bolsa repleta de ellos. En el hotel, un rato de descanso antes de la cena. Tenemos mesa en Yeels, uno de los restaurantes más animados de la noche parisina. El mejor broche para nuestro primer día en París.

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Ópera Palacio  Garnier. París

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Iglesia de la Madelaine. París

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 Detalle de la exhibición Nacido salvaje de Orlinski. Le Village Royal. Paris

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Obelisco Luxor. Plaza de La Concorde. París

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 Salón de té. Angelina. 226 Rue de Rivoli. París

Fotos: C. Huerta

Posted by: Concha Huerta de Soto | 09/10/2016

Ciencia contra la pobreza

Descubro este domingo un reportaje sobre Esther Duflo, una economista francesa que ha creado un laboratorio para diseñar nuevas estrategias en la lucha contra problemas globales. Cada párrafo que leo quedó más asombrada con la genialidad de esta profesora del MIT de 43 años que decidió de niña que la pobreza era «el único problema interesante sobre el que pensar»

Su trabajo, que le ha valido ya varios premios, entre ellos el Príncipe de Asturias en 2015 en Ciencias Sociales, no se centra en clichés para mejorar la vida de los más desfavorecidos sino en qué acciones tienen más impacto para resolver cada problema. Para ello creó en 2003 el Laboratorio de la Pobreza que hoy cuenta con 136 economistas que investigan y evalúan programas a base de pruebas aleatorias, como si fueran ensayos clínicos.

Si se ofrece 1 kilo de lentejas gratis a las familias, la tasa de vacunaciones se multiplica por 6; enseñar a cuidar una vaca a los que viven en pobreza extrema mejora considerablemente su situación económica al cabo de tres años. “Lo más efectivo y barato para que más niños vayan a la escuela es darles unas pastillas que les quiten los parásitos intestinales”.

Según la OMS 600 millones de niños están infestados con parásitos que les privan de nutrientes y les dejan demasiado cansados para ir a la escuela. El gobierno de la India, siguiendo sus recomendaciones, comenzó el pasado 10 de febrero un programa contra las lombrices nada menos que para 140 millones de niños. “No se trata de conseguir soluciones milagrosas pero si de comprender algunas piezas del puzle”.

Termino de leer el artículo llena de admiración y alegría. Los experimentos de Esther Duflo son quizá una de las mejores iniciativas que he leído en años para ayudar a resolver uno de los problemas endémicos de nuestro mundo. Una magnífica iniciativa que quería compartir con todos vosotros.

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Esther Duflo en una conferencia. Equivocarse, volver a probar, acertar. (Algunas veces)

Posted by: Concha Huerta de Soto | 30/09/2016

Cascáis septiembre

Paseo con los pies desnudos sobre la arena húmeda de La Duquesa. El cielo impoluto, las aguas mansas. Una brisa cálida acompaña cada uno de mis pasos. Sus rastros se desvanecen con cada golpe de agua. Un agua sorprendentemente templada. Al atardecer las aguas siempre son más cálidas.

Alcanzo un grupo de gaviotas que revolotean sobre surcos horadados en la arena. Confiadas levantan un vuelo corto a mi paso para volver a posarse en su bastión de la playa. En otoño, la playa libre de visitas, es su morada.

Continúo hasta las rocas al pie del muro que sostiene el paredao, que bordea la costa hasta más allá de Estoril. La marea está baja. Los cangrejos se ocultan en batientes de algas. Las olas se mecen con un vaivén armónico. El mar se expande y se envuelve en torbellinos de espuma.

Los últimos rayos de poniente tiñen de rosa el horizonte y las aguas. El alma se inunda de armonía, el corazón de calma. Una tarde más de septiembre, la última. Qué maravilla despedir el mes en esta playa idílica.

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Playa de La Duquesa. cascais. Foto: C. Huerta

Posted by: Concha Huerta de Soto | 21/09/2016

Hacia la paz interior.

Esta mañana comencé el día con una sonrisa. Con una no, con varias, siguiendo los ejercicios que aprendí este verano en Hacia la paz interior de Thich Nhat Hanh, monje budista exilado de Vietnam en 1966, cuyas enseñanzas sobre la respiración consciente y la importancia de los pequeños acontecimientos de la vida cotidiana en la búsqueda de la armonía, han dado la vuelta al mundo.

Encontré esta joya en mi tienda favorita de productos naturales y me la
lleve de vacaciones junto con 10 volúmenes cargados de historia, investigaciones policiales y aventuras. Dado su pequeño tamaño y poco peso, decidí llevarlo en el avión y no pude dejar de leerlo en todo el trayecto.

Llevo unos años estudiando temas de salud y búsqueda de la paz interior. He asistido a varios cursos de psicología del bienestar, estudiado medicina china, dietas personificadas como la del grupo sanguíneo o la ayurvédica y prácticas de meditación. La oferta es enorme. Resulta difícil seleccionar entre tanto título. La búsqueda de la paz y la armonía es uno de las aspiraciones vitales del ser humano desde el principio de los tiempos.

El camino es un proceso individual que varía según las experiencias de cada uno. Por eso todas las ayudas son bien recibidas. Lo primero que me llamó la atención de Hacia la paz interior es el título, que tan bien resumía mi búsqueda. La introducción del Dalai Lama fue toda una sorpresa. Increíble encontrar en sus bellas palabras las conclusiones a las que yo misma había llegado sobre este tema.

Solo se puede lograr la paz mundial a través de la transformación interna del individuo; es un proceso difícil pero es la única vía. Solo cuando el amor, la compasión y la generosidad germinan en el interior de un individuo, este será capaz de crear un ambiente de paz y armonía. Esta atmósfera puede ser ampliada y difundida del individuo a la familia, de la familia a la comunidad y finalmente al mundo entero”.

Thich Nhat Hanh nos enseña que la paz está presente aquí y ahora, en nosotros y en todo lo que hacemos o vemos. Lo importante es estar en contacto con ella. Somos muy buenos preparándonos para vivir pero no tanto viviendo. Pero no debemos olvidar que la paz y la felicidad están a nuestro alcance en cualquier momento. Respirar conscientemente nos acerca a ellas.

No hay mejor modo de comenzar el día que con una sonrisa. “Ser capaces de sonreír en nuestra vida diaria no solo nos beneficia a nosotros sino a todo el mundo”. Thich Nhat Hanh nos regala algunas técnicas que ayudan a concentrarse en el ahora y descubrir la alegría que forma parte de nuestras vidas.

A mí me gusta especialmente la respiración de la sonrisa. Consiste en inspirar repitiendo mentalmente, inspiro y tranquilizo mi cuerpo, y exhalar repitiendo, expiro y sonrió. A las tres veces de repetirla me siento llena de vitalidad y energía, de paz y alegría. Espero que a vosotros también os ayude.

Feliz Día Internacional de La Paz.

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Hacia la paz interior. Thich Hhat Hanh. Editorial Penguin Random House. Barcelona 142 págs. 2012.

Posted by: Concha Huerta de Soto | 14/09/2016

Irlanda en el National Theatre

Quería recomendaros la última obra que hemos visto en Londres. Para celebrar el centenario del Levantamiento de Pascua de 1916, El National Theatre ha puesto en escena una nueva versión de la épica El arado y las estrellas (The Plough and the Stars), la obra más famosa del dramaturgo irlandés Sean O’Casey. 

Estrenada en 1926, el título de El arado y las estrellas se refiere a la bandera del Ejército Ciudadano Irlandés (Irish Citizen Army), una milicia obrera fundada por el líder sindicalista y socialista James Connolly, que simboliza una Irlanda libre capaz de controlar su propio destino “desde el arado a las estrellas”.

La maestría de O’Casey está en el tratamiento de la trama. Captura perfectamente las contradicciones de las gentes que viven en la periferia de la historia. Mientras la rebelión se va cuajando a media milla de su edificio, un grupo disparatado de vecinos intenta continuar con sus vidas en una inteligente metáfora sobre la propia historia de Irlanda.

Lo primero que impresiona es la monumental puesta en escena. Soberbios decorados se transforman en humildes hogares, calles y bares donde transcurre la vida de una docena de personajes a veces egoístas, a veces cómicos, que al final se unirán por la tragedia.

El arado y las estrellas es una obra de mujeres. Judith Roddy borda a la esposa obsesionada con un marido más interesado en los ideales de la revolución que en la pasión marital. Estupenda Josie Walker como madre consumida por la muerte de su marido y la enfermedad de su hija, y sobresaliente Justine Mitchell como vecina amargada que termina dando la vida por la vecina más odiada.

Los personajes masculinos, un puñado de excéntricos que luchan por sobrevivir entre las penurias de la pobreza y las balas. Lloyd Hutchinson como el orgulloso tío de Nora, Stephen Kennedy como el explosivo Fluther y Tom Vaughan-Lawlor como el sobrino marxista, completan un trío esperpéntico que bien podría salir de una novela de Valle Inclán.

Aunque al principio me costó entrar en la obra, quizá por la dificultad del acento irlandés, a partir de la segunda escena me sentí completamente arrastrada a las calles del Dublín de 1916, a las tensiones y miedos de una época de revueltas sobre las que más tarde se edificará nuestra sociedad moderna.

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The Plough and the Stars de Sean O’Casey. (1926). Dirección Howard Davies y Jeremy Herrin. National Theatre de Londres. Sala Lyttelton. Hasta el 22 de octubre de 2016.

Posted by: Concha Huerta de Soto | 07/09/2016

En Bath

Llegamos a Bath entre lluvias. Desde que salimos de Paddington, el cielo se fue cubriendo de nubes altas que envuelven el valle entre los Mendips donde se alza esta bella ciudad balneario del suroeste de Inglaterra. Patrimonio de la Humanidad desde 1987, nuestro destino este fin de semana. De cuando en cuando el sol ilumina las fachadas georgianas esculpidas en la piedra crema autóctona de Bath, que se yerguen orgullosas entre el río Avon y las vías del tren.

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Atravesamos el jardín del hotel y bajamos la colina hacia el centro histórico, cruzando el parque Sydney cubierto de hierba fresca, con un verde increíble, entre troncos centenarios de cipreses y castaños. En las esquinas, grupos de cannas coronan composiciones de margaritas y begonias, con sus azafranes y fucsias, que compiten con las rosas en las decoraciones de la villa.

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Cruzamos Great Pulteney Street, con sus fachadas idénticas y portales enmarcados cancelas de las que pende una lámpara, que románticos, llegamos al puente de Pulteney, construido entre 1770 y 1774, siguiendo las líneas del Ponte Vecchio de Florencia, y uno de los cuatro únicos en el mundo con tiendas a los lados.

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Al otro lado nos espera el centro histórico, la Abadía de San Pedro y las termas romanas, lugar de peregrinación desde hace 2000 años. De Aquae Sulis, levantada por los romanos alrededor de las termas, apenas quedan los mosaicos y esculturas de los grandes baños y el templo de Minerva, uno de los dos únicos templos romanos que se conservan en Inglaterra.

En el exterior, la Abadía de San Pedro, levantada sobre una construcción renacentista que a su vez se erigió sobre la original medieval donde fue coronado el primer rey de Inglaterra. Lugar de culto de la Iglesia Anglicana, llaman la atención las hermosas vidrieras que la inundan de luz taimada y las decoraciones en abanico del techo victoriano que reemplazó al de 1700.

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Siguiendo Bath Street, llegamos a una construcción de cristal, que sobresale en entre las fachadas georgianas, que acoge las termas actuales, en funcionamiento desde el 2006 donde aprovechar los beneficios de estas aguas que manan naturalmente a 46 grados. En la azotea una impresionante piscina abierta desde la que se puede disfrutar una vista incomparable del cielo de Bath.

Continuamos el paseo por The Circus, la primera calle circular de Inglaterra con sus columnas dóricas hasta el Royal Crescent, construcción única que corona el parque Victoria. Joya de la arquitectura georgiana, está formada por 30 casas en círculo entre columnas jónicas. Entre sus puertas blancas nos parece entrever a Emma o Mr Darcy, imaginados por Jane Austen, que tantas veces recorrió estas calles hace ya 200 años. La casa museo en el 40 de Gay Street muestra su huella.

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Una parada en Clayton’s Kitchen para reponer fuerzas. La frescura y el sabor de entrante de cangrejo que compartimos y el risotto de pollo y la impresionante lubina que me presentan en una bandeja alargada nos sorprenden. Calidad, cocina de mercado y presentación sobresaliente. El mus de chocolate caramelizado que pedimos de postre, una delicia. La mejor mesa para terminar un día inolvidable en Bath.

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Lubina con verduras. Clayton’s Kitchen. Fotos: C. Huerta.

Posted by: Concha Huerta de Soto | 31/08/2016

Victoria

Quería recomendaros una serie que acaban de estrenar en Inglaterra. El lunes emitieron el segundo capítulo de una miniserie sobre la reina Victoria, que abarca desde su coronación a los dieciocho años hasta que se casa con el príncipe Alberto.

El sueño de Alejandrina Victoria se interrumpe en la madrugada del 20 de junio de 1837 cuando llegan a anunciarle que tras la muerte de su tío, el rey Guillermo IV, se ha convertido en reina. Joven, inexperta pero decidida a cumplir con su destino, Victoria, que reinara con su segundo nombre, encuentra el apoyo indispensable en el que será su primer ministro, Lord Melbourne, para evitar que se establezca una regencia.

Una relación tensa con su madre alemana, las intrigas de una corte constreñida de reglas demasiado estrictas para una joven menuda y despierta. La lealtad de un asesor que raya en la atracción desmesurada. En unos momentos me parece viajar al s. XIX y seguir de cerca a esta joven impetuosa que se convertirá en un icono del imperio británico y la primera emperatriz de la India.

Impresionante la ambientación, el vestuario y magnífico el casting, sobretodo Jenna Coleman como Victoria, a la que ya vimos en Dc Who y Rufus Sewel como Lord Melbourne, sin duda uno de mis actores británicos favoritos, en un papel que le va como anillo al dedo. Estoy deseando que llegue el domingo para ver el tercer capítulo.

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Jenna Coleman como la joven reina Victoria

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Rufus Sewell como Lord Melbourne

 

 

Posted by: Concha Huerta de Soto | 22/08/2016

17 medallas

7 oros, 4 platas, 6 bronces.

Terminan los Juegos Olímpicos y los deportistas españoles se vuelven a casa con 17 medallas, tras dos semanas de pruebas intensas midiéndose con los mejores del planeta. Tuve la oportunidad de seguirles desde la comodidad de mi sala y disfrutar cada uno de sus triunfos con aplausos y lágrimas.

Siete oros. Siete veces se escuchó el himno nacional en la piscina, la pista, el tartán o la piragua. Momentos que no vivíamos desde que en Barcelona 92 sonara 13 veces. La participación española este año ha sido muy equilibrada en géneros y medallas, ocho femeninas y nueve masculinas.

La delegación española no ha defraudado. De hecho nos ha hecho vibrar con cada una de sus pruebas. Algunos esfuerzos titánicos, como el oro en salto de Ruth Beitia, nuestra primera campeona olímpica de atletismo a sus 37 años, que dejó de entrenar en 2012. Para que luego digan que no valen las segundas oportunidades.

O el oro de Mireia Belmonte, la primera en llenarnos de alegría en los 200m mariposa y que consiguió otra de bronce en 400 estilos. Bravo Mireia. O el oro en bádminton de Carolina Marín, la única occidental en desbancar a las orientales en unos Juegos Olímpicos.Y el oro en dobles para Rafa Nadal y Marc López, que inundaron de lágrimas los ojos de nuestro abanderado y sus seguidores.

O las tres medallas de oro del piragüismo de Maialen Chourraut, Marcus Walz y Saúl Craviotto y Cristian Toro. Y la segunda para Saúl Craviotto de bronce en K1 200m. La plata de Eva Calvo en Taekwondo y el bronce de Joel González. Y la plata en 110 m vallas de Orlando Ortega. El bronce de Coloma en bicicleta de montaña y el de Lydia Valentín en halterofilia.

Por no hablar de la brillante actuación de las chicas de gimnasia rítmica, una medalla de plata que ha sabido a oro. O del equipo femenino de baloncesto sólo superado por el arrollador equipo norteamericano. Tambien estupendos los chicos de la seleccion de baloncesto que consiguieron el bronce.

17 medallas. 38 diplomas. Y en el recuerdo dos semanas de momentos vibrantes que nos llenaron de orgullo y alegría. A todos los que lo habéis hecho posible con vuestro esfuerzo y tesón desde esta página, mi más sincera enhorabuena.

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